Traducción del texto aparecido en la edición de agosto 2026 de The Lunar Observer
En un
texto publicado en el número de Marzo 2026 de esta revista (“Las primeras
observaciones de dorsa en la historia”) repasamos la historia de las primeras
detecciones de relieve lunar que hoy llamamos dorsa, desde indicios de registro
en Hevelius, su primer registro preciso en Schroter y los indicios de registro
de detalles de su relieve en el mapa de Willem Lohrmann. Eran registros
meramente observacionales, ya que la geología lunar estaba en su prehistoria:
prevalecía la teoría del origen volcánico de los cráteres, era cercano el
debate sobre la existencia de una tenue atmósfera, y se creía que la existencia
de agua en estado líquido era posible en tiempos no tan lejanos. Las primeras
hipótesis sobre el origen de estos gigantescos pliegues presentes en los maria
lunares se pueden leer en el clásico texto de Thomas Elger “The Moon” de 1895.
La explicación más aceptada en esa época era la John Phillps, se trataba de fenómenos aluvionales
similares a los “montículos largos, bajos y ondulantes, de origen algo
incierto, denominados «kames» en Escocia y «eskers» en Irlanda —donde, en la
llanura central baja, suelen presentarse como extensos terraplenes (compuestos
principalmente de grava) de laderas más o menos escarpadas— (…). Al igual que
las crestas lunares, se ramifican y presentan numerosas interrupciones en su
continuidad”. Las hipótesis para estas formaciones terrestres eran un
origen relacionado con antiguos glaciares (hoy sabemos que es la correcta) o
con antiguos depósitos submarinos. A estas hipótesis aluvionales, que implican
un pasado de agua y hielo en la Luna que hoy sabemos imposible, Elger agrega
muy sagazmente dos hipótesis de origen de los dorsa. La primera, su origen
volcánico: “«...su estrecha conexión con centros de actividad volcánica y la
gran cantidad de pequeños cráteres situados sobre su trazado o en sus
proximidades sugieren que están formados más bien por material exudado a través
de extensas fisuras en la corteza de los "mares" y en otras
superficies sobre las que se superponen». La segunda, relacionada con el
relieve de la zona: “es evidente que algunas son simplemente manifestaciones
externas de bruscos descensos del terreno —como ocurre con las crestas que
bordean el margen occidental del Mare Nectaris y en otros casos en los que el
hundimiento se traduce en formaciones que, aunque presentan el aspecto exterior
de crestas convencionales, poseen en realidad una naturaleza estructural muy
distinta”. Para Elger, el origen de los dorsa podía deberse a cualquiera de
estas causas. Hoy sabemos que la primera (aluvional) es imposible, pero la
segunda (origen volcánico) es minoritaria en el consenso científico (aunque
podría explicar algunos dorsa) y la tercera anticipa el descubrimiento de las
cuencas de impacto pocos años después.
La primera mitad del siglo XX fue, en cierta manera,
una época de estancamiento de la selenografía: “Walter Goodacre (…) podía
quejarse, durante la década de 1920, de que quedaban pocos estudiosos serios de
la Luna (…). Se percibe una sensación de rendimientos decrecientes a medida que
la selenografía se convertía en un ejercicio asintótico de agotamiento. Al
verse en la posición poco envidiable de «recién llegados» —y enfrentados a la
sensación claustrofóbica de que la frontera se cerraba, pues cada uno iba
agotando el abanico de posibilidades futuras—, los selenógrafos se dedicaron a
observar rasgos cada vez más pequeños” (“Epic Moon”, page 300). Se habían
agotado las posibilidades de la observación visual (única posible en esa época)
sin el marco conceptual que hoy gozamos. Es decir, faltaba teoría para ayudar a
la observación.
El advenimiento de la aventura espacial tuvo a la
Luna como su primer objetivo, pero los objetivos científicos a menudo se
subordinaron a la determinación de los lugares más seguros para alunizar. Sin
embargo, las sondas Lunar Orbiter fueron las primeras en suministrar imágenes
suficientes para formar un Atlas, que aún hoy es interesante. Esas imágenes,
seguramente, fueron las que sirvieron para los estudios pioneros sobre la
composición de los dorsa, como los de Luchitta (1976) Plescia and Golombek (1986)
y Aubele (1989).
IMAGEN 1
es parte del Lunar Orbiter Photographic Atlas of the Moon, es la Lámina 83 en
la página 132. Es una de las imágenes más claras de dorsa que allí se
encuentran, y vemos (marcado por flechas) que se puede distinguir la estructura
del arco, con la elevación que lo diferencia y separa de la superficie del mare
y la cresta que migra de un extremo al otro del arco.
Las
imágenes de Apollo fueron menos inclusivas, pero mucho más detalladas. Ya en el
mismo sitio de alunizaje de Apollo 11 se observaban dorsa como suaves
ondulaciones, incluso pueden verse dos que se cruzan (lo marcamos con la flecha
en la IMAGEN 2, de Apollo 11) No son muchos los dorsa que aparecieron en las
imágenes con iluminación frontal que son tan comunes en la misión Apollo (como
la IMAGEN 3, de Apollo 15) pero hay imágenes como IMAGEN 4 de Dorsum Heim
(Apollo 17), en las que podemos observar las características topográficas de
los dorsa con más detalle. Se ven las crestas proyectando sombra (un detalle
difícil de conseguir, marcado con la flecha ascendente de la izquierda) y
también las dos pendientes del arco: la empinada, por la que pasa el arco, y la
suave (que si prestamos atención tiene diferencia de elevación, marcada con las
dos flechas descendientes). La flecha ascendiente de la derecha marca una
cresta secundaria.
El grado
de complejidad de los dorsa que se ven en las imágenes de las Lunar Orbiter y
de las Apollo se corresponde con la teoría vigente: se pueden ver los dos
elementos principales y poco más. Luego de Apollo, la Luna dejó de ser tan
importante en la consideración de las agencias espaciales, tuvimos que esperar hasta
2011 por la difusión de las imágenes de la sonda japonesa Kaguya (de las más
hermosas que conozco). IMAGEN 5 pertenece a The Kaguya Lunar Atlas (Lámina 56,
en la página 115) y la iluminación oblicua de la cercanía del terminador
permite ver una multitud de detalles dentro de la estructura de los dos
elementos principales, arco y cresta. Ya no son los dorsa de las imágenes
anteriores, son mucho más complejos, con elementos topográficos que carecen de
denominación. No es menor la falta de un término adecuado para nombrar una
característica topográfica. El término es acuñado luego de comprobar que hay un
accidente que se repite en cuanto a sus características generales, y ayuda a
visibilizar el concepto, y a las observaciones posteriores, que saben que
buscar y registrar. Cuando Elger utiliza el término “ridge” en 1895 está
separando a los dorsa de otras elevaciones, cuando Aubele y otros pioneros
separan en componentes principales la estructura de los dorsa, podemos ver
fácilmente a ambos con pequeños telescopios. Como sucede en otros campos de la
observación lunar (como los domos), la observación por aficionados en
condiciones favorables de iluminación permite un grado de detalle mucho mayor a
las imágenes obtenidas previamente desde la órbita lunar. Y ahí comenzamos a
ver que hay dorsa que responden a la estructura binaria arco-cresta, mientras
que otros tienen una estructura mucho más compleja. Ya Elger, una vez más, fue
muy sagaz al mencionar en “The Moon” que hay dorsa como el famoso “Serpentine
Ridge”, que son muy complejos: “A
comparatively low power serves to show the curious structural character of this
immense ridge, which appears to consist of a number of corrugations and folds
massed together”. Como muestra del grado de precisión de nuestros observadores,
y de lo acertado de la descripción de Elger, podemos ver la IMAGEN 6 de Rik
Hill, contribución a la sección Focus On del número de Noviembre 2023 de
nuestra revista, destinada a Dorsa Smirnov.
En otro
número de The Lunar Observer (Julio 2025) propusimos una nomenclatura
(observacional y provisoria) para las estructuraras topográficas que se pueden
ver en imágenes como IMAGEN 6 en el interior del arco (“A proposed nomenclatura
for the dorsa (and a little philosophy of science)”). Estas estructuras
pequeñas, como elevaciones no tan empinadas como la cresta, comenzaron a
distinguirse en imágenes desde Tierra de aficionados, como las que solemos ver
en nuestra revista. Es, en cierta manera, un proceso análogo al que se refieren
Sheehan and Dobbins en “Epic Moon”, cuando comentan como los observadores no
registraban patrones obvios en la estructura de las cuencas de impacto, porque
no sabían de su existencia y porque el objetivo de la selenografía de la
segunda mitad del siglo XIX y de inicios del siglo XX apuntaba a registrar
detalles de la superficie cada vez más pequeños: “El hecho de que los
investigadores anteriores no reconocieran las cuencas de anillos múltiples como
un motivo recurrente importante puede explicarse por su prolongada obsesión con
detalles cada vez más pequeños (…). Los rasgos lunares de mayor tamaño se habían
observado durante tanto tiempo que se daban por sentados. La familiaridad
engendra indiferencia; se habían vuelto, por así decirlo, invisibles”. En el
caso de los dorsa, los estudios se orientaron primero hacia su estructura
general y su origen, luego a su distribución; pero no conozco estudios
descriptivos, por ejemplo, de un dorsum. Buscando lo general a veces no
registramos los detalles, que quizás esconden información valiosa.
Y otro
paso más adelante vino con la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter, que orbita la
Luna desde 2009. Así como las imágenes modernas de aficionados mostraron que
hay muchos dorsa que son más complejos que la estructura binaria “arco-cresta”,
las increíbles imágenes del LRO muestran detalles mucho más pequeños, como los
afloramientos de rocas en la cima de Dorsum Buckland que pueden verse en la
IMAGE 7, que tomamos del sitio web de la misión LRO, en el que leemos: “Las
grandes rocas que se ven aquí se encuentran en la parte superior de la cresta.
Hay otras zonas a lo largo de esta extensa cresta que presentan bloques
similares, pero en este punto también se puede observar lo que parece ser roca
madre aflorando por erosión (flechas blancas) (…). Es posible que estas rocas
se hayan desprendido por erosión del basalto fracturado que conforma la cresta.
Piénselo: si tanto las rocas como la cresta están compuestas del mismo
material, ¿por qué presentan un albedo más elevado? ¿O acaso tienen un origen
más complejo? ¡Sin duda, tanto el afloramiento más oscuro como las rocas más
claras serían objetivos fáciles de muestrear para futuros exploradores lunares!”.
A medida que nuestras imágenes se hacen más precisas, los dorsa (como todo en
la Luna) se vuelven más complicados y requieren más reflexión teórica. Y dentro
de poco tiempo, tendremos drones y rovers en la superficie transmitiendo
imágenes con detalles cercanos que ni soñamos. Por ejemplo, ¿cómo serán las
paredes de los dorsa vistas no a ojo de pájaro sino desde abajo? Seguiremos
buscando nuevas nomenclaturas para las maravillas que vendrán.
BIBLIOGRAFÍA
Bowker,
David-Hughes J. Kendrick (1971). Lunar
Orbiter Photographic Atlas of the Moon, NASA.
Braden,
Sara (2011). Buckland boulders. In: https://lroc.im-ldi.com/images/302
Elger, Thomas G. (1895), The Moon,
George Philip & son, London,
Motomaro,
Shirao-Wood, Charles (2011). The Kaguya Lunar Atlas, Springer, New York.
Sheehan
W. and Dobbins T., (2001), Epic Moon,
Willmann-Bell, Richmond.
IMÁGENES:
IMAGEN 1:
Lunar Orbiter Photographic Atlas of the Moon.
IMAGEN 2:
National Aeronautics and Space Administration (NASA). AS11-37-543. In https://www.lpi.usra.edu/resources/apollo/
IMAGEN 3:
National Aeronautics and Space Administration (NASA). AS15-93-12727. In https://www.lpi.usra.edu/resources/apollo/
IMAGEN 4:
National Aeronautics and Space Administration (NASA). AS17-155-23712. In https://www.lpi.usra.edu/resources/apollo/
IMAGEN 5:
The Kaguya Lunar Atlas.
IMAGEN 6:
RIK HILL.
IMAGEN 7:
NASA/GSFC/Arizona State University. LROC NAC M109141090L.







No hay comentarios.:
Publicar un comentario