La
Sociedad Lunar Argentina y la Liga Iberoamericana de Astronomía invitan a la
charla “Bases lunares. Antecedentes y perspectivas”, que se llevará a cabo en
la Biblioteca Popular del Paraná, Buenos Aires nº 256, el viernes 22 de
noviembre a las 19 horas. Se abordarán los puntos salientes relacionados con lo
que seguramente será el primer paso para la Humanidad fuera del planeta Tierra:
el establecimiento en el futuro de bases (permanentes o transitorias) en la
superficie de la Luna. Haremos referencia a proyectos históricos de bases
lunares, a los riesgos que afrontarán los humanos en nuestro satélite, al
estado actual de la tecnología relacionada y las posibilidades futuras, a los
proyectos internacionales de desarrollo de ideas, a las ubicaciones
selenográficas más convenientes y a la cuestión de la regulación legal actual y
venidera. Combinaremos historia, astronomía y astronáutica, con el espíritu
integrador que es la aspiración de la Sociedad Lunar Argentina. El disertante
será Alberto Anunziato (Coordinador de la Sección Lunar de la Liga
Iberoamericana de Astronomía y miembro de la SLA). La entrada es libre y
gratuita.
jueves, 24 de octubre de 2019
sábado, 19 de octubre de 2019
RHEITA E Y RÍO CUARTO: CRÁTERES OBLICUOS EN DOS MUNDOS
Traducción del artículo aparecido en la revista “The
Lunar Observer” del mes de octubre de 2019.
La explicación usual para el extraño cráter Rheita E
(66 kilómetros de largo por 32 kilómetros de ancho) es que se trata de tres
cráteres sobrepuestos que se habrían formado al mismo tiempo, ya que no hay
rastros de paredes internas, aunque verdaderamente sigue siendo un enigma su
formación. ¿Acaso podría tratarse de un cráter tangencial producido por un
impacto oblicuo? La geología planetaria señala como
características de un crater elongado las siguientes: bordes bajos en la
dirección del impacto y en la dirección contraria, crater de forma elíptica y
material eyectado concentrado en los costados, y cuando el impact es a un
ángulo menor de 5°, una parte significative del impactador puede rebotar en la
superficie y producir un segundo cráter elongado. Los fragmentos secundarios
pueden tener hasta la mitad del tamaño del impactador inicial y conservar gran
parte de su velocidad anterior al impacto, creando una fosa característica
formada por la decapitación del propio impactador y no por el material eyectado.
Cráteres elongados producidos por impactos rasantes
oblicuos han sido identificados, además de la Luna, en Mercurio, Venus y Marte,
pero nunca no en la Tierra, hasta 1989. En
octubre de ese año, el entonces Capitán
de la Fuerza Aérea Argentina Rubén Lianza, volaba un avión Pampa en los cielos
cordobeses cuando observó una depresión del terreno de forma peculiar, que se
destacaba de los campos cultivados que la rodeaban. El ahora Comodoro (R) había
descubierto una formación de varios cráteres de forma elíptica que indicaban un
impacto meteorítico tangencial miles de años atrás. Rubén Lianza es astrónomo
amateur, lo que lo llevó a percatarse de la importancia de lo que había
descubierto. A diferencia de la Luna,
privada de atmósfera, de clima y de placas tectónicas, en nuestra cambiante
Tierra son poquísimos los cráteres de impacto que conservan su forma. Y ninguno
de los cráteres conocidos tiene la forma elíptica que indica el impacto de un
meteorito a un ángulo muy cerrado, menos de 15 grados. El piloto de elite
argentino había descubierto los primeros cráteres tangenciales en la superficie
de nuestro planeta, e incluso posteriormente recogió in situ un fragmento
meteorítico del tipo condrítico. Dos años después una expedición científica
encabezada por Peter Schultz, de la Brown University, uno de los geólogos
planetarios más importantes del mundo, confirmaba el descubrimiento de los
primeros cráteres oblicuos en la superficie de la Tierra. El anuncio se hizo en
“Nature” en una comunicación firmada por Rubén Lianza y Peter Schultz en el
número del 16 de enero de 1992, seguida por publicaciones en “Planetary Report”
and “Sky and Telescope”. El placer de
observar Rheita E fue una ocasión propicia para recordar un cráter similar en
nuestro país, descubierto por un amigo. En la imagen tomada en una sesión de
observación de la Sociedad Lunar Argentina, también se observa el notorio
Rheita Vallis, que ha sido tradicionalmente interpretado como una cadena de
cráteres secundarios formada por material eyectado durante la formación de la cuenca
del Mare Nectaris.
Bibliografía:
Robert
Herrick and Nancy Forsberg-Taylor: “The shape and appearance of craters formed
by oblique impact on the Moon and Venus”. Meteoritics and Planetary Science 38.
Nr 11, 1551-1578.
Peter
Schultz and J. Kelly Beatty: “Teardrops in the Pampas”. Sky and Telescope,
April 1992, 387-392.
Peter
Schultz and Rubén Lianza: “Recent grazing impacts on the Earth recorded in the
Río Cuarto crater field, Argentina”. Nature, Vol. 355, No.6357, 01-16-1992,
234-237.
Name and location of observer:
Francisco Alsina Cardinali.
Name of feature: Rheita E.
Date and time (UT) of observation:
08-06-2019-23.21
Size and type of telescope used:
200 mm refractor.
Filter: IR-Pass 742nm
Medium employed (for photos and
electronic images): QHY5-I
miércoles, 16 de octubre de 2019
Llegó el segundo número de “El Mensajero de la Luna”
Aparece un nuevo número, el segundo, del
boletín de la Sociedad Lunar Argentina. Las actividades de la Sociedad Lunar,
Galería de imágenes de los socios, estudios selenográficos y las Crónicas
Lunares. Y nuevas Secciones. Galería Planetaria nos muestra las imágenes de los
planetas del sistema solar realizadas por nuestros socios. Luna de papel nos
trae la mejor literatura lunar. Y “Traducciones” ofrecerá al lector de habla
hispana una traducción exclusiva cada número de un texto de interés científico
relacionado con la Luna.
¡Esperamos ansiosamente sus
contribuciones!
Descargalo en:
jueves, 10 de octubre de 2019
UNA VISIÓN EXPRESIONISTA DE SCHUMACHER B
Traducción
del texto aparecido en la tapa de la edición de octubre 2019 de la revista “The
Lunar Observer”.
Name
and location of observer: Alberto Anunziato (Paraná, Argentina).
Name
of feature: Schumacher B.
Date
and time (UT) of observation: 08-18-2019
03.30 to 04:00.
Size
and type of telescope used: 105
mm . Maksutov-Cassegrain (Meade EX 105).
Magnification: 154X
A
colongitud 120.7º Schumacher B gana visibilidad por dos razones: su cercanía
con el terminador y las sombras que tapan completamente a su vecino más
importante, Schumacher. Me percaté que
estaba observando sombras que parecían muy alargadas pero que provenían de
paredes que no deben ser muy altas. Schumacher B es un cráter antiguo, casi
completamente inundado por lava. Solamente pude encontrar dos imágenes de este
poco conocido cráter secundario. Una perteneciente a la misión Lunar Orbiter y
la segunda a la misión Lunar Reconaissance Orbiter. Con esas imágenes pude
comparar lo que había dibujado con el ojo en el ocular, fascinado por las
sombras muy marcadas que parecían provenir de un viejo film noir de los años 40
con la verdadera apariencia de Schumacher B. Salta a la vista que aparecía más
ovalado a mis ojos de lo que lo que es en realidad. La pared oeste presenta dos
puntos más altos que aparecían más brillantes en sus cimas y son los que
proyectan sombras alargadas. A pesar de que las paredes parecen estar al límite
de la resolución de mi telescopio, las sombras eran claramente discernibles,
pero no en toda la extensión de la pared oeste. La pared este es más compleja y
las sombras son más planas, seguramente por el ángulo de incidencia de la luz
solar. Hacia el norte se observa un cráter secundario en terreno liso, su
interior es oscuro y sus paredes brillan como un círculo luminoso, por la
longitud de la sombra que proyectan deben ser altas. Y al sureste aparece un
cráter pequeño en las sombras, solamente visible por su pared este. En esa zona
las sombras de ese cráter parecen mezclarse con las que proyectan las
elevaciones que lo separan de Schumacher y del tramo sureste de la pared de Schumacher
B, interrumpido al norte y al sur por la lava que ha borrado los rasgos del
interior.
martes, 8 de octubre de 2019
CRONICAS LUNARES. UN CRÁTER DEMASIADO LEJANO
Publicado
el sábado 5 de octubre de 2019 en Diario Uno de Paraná, Entre Ríos.
Alberto Anunziato (Sociedad Lunar Argentina)
El
despegue de la misión Apolo 14 el 31 de enero de 1971 producía una gran
ansiedad en el numeroso público que asistía en directo y por televisión, en
números más grandes aún que los del Apolo 11. La casi tragedia del Apolo 13,
con los astronautas abortando el alunizaje y salvando sus vidas por milagro generaba
mucha expectativa: un nuevo desastre auguraba un abrupto final al programa
lunar. El despegue fue perfecto, pero los problemas surgieron en órbita lunar
(al intentar el traspaso de Edgard Mitchell y Alan Shepard al módulo de
alunizaje) y durante el acercamiento a la superficie sin datos de radar. Pero
ya en la Luna habían logrado un alunizaje de precisión y una primera actividad
extra-vehicular exitosa desplegando los instrumentos científicos de la misión
en la superficie. Fue en la segunda actividad fuera del módulo lunar, al día
siguiente, cuando comienza nuestra aventura. El plan original era una larga
caminata de un kilómetro y medio desde el módulo Antares hasta un cráter de
casi 400 metros de diámetro llamado Cone. Los geólogos habían planeado que los
astronautas recorrieran ese camino recogiendo a intervalos regulares muestras
de rocas. Cuando se produce el impacto de un meteorito, los materiales
superficiales son los que se eyectan más lejos y los que pertenecen a estratos
más profundos son eyectados más cerca del cráter de impacto. El plan consistía
en ir recogiendo muestras hasta llegar a las grandes rocas cerca del borde, que
habían sido identificadas en imágenes de las misiones Lunar Orbiter y que se
consideraban el premio mayor: obtener muestras
de las capas más inferiores de la corteza lunar sin tener que cavar. Y además
asomarse a las profundidades del cráter, de una profundidad de más de
doscientos metros. La distancia era larga pero no inalcanzable. Los dos
astronautas iban equipados con distintos instrumentos geológicos en un carrito
que iban tirando alternadamente. Pronto se dieron cuenta que el mapa
fotográfico que llevaban no ayudaba mucho. El contraste entre la oscuridad
brutal del cielo y la luz cegadora del Sol, junto con un horizonte mucho más
cercano que el terráqueo (por el diámetro reducido de la circunferencia lunar)
hacía difícil la orientación. Además, esperaban un terreno llano pero era
sumamente montañoso, con crestas onduladas que hacían dificultoso el andar. El
carrito chocaba constantemente con las pequeñas rocas y retrocedía como lo hace
un objeto en una gravedad de 1/6 de la terrestre. Empezaron a cargarlo en vez
de tirar de él, pero era demasiado agotador. Cuando llegaban a la superficie de
una cresta del terreno pensaban haber llegado a la ladera del deseado cráter
pero se daban cuenta de que debían seguir caminando. O de que debían cambiar
camino. Desde el control en tierra los instaron primero a abandonar el carrito,
pero la pareja se negó, sabiendo que sin instrumentos no tenía sentido llegar
al lejano cráter. Luego los instaron a volver al engañosamente cercano módulo
lunar. La extraña pareja se negó y rogó. Como si fuera una película de guerra o
de escape de prisión, en la que dos personas que se detestan encadenadas por la
situación deben cumplir su deber a toda costa. Los dos astronautas no podían
ser más distintos. Shepard, el primer norteamericano en el espacio, un héroe
del Programa Mercury y un terrible altanero que alardeaba de despreciar la
ciencia; Mitchell, una de las mentes preclaras del Programa Apolo y un místico
que abandonaría la NASA un año después para dedicarse a la parapsicología. La
extraña pareja caminaba ya exhausta y jadeante, habiendo agotado la reserva de
media hora de oxígeno, y el elusivo Cráter Cone los engañaba como un espejismo.
Finalmente el control en tierra les ordenó volver. Las muestras geológicas
recogidas fueron de inmensa utilidad aunque no alcanzaron la deseada ladera del
Cráter Cone. El análisis de las imágenes del orbitador lunar LRO, pocos años
atrás, mostró el espectáculo conmovedor de sus huellas de camino a su destino.
Estuvieron a veinte metros de lograrlo.
domingo, 6 de octubre de 2019
Paraná y Santa Fe se sumaron a la Noche Internacional de Observación Lunar
La
Sociedad Lunar Argentina realizó observaciones telescópicas gratuitas para el público
en general. En Paraná en la Plaza de Mayo, en Santa Fe en la sede del Centro de
Observadores del Espacio y la Casa de Gobierno.
Un gran éxito de
público y una hermosa experiencia compartida de amor por la Luna (y también
observamos Júpiter y Saturno)
sábado, 28 de septiembre de 2019
LOS OBSERVADORES LUNARES DE LA SOCIEDAD LUNAR ARGENTINA EN “THE LUNAR OBSERVER” DE SEPTIEMBRE 2019
Apareció la
edición de septiembre de 2019 de la revista especializada en la observación
lunar más prestigiosa a nivel mundial: “The Lunar Observer” y con ella
cumplimos 50 meses ininterrumpidos de observaciones aportadas a la revista y
aprobadas para su publicación. Es la primera revista publicada con la edición
del nuevo coordinador de la Lunar Section de la Association of Lunar and
Planetary Observers (ALPO) David Teske.
La revista se
puede descargar de la web de ALPO: http://moon.scopesandscapes.com/tlo.pdf y también del
siguiente link:
En las páginas 23
y 24 apareció una imagen y un texto sobre Alphonsus que ya incluimos en una
entrada anterior.
En la página 15
aparecieron dos imágenes de Aristarchus (objeto de la Secció Bimensual “Focus on”)
de Román García Verdier y Francisco Alsina Cardinali:
En “Recent
Topographical Observations” (páginas 17 y siguientes) se incluyeron las las
siguientes observaciones imágenes:
Burg por
Francisco Alsina Cardinali:
Tycho por Jairo
Chavez:
Theophilus por Francisco
Alsina Cardinali;
En la Sección
“Lunar Geological Change Detection Program” (pág.39 y siguientes) aparecen
nuestras observaciones reportadas al programa:
Reports have
been received from the following observers for Jul: Jay Albert (Lake Worth, FL,
USA - ALPO) observed: Censorinus, Curtis, Plato, Pytheas, and Swift. Bruno
Cantarella (Italy - UAI) imaged the Montes Teneriffe. Maurizio and Francesca
Cecchini (Italy – UAI) imaged the Montes Spitzbergen and the Montes Teneriffe. Jario
Chevez (Columbia - SLA) imaged: Bullialdus, Plato, Tycho, Werner, and several
features. Tony Cook (Newtown, UK – ALPO/BAA) imaged the partial lunar
eclipse. Walter Elias (Argentina – AEA) imaged: Aristarchus, Boussingault,
Censorinus, Gassendi, Kepler, Mare Fecunditatis, Mare Nectaris, Menelaus, Mons
Pico, Proclus, Schmidt, and Theophilus. Valerio Fontani (Italy – UAI) imaged
Mare Fecunditatis, Montes Teneriffe, Tycho, and several features. Cian Gonzalez
(Argentina - AEA) imaged Picard. Facundo Gramer (Argentina – AEA) imaged Promontorium
Fresnel. Avril Micaela Elias (Argentina – AEA) imaged Schmidt. Rik Hill
(Tucson, AZ, USA – ALPO/BAA) imaged Atlas, Lacus Mortis and the Apollo 16 &
17 landing site areas. Walter Latrónico (Argentina – AEA) imaged Aristarchus.
Julien Quirin (France) imaged the lunar eclipse. Dave Scanlan (Baddesley, UK –
BAA) imaged the lunar eclipse, Mare Frigoris, Mare Nectaris, Mare
Tranquilitatis, and several features. Trevor Smith (Codnor, UK - BAA) visually
observed the lunar eclipse. Thierry Speth (France) imaged Alphonsus,
Aristarchus, Eratosthenes, Montes Teneriffe, Rumker, and Tycho. Robert Stuart
(Rhayader, UK – BAA) imaged: Bela, Buckhardt, De La Rue, Endymion, Furnerius,
Geminus, Helmholtz, Humboldt, Lame, Langrenus, Mallet, Mare Crisium, Neumayer,
Petavius, Vega, Vendelinus, and several features. Franco Taccogna (Italy – UAI)
imaged: Geminus, the lunar eclipse, Mare Fecunditatis, Montes Spitzbergen,
Montes Teneriffe, and Torricelli B. Aldo Tonon (Italy – UAI) imaged the Montes
Spitzbergen and the Montes Teneriffe. Alan Trumper (Argentina – AEA) imaged
Plato. Román García Verdier (Argentina – SLA) imaged: Alphonsus,
Aristarchus, Deslandres, Menelaus, and Tycho.
Y se escogieron observaciones de Jairo
Chavez (Pytheas) un reporte de FLT de 1982;
Y de Román Garcia Verdier para analizar
un reporte soviético de 1961:
jueves, 19 de septiembre de 2019
FASCINANTE ALPHONSUS
Alberto Anunziato
Traducción del artículo
aparecido en la revista “The Lunar Observer” de septiembre 2019, página 23:
Alphonsus es sin dudas
uno de los cráteres más fascinantes de la Luna, por muchas razones, entre las
que se destacan sus manchas oscuras y su pico central brillante. En
“Does anything ever hapen on the Moon?”, de 1942, un joven Walter Haas se
refería así a las observaciones de su maestro William H. Pickering de las
manchas oscuras: “Cerca de la luna llena, la posición de Alphonsus está marcada
por varios puntos negros, que Pickering estudió. Descubrió que las manchas son
más oscuras cerca del mediodía, comportamiento que atribuyó a la vegetación; y
discernió en el centro de cada punto un pequeño cráter "(página 7), la
explicación sería que la vegetación tendería a crecer (y a observarse oscura
telescópicamente) cuando mayor es el calor del Sol, las manchas oscuras se
consideraban formaciones boscosas surgidas en zonas especialmente cálidas de
nuestro satélite generadas por los calores de los volcanes En 1958 el astrónomo
soviético Nikolai Kozyrev, intrigado por el oscurecimiento que había
fotografiado Dinsmore Alter sobre el piso de Alphonsus en 1956, realizó un espectrograma que indicaba
la luminiscencia provocada por gases (Cz) escapando de lo que él creía
el pico central volcánico de Alphonsus, aunque luego se comprobó que no eran gases
calientes volcánicos sino que la observación sería consistente con un
afloramiento de gas del interior, favorecido por el piso fracturado del cráter.
Hoy sabemos que el pico central de Alphonsus de 2 kilómetros de altura es
especialmente brillante porque está formado por anorthosita. Tan interesante
era Alphonsus, y tan grande la controversia entre vulcanistas e impactistas,
que la primera misión de la serie Ranger que los científicos consiguieron
enviar a un objetivo de valor científico (y no referido a las futuras misiones
Apolo) fue el Ranger 9 que se estrelló cerca del pico central de Alphonsus en
1965, enviando las mejores fotos lunares hasta ese momento. Como cuenta Don E.
Wilhelms en “To a Rocky Moon”, uno de los libros lunares más fascinantes que he
leído, “Se acordó que el Ranger 9 buscaría algo peculiar en el pico Alphonsus y
examinaría los cráteres de halo oscuro al sumergirse en un punto intermedio de
compromiso”. Las
espectaculares imágenes del acercamiento a Alphonsus del Ranger 9 fueron la primera
emisión “live from the Moon” de la historia de la televisión y la prueba del
valor de las imágenes, que eran desdeñadas por los científicos como mero
divertimento. Y además no encontró ningún volcán en el centro de Alphonsus. Por
un tiempo fueron un misterio, pero las manchas oscuras que pueden verse en
la fotografía de Alphonsus son depósitos de cenizas volcánicas, la prueba
de actividad volcánica reciente para los términos de la geología selenita, como
también lo son las grietas que fracturan el piso del cráter. Estas manchas
oscuras no son fáciles de encontrar porque solamente son visibles cerca del
plenilunio, un momento de la lunación evitado por los astrofotógrafos por la
falta de contraste que hace que la Luna aparezca “plana”, pero ésta es una de
las maravillas que se pierden quienes se abstienen de la Luna llena.
Después de la misión
Ranger 9 la fascinación por Alphonsus se mantuvo. En el workshop of Lunar
Science and Exploration de Santa Cruz en julio de 1967 se lo consideró como
objetivo: “Una misión de lanzamiento dual, de una semana de duración, atacaría
el cráter Alfonso, cuyas características peculiares atrajeron las ansiosas
miradas de los planificadores desde los días de Kozyrev y Ranger 9 y
continuarían atrayéndolas hasta que el lugar de aterrizaje para Apolo I7 fue
finalmente elegido. Después de que los astronautas hubieran terminado esta
compleja misión y se hubiesen ido a casa, el LSSM se arrastraría y se dirigiría
750 km a través de la "columna vertebral" de la Luna central y
resistente hacia Sabine y Ritter, las supuestas calderas gemelas fotografiadas
por Ranger 8 y Lunar Orbiter 5” (To a rocky moon, page 175).
Alphonus
fue un “eterno candidato” (en palabras de Wilhelms) en cada elección de los
sitios de alunizaje de las misiones Apolo, incluso integró la terna finalista
de Apolo 17 junto con Gassendi y Taurus-Littrow. Citando una vez más a Don
Wilhelms (page 107): “El legado de Ranger 9 es, como de costumbre, solo en
parte lo que los experimentadores pensaron que sería. Alphonsus los fascinó por
todas sus características especiales. Se pensó que su pico central era
volcánico, pero esa idea comenzó a debilitarse con las imágenes del Ranger 9.
El gas de Kozyrev se demoró un poco más, pero finalmente se disipó. Se creía
que los cráteres oscuros en el suelo eran volcánicos, y lo siguen siendo hoy en
la mente de la mayoría de los investigadores. El piso era, y todavía parece,
diferente de los maria. Se pensaba que las paredes de Alphonsus contenían
viejas rocas de las tierras altas, y aún lo son. Esta lista se eliminaría
muchas veces en los años siguientes a medida que se eligieran los objetivos para
la fotografía del Orbitador Lunar y los sitios para los aterrizajes del Apolo
".
Name and location of observer: Alberto Anunziato (Oro Verde, Argentina).
Name of feature: Alphonsus.
Date and time (UT) of observation: 09-11-2016-00:48.
Size and type of telescope used: 279mm SCT
(Celestron 11" Edge HD)
Medium employed (for photos and electronic images):
QHY5-II.
viernes, 13 de septiembre de 2019
CRÓNICAS LUNARES. A 60 AÑOS DEL PRIMER VIAJE ESPACIAL
CRÓNICAS
LUNARES
A
60 AÑOS DEL PRIMER VIAJE ESPACIAL
Alberto Anunziato (Sociedad Lunar Argentina)
Hace
60 años, el 14 de septiembre de 1959, finalizaba el primer viaje espacial. La
sonda soviética Luna 2 impactaba contra la Luna y se transformaba en el primer
artefacto humano en llegar a otro cuerpo celeste. En enero de ese año la sonda
Luna 1 había sido el primer artefacto humano en escapar a la gravedad terrestre
y alcanzar una órbita heliocéntrica, aunque había fallado en su objetivo de
alcanzar la Luna. La Luna 2 logró su objetivo y cumplió con numerosos
experimentos científicos relacionados con la atmósfera terrestre, el medio
interplanetario y la Luna. Los 50 años de llegada de la primera misión
tripulada a la Luna ha opacado el primer y asombroso viaje de los soviéticos,
como hemos olvidado que durante varios años la Luna fue “roja” y motivo de
justificado orgullo para la superpotencia comunista. En su visita a los Estados
Unidos Nikita Kruschev pudo presumir del logro al regalarle un modelo escala de
la sonda Luna 2 a su colega Dwight Eisenhower, incluidos los escudos del
Partido Comunista que automáticamente arrojó sobre la superficie de nuestro
satélite antes de impactar. Y los éxitos seguirían, pocos días después del
éxito de la Luna 2, la Luna 3 consiguió fotografiar la cara oculta de la Luna,
cuya apariencia era un misterio que jamás podría resolverse desde Tierra. Y en
1966 la Luna 9 fue la primera sonda en lograr un aterrizaje suave en la Luna y
transmitir información desde allí. A finales
de la década de los ’60 EEUU comenzaría a tomar la delantera con las sondas de
aterrizaje controlado Surveyor y con las misiones tripuladas del programa
Apolo. Pero los soviéticos siguieron rompiendo récords lunares como los
primeros seres vivos en orbitar la Luna y volver a la Tierra (las tortugas y las lombrices a bordo de la
Zond 5), la primera muestra de otro
cuerpo celeste recogida y transportada automáticamente (Luna 16 en 1970) y el
primer vehículo robótico espacial (Lunokhod 1 en 1970). Al conmemorar la
Sociedad Lunar Argentina los 50 años del Apolo 11 el 19 de julio de 2019 en la
Biblioteca Popular de la ciudad de Paraná, también recordamos los logros de la
otra superpotencia (hoy tan alicaída en la agenda espacial) en la conferencia
“La carrera a la Luna”, que estuvo a cargo del Director de la Revista Cápsula
Espacial, Juan Manuel Biagi. El palmarés de la URSS es impresionante: primer
satélite artificial (Sputnik) en 1957, primer ser humano en el espacio (Yuri
Gagarin en 1961), primera actividad extravehicular (Alexei Leonov en 1965),
primera sonda en llegar a otro planeta (Venera 3 en Venus en 1965), primera
estación espacial (Salyut 1 en 1971), primera sonda en llegar a Marte (Mars 2
en 1971) y muchos más. La carrera espacial no terminó bien para la Unión
Soviética, ni en términos de prestigio, ya que la gesta del Apolo 11 fue como
el nocaut en el último round, ni en términos económicos, ya que se demostró
incapaz de seguirle el paso a Estados Unidos en los proyectos que requerían
grandes inversiones. Pero su programa espacial aportó mucho a la astronomía y
la ciencia en general. Por eso es necesario celebrar los 60 años de la llegada
a la Luna de una nave espacial.
Crónicas
Lunares es una de las actividades de la Sociedad Lunar Argentina, una
asociación astronómica que se propone difundir la observación lunar y los
estudios relacionados con nuestro satélite. Los que quieran enterarse de las
actividades de esta asociación, que tiene sede en Santa Fe y Paraná, pueden
ingresar a su página de Facebook (Sociedad Lunar Argentina) o bien contactarse
con el email sociedadlunarargentina@ gmail.com
miércoles, 28 de agosto de 2019
LOS OBSERVADORES LUNARES DE LA SOCIEDAD LUNAR ARGENTINA EN “THE LUNAR OBSERVER” DE AGOSTO 2019
Con gran orgullo
es que volvemos a presentar las observaciones lunares de nuestros miembros en
un nuevo número de “The Lunar Observer”.
La revista se
puede descargar de la web de ALPO: http://moon.scopesandscapes.com/tlo.pdf y también del
siguiente link:
En “Lunar
topographical studies” se mencionan las siguientes observaciones (pág.11):
SERGIO BABINO - MONTEVIDEO, URUGUAY.
Digital image of Saturn Occultation-Posidonius. JAIRO CHEVEZ -
POPAYÁN,COLUMBIA. Digital images of 1st Qtr Moon(2) & Theophilus. ABEL
GONZALEZ CIAN - ORO VERDE, ENTRE RIOS, ARGENTINA. Digital image of Picard.
AVRIL MICAELA ELLIAS - ORO VERDE, ENTRE RIOS, ARGENTINA. Digital image of
Schmidt. WALTER ELIAS - ORO VERDE, ARGENTINA. Digital images of Aristarchus(2),
Boussingault(2),
Censorinus, Gassendi(2), Kepler(2), Mare Fecunditatis, Mare Nectaris,(2),
Menelaus(2), Mons Pico, Plato, Proclus(2), Theophilus(3) & Tycho. HOWARD
ESKILDSEN - OCALA, FLORIDA, USA. Digital images of Mason, Posidonius,
Theophilus & Tycho. FACUNDO GRAMER - ORO VERDE, ENTRE RIOS, ARGENTINA.
Digital image of Promontorium Fresnel. ROBERT HAYS, Jr - WORTH, ILLINOIS, USA.
Drawings of Gemma Frisius & Lippershey. RICHARD HILL - TUCSON, ARIZONA,
USA. Digital images of Atlas, Lacus Mortis & Maginus. WALTER LATRONICO -
ORO VERDE, ENTRE RIOS, ARGENTINA. Digital image of Aristarchus. ROBERTO PODESTA - FORMOSA, ARGENTINA.
Digital image of waning gibbous Moon. DAVID TESKE - LOUISVILLE,
MISSISSIPPI, USA. Digital image of Rupes Recta. ALAN TRUMPER - ORO VERDE, ENTRE
RIOS, ARGENTINA. Digital image of Plato.
ROMAIN GARCIA VERDIER - PARANÁ, ARGENTINA.
Digital images of Alphonsus, Deslandres, Menelaus & Tycho.
Y se seleccionaron para ilustrar la sección imágenes de Sergio
Babino:
Jairo Chavez:
Roberto Podestá:
Román García Verdier:
En la Sección
“Lunar Geological Change Detection Program” (pág.19 y siguientes) aparecen
nuestras observaciones reportadas al programa:
Reports have been received from the following observers for Jun: Jay
Albert (Lake Worth, FL, USA - ALPO) observed: Agrippa and Alphonsus. Alberto Anunziato (Argentina – SLA) observed Aristarchus, Kant, Mare
Crisium, and Proclus.
Maurice Collins (New Zealand – ALPO/BAA/RASNZ) captured some whole disk images
of the Moon. Valerio Fontani (Italy – UAI) imaged: Censorinus, Plato and Tycho.
Trevor Smith (Codnor, UK – BAA) observed earthshine, Hecataeus, Kant, Mare
Crisium, Messier, Picard, Proclus and several other features. Franco Taccogna
(Italy – UAI) imaged Plato. Aldo Tonon (Italy – UAI) imaged Censorinus, Plato,
and several features.
En la página 20 se reporta un informe visual de
destello en la Luna realizado por el miembro venezolano de la Liga
Iberoamericana de Astronomía Roger Jimenez:
LTP reports: No LTP were observed in
Jun-Jul, though there was one report of a binocular sighting of a flash on the
Moon, seen with binoculars on 2019 Jul 08 UT 01:35 by R.A. Jiménez (Venezuela –
LIADA) - near Pickering crater. The flash was about 4th magnitude, the color
was white and the duration 1/10th sec or shorter. This was either an impact
flash, sun-glint off some space junk, or possibly just the detection of a
cosmic ray air-shower event by the human eye. Was
anybody else observing then? Thanks to Alberto Anunziatio (SLA) for alerting me
about this report.
Y se comentó una observación de Kant de Alberto Anunziato respecto a
un FLT de 1873 en la página 23.
lunes, 26 de agosto de 2019
CRÓNICAS LUNARES EN LAS MONTAÑAS DE OTRO MUNDO. LA AVENTURA DE APOLO 15.
Publicado en Diario Uno de Paraná el domingo 25 de
agosto de 2019
Alberto Anunziato (Sociedad Lunar Argentina)
La misión Apolo 14 reforzó la confianza deteriorada
del público estadounidense con el programa de exploración espacial luego del
casi desastre del Apolo 13. El programa preveía que a partir de la misión n° 15
las actividades científicas en la superficie lunar se ampliarían: los
astronautas pasarían tres noches en la Luna (en lugar de 1) con un traje
espacial mejorado que permitía 7 horas de actividad en cada salida (en lugar de
las 4 de las misiones anteriores). Además contarían con una especie de “automóvil
lunar”, el Lunar Roving Vehicle, que aumentaba enormemente su movilidad y permitía
acceder a diferentes sitios en cada salida del módulo lunar. Con un poco más de
osadía que en las misiones anteriores, los estrictos criterios de selección de
los sitios de alunizaje, hasta ese momento pensados en base a la seguridad de
los astronautas, se relajaron para permitir la llegada a un sitio considerado
de importancia científica. El lugar elegido fue probablemente el más
espectacular y sublimemente hermoso de los sitios de alunizaje: las altas
montañas de los Apeninos lunares y la Rima Hadley, una especie de hondanada
como un cañón con forma de serpiente. Montañas y abismos. Se tomaron riesgos.
Lo escarpado del terreno necesitaba un vuelo de acercamiento del módulo lunar
mucho más inclinado y abrupto que los anteriores para descender entre dos
montañas. Y para mayor complicación en un sitio que no había sido cartografiado
con tanto detalle por las sondas Lunar Orbiter, por cuanto no estaba entre los
sitios considerados prioritarios. Viajaban a una terra incognita. Para tornar
más emocionante el viaje, la tripulación era comandada por Dave Scott, una de
las personalidades más interesantes del Programa Apolo. Scott combinaba la
sangre fría del piloto de elite con un genuino interés por las ciencias y la
filosofía, no muy común entre sus compañeros astronautas. De Apolo 15 vinieron
las imágenes más espectaculares de la exploración lunar y además fue un ejemplo
perfecto de estrecha colaboración entre astronautas y científicos. Se agregó al
personal de comunicación del Centro Espacial a un geólogo que dirigía
remotamente las actividades de campo de los astronautas. Tanto Allen como Scott
estaban maravillados con su labor como geólogos de campo. De las 67 horas que
pasaron en la Luna, casi 19 las pasaron explorando. Sus descripciones de lo que
observaban visualmente y su iniciativa en la selección de los materiales que
recogían fueron fundamentales. Los científicos en Tierra manejaban remotamente
la cámara del rover lunar, por lo que la interacción con los astronautas se
daba casi como si estuvieran juntos en la Luna. Uno de los resultados fue el
hallazgo de una roca perteneciente a la primigenia corteza lunar (la “Genesis
Rock”, de la que hablaremos en otra “Crónica Lunar”). Como emocionante final de
la misión, Scott realizó la comprobación del famoso (y apócrifo) experimento de
Galileo en la Torre de Pisa. Dice la leyenda que Galileo habría dejado caer una
pluma y una bala de cañón para comprobar que dos cuerpos en caída libre lo
hacen a la misma velocidad sin importar su peso. Pero no lo hizo en realidad, y
no podría haber obtenido ese resultado por la resistencia de la atmósfera (lo
hizo en realidad con esferas cayendo en diversos planos inclinados). Pero Scott
si pudo recrear el experimento legendario en la superficie sin atmósfera de la
Luna, con una pluma y un martillo. Y ambos cayeron a la misma velocidad, para
delicia de estudiantes y profesores. Un final emocionante para una gran misión.
Crónicas Lunares es una de las actividades de la
Sociedad Lunar Argentina, una asociación astronómica que se propone difundir la
observación lunar y los estudios relacionados con nuestro satélite. Los que
quieran enterarse de las actividades de esta asociación, que tiene sede en
Santa Fe y Paraná, pueden ingresar a su página de Facebook (Sociedad Lunar
Argentina) o bien contactarse con el email sociedadlunarargentina@ gmail.com ARROBA
miércoles, 7 de agosto de 2019
Crónicas Lunares EXPLORAR. EL SENTIDO DE LA AVENTURA LUNAR
Alberto Anunziato (Sociedad Lunar Argentina)
Publicado en Diario Uno de Paraná el 3 de agosto de 2019
Hace 50 años el mundo asistía a un espectáculo
inédito. La televisión mostraba en directo a los primeros hombres en pisar la
superficie de la Luna. 50 años… lo suficiente como para tomar distancia y
preguntarnos por el sentido histórico y filosófico de la carrera espacial que
culminó el 20 de julio de 1969. Fue un triunfo ideológico para Estados Unidos,
su bandera ondeando en la distante Luna, la muestra de que eran capaces de
someterse a un esfuerzo económico enorme para vencer a los soviéticos. Una puja
tecnológica y simbólica que Kennedy había hecho suya luego de que los cubanos
lo humillaran en Bahía de Cochinos. Para la URSS fueron todos los primeros
lugares: primer satélite artificial, primer hombre en el espacio, primera mujer
en el espacio, primera caminata espacial, primeros en llegar a la Luna y Venus,
y muchos más. Pero llevar astronautas a la Luna fue demasiado para el gigante
con pies de barro, que 17 años después mostró la faz más oscura de su
tecnología con el desastre de Chernobil. Para los que no somos norteamericanos,
¿cuál fue el sentido de llegar a la Luna? La versión canónica es que es que los
avances científicos del Programa Apolo lo justificaron, pero es lícito
preguntarse si no hubiera sido más barato y efectivo financiar la exploración
robótica, que es la que en estas décadas ha hecho avanzar enormemente nuestro
conocimiento del sistema solar. También es canónico el argumento de que los
avances tecnológicos derivados del Programa Apolo lo justificaron (el más
importante sería la miniaturización de la electrónica). Pero es sensato
preguntarse si no hubiera sido más efectivo investigar directamente esos
avances tecnológicos con fondos que llegaron a más del 5% del presupuesto
norteamericano durante una década. ¿La aventura del Apolo XI no nos dice nada
entonces? Claro que sí, porque resuena con una de las pulsiones más elementales
del ser humano: el deseo de conocer lo desconocido. El sentido de la aventura
lunar, más allá de los avances en el conocimiento del sistema solar y de los
adelantes que colateralmente se produjeron por la carrera espacial, es
profundamente humano. Porque reencontró al hombre con el sentido de la
aventura, de la exploración. Las primeras palabras de Scott Carpenter al pisar la
Luna con la misión Apolo XV son las más representativas de ese pequeñísimo
género textual que son las primera palabras en la Luna: “El hombre debe
explorar”. Y explorar implica el amor por lo desconocido, que es el amor que
sentimos también al mirar por un telescopio, aunque los divulgadores nos digan
que nada nuevo podamos mirar. Así lo expresaba, en “Así habló Zaratustra”,
Friedrich Nietzche: “Sí, soy amigo del mar y de todo lo marino, máxime cuando
me contradice airadamente. Sí me impulsa ese deleite de la exploración que
endereza las velas hacia lo ignoto; sí mi deleite es deleite de navegante; sí,
una vez exclamé exultante: ha desaparecido la costa, se ha desprendido mi
última atadura”. Y el espacio es no tener ataduras. Es seguir adelante por el
honor y el coraje, como el insano Capitán Ahab perseguía la ballena blanca Moby
Dick. Como Ulises quería volver con su esposa Penélope, tuvo que atarse al
mástil de su barco para no sucumbir al canto de las sirenas que lo tentaban a
seguir navegando para siempre, como quisiéramos todos viajar para siempre. Y
quién escucho a las sirenas en el espacio fue Ed White, el primer
norteamericano en realizar una caminata espacial en 1965. Deslumbrado por la
inmensidad de la Tierra y la negrura del espacio, trató de dilatar todo lo
posible la reentrada en la cápsula Gemini, incluso pretendiendo que no
escuchaba las ordenes perentorias del control de misión en Tierra, quienes temían
los efectos de flotar en el espacio, una experiencia nueva. El audio se
consigue en internet y es conmovedor escuchar a White rogar que lo dejaran
quedarse un poco más fuera de la cápsula y luego se rinde y dice antes de
entrar: “Este es el momento más triste de mi vida”, palabras que estaban siendo
transmitidas en directo por la radio.
La empatía universal de esos días de julio de 1969 se
explica por la admiración que suscitan los que afrontan desafíos extremos en la
soledad más absoluta. Los niños de los ’70 soñábamos con ser exploradores o
astronautas porque se adentraban en lo desconocido. El aura triunfal de los
astronautas se perdió con las soporíferas misiones de los transbordadores y de
la estación espacial, en las que incluso los riesgos reales se minimizaban
discursivamente. Pero los astronautas de los dorados ’60 y ’70 se jugaban la
vida y eran conscientes de estar en un lugar privilegiado.
Cuando revisitamos los años de Apolo, lo que hacemos
es soñar con escuchar el canto de las sirenas y seguir viajando para siempre,
como Yuri Gagarin, como Neil Armstrong, como Ed White, como Ulises.
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