Por Alberto Anunziato
Traducción del texto aparecido en la edición de marzo
2026 de THE LUNAR OBSERVER
1.-¿NADIE LOS VIO ANTES DE 1791?
Los dorsa han estado en la superficie de la Luna desde
hace millones de años, la primera observación telescópica de la Luna fue en
1609, entre 1609 y 1791 numerosos observadores registraron los accidentes
selenográficos, pero ninguno registro los dorsa, fácilmente visibles con
pequeños telescopios cerca del terminador. ¿Los observaron y no los registraron
o directamente no los observaron? La pregunta es provocativa y filosófica. ¿Por
qué la filosofía y la poesía no pueden invocarse para la observación lunar como
lo son para la cosmología? La respuesta certera quizás nunca la conozcamos,
pero podemos inferirla, aunque para ello debemos reflexionar sobre la
naturaleza de la observación. Abordamos esta cuestión en el texto que apareció
en la edición de julio 2025 de nuestra revista (“A proposed nomenclature for
the dorsa (and a little philosophy of science”), también refiriéndonos a la observación de dorsa (más
precisamente a la observación de la topografía interior de los dorsa). A este texto nos remitimos para el debate
filosófico-epistemológico. La pregunta histórica es la del título: ¿por qué
nadie registró dorsa antes de 1791? 1791 es el año de la publicación de
“Fragmentos Selenográficos” de Johannes Von Schroter, la primera obra en que se
registraron los dorsa lunares.
Epistemológicamente, hay 2 grandes tendencias. La
primera, la positivista. Observamos exactamente lo que perciben nuestros
sentidos, por lo que la observación solo depende del progreso técnico de los
instrumentos. La segunda, es que la observación depende en cierta medida del
marco teórico que la precede y condiciona. Una postura extremista es que solo observamos
lo que sabemos que existe, nuestros sentidos se subordinan al esquema mental,
una postura más moderada es la de la “carga teórica de la observación”: la
observación depende tanto de lo que percibimos con los sentidos como del marco
teórico previo.
Si analizamos los grandes mapas lunares de los siglos
XVII y XVIII, nos percatamos de que no hay registro de dorsa, aunque debieron
ser visibles con los telescopios que se usaron para confeccionarlos. Una
primera explicación para esta omisión sería la más simple: por la escala de
dichos mapas, que abarcaban toda la cara visible, no había espacio para estos
estos accidentes selenográficos. No siempre la explicación más simple es la
correcta, porque en “Selenographia” de Johannes Hevelius hay mapas detallados
para cada día de la lunación, y en ellos prácticamente no aparecen los dorsa.
Digo “prácticamente”, porque hay mapas como los de los capítulos 11 a 14 (que
elegimos por ser de Mare Crisium, lo que nos permite compararlos con
observadores posteriores), en los que hay un atisbo de lo que podrían ser dorsa.
IMAGEN 1 es una imagen tomada del Lunar Reconnaisance Orbiter Quickmap, que
será nuestra referencia para comparar las observaciones. IMAGEN 2 es una imagen
de uno de nuestros observadores, Jesús Piñeiro de Venezuela, que servirá como
referencia para tratar de recrear lo que visualmente puede verse en el interior
de Mare Crisium. IMAGEN 3 está compuesta por 4 detalles de láminas
pertenecientes a la Selenographia de Hevelius (izquierda arriba: capítulo 11,
derecha arriba, capítulo 12, izquierda abajo: capítulo 13, derecha abajo
capítulo 14).
Las flechas en IMAGEN 3 señalan lo que podrían ser
representaciones de Dorsum Oppel (izquierda, margen occidental de Mare Crisium)
y Dorsa Tetyaev y Dorsa Harker (derecha, margen oriental). Las imágenes
superiores corresponden al tercer día de la luna cresciente aproximadamente,
las inferiores a días posteriores, por lo que (obviamente) los dorsa no podrían
representarse tan nítidamente como en las noches anteriores, mas cerca del
terminador. Decíamos que no podemos decir con certeza que Hevelius haya querido
dibujar los dorsa de los bordes de Mare Crisium: los símbolos de ambos bordes
son completamente diferentes. La representación de las elevaciones en el margen
occidental parece indicar sombras, pero no podemos saber si señalan Dorsum
Oppel o la serie de elevaciones (relieve casi sumergido por la lava, como
Yerkes). La línea de rayas del borde oriental sería una extraña forma de
representar los dorsa que en IMAGEN 2 vemos como elevaciones sin
interrupciones. En fin, quizás no haya sido Johannes Von Schroter en 1791 el
primero en registrar los dorsa sino, probablemente (o inciertamente) Johannes
Hevelius en 1647.
El ejemplo de “Selenographia” también sirve para
descartar una segunda hipótesis: que Hevelius y los grandes selenógrafos de los
siglos XVII y XVIII no hayan registrado los dorsa porque son efímeros, visibles
solamente durante 1 o 2 noches. Pero otro accidente efímero, los cráteres con
rayos brillantes, si aparecen registrados tanto en los mapas de Selenographia
como en los demás mapas de la cara visible completa de la época. Quizás haya
una diferencia que sea fundamental: los cráteres con rayos brillantes solían
ser representados como hileras de pequeñas elevaciones que cruzaban los mares.
Y los mares lunares hasta bien entrado el siglo XVIII eran materia de debate:
¿estaban formados por agua o eran llanuras? A partir de la obra de Johannes Von
Schroter, “Fragmentos Selenográficos” (cuyo primer tomo se publicó en 1791),
este debate se saldó en favor de la falta de agua en la Luna (y en los mares,
obviamente). Seguramente fue esta certeza, que los mares lunares son llanuras,
la que permitió registrar las irregularidades de su superficie. Así los señalan
Sheehan and Dobbins: “Mientras que Cassini (o su grabador Patigny) había
representado las zonas gris oscuro de la Luna como completamente lisas y
uniformes, Schroeter reconoció innumerables irregularidades: picos aislados,
pequeños cráteres y los llamados “dorsa”, que de hecho fue el primero en
describir. Concluyó que todas estas regiones, denominadas “mares” por
selenógrafos anteriores, carecían por completo de agua» (páginas 61-62).
Así, retomando lo dicho sobre la epistemología de la
observación, diríamos que la explicación positivista sería que los instrumentos
de Von Schroter eran mejores que los de los selenógrafos anteriores (o él mismo
era mejor observador). La explicación relacionada con la carga teórica de la
observación sería que la observación de Von Schroter de las irregularidades de
los mares fue favorecida por la certeza previa de que eran llanuras y no mares.
2.-LOS DORSA EN “FRAGMENTOS SELENOGRÁFICOS”
La historia de la vida de Johannes Von Schroter es de lo
más increíble e inspiradora (sería un argumento increíble para una película). Von
Schroter nació en Alemania en 1745 y de profesión fue abogado, pero la
fascinación que sintió por la astronomía con la noticia del descubrimiento del
planeta que hoy conocemos como Urano en 1781 por William Herschel, marcó su
vida para siempre. Decidió postergar su carrera de leyes lejos de los puestos
más ventajosos pidiendo un traslado a la pequeña ciudad de Lilienthal (en la
Baja Sajonia), para poder dedicarse de lleno a la observación astronómica. Para
ello empezó a comprar instrumentos y levantó el observatorio que llamó el
Templo de Urania, que con los años sería el centro de la astronomía europea.
Con el anuncio de William Herschell en 1788 de que había observado un volcán en
el cráter Aristarchus, Von Schroter decidió dedicarse a la selenografía con la
pasión de un obseso. Casi todo lo que construyó se perdió en 1813, cuando en
las guerras napoleónicas los franceses en retirada quemaron la ciudad de
Lilienthal y saquearon su observatorio, poco tiempo después la pena se llevaba
a nuestro admirado maestro. Su historia es muy similar a la de Hevelius y su observatorio
en Danzig, destruido en un incendio.
Von Schroter
cambió la historia de la selenografía al introducir lo que Francis Manasek
llama “la representación corográfica de las áreas de la superficie lunar”,
recuperando la definición que hace Ptolomeo en su “Geografía: “La corografía se
centra principalmente en el tipo de lugares que describe, no en su extensión.
Su objetivo es plasmar una imagen fiel, no simplemente indicar la posición y el
tamaño exactos. La geografía, en cambio, se fija en la posición más que en la cualidad,
registrando la relación de las distancias en todas partes y emulando el arte de
la pintura solo en algunas de sus descripciones más importantes" (Manasek,
página 4). Este giro fundamental en la Selenografía fue casi accidental. Von
Schroter consideró fuera del alcance de sus habilidades como observador
realizar un nuevo mapa de la totalidad de la cara visible, por lo que decidió
publicar sus observaciones en la forma de dibujos a gran escala de sectores
pequeños: “Schroeter (…) decidió que su propuesta era demasiado ambiciosa para
un solo observador. En lugar de cartografiar toda la Luna, se concentraría en
elaborar “mapas especiales” de regiones seleccionadas” (Sheehan and Dobbins, página
61). Las observaciones lunares que aparecieron en el primer tomo de los
“Fragmentos Selenográficos” en 1791 fueron las más detalladas hasta ese momento
y las primeras en ser acompañadas por un extenso texto explicativo, parte
fundamental del registro: “Las ilustraciones de Schroeter iban acompañadas de
un texto descriptivo que analizaba en detalle cada lámina, a menudo en más de
un lugar del libro. En muchos sentidos, este texto tan exhaustivo resulta
encantador, especialmente cuando escribe sobre la observación, incluyendo
comentarios sobre el clima y anotando el aumento que empleó y el telescopio que
utilizó” (Manasek, página 186). La obra maestra de Von Schroter cambió para
siempre los estudios lunares, al ser el primero en estudiar y registrar la
morfología de los cráteres (término que fue el primero en utilizar) y el
primero en registrar las irregularidades en los maria (como domos, rimas y
dorsa): “Schroeter, tomando prestado de Hooke y Bianchini, reintrodujo una
forma fundamental y poderosa de observar y publicar detalles lunares: la de
concentrarse en áreas pequeñas y complementar el dibujo con un extenso texto
correlativo” (Manasek, página 188). Los pioneros en la aproximación corográfica,
es decir, en hacer mapas lunares de una región pequeña fueron Robert Hooke
(“Micrographia”, 1665) y Francesco Bianchini (“Hesperi et Phosphori Nova
Phenomena”, 1727), pero sus trabajos se limitaban a dos o tres dibujos que casi
no circularon entre sus colegas.
Es lamentable que hoy casi nadie, fuera de los amantes de
la selenografía, recuerde a Johannes Von Schroter, un ejemplo de observador
dedicado por completo a la Luna. Él sostenía ideas sobre la Luna que no eran
extrañas en la época pero que posteriormente fueron desmentidas, como que la
Luna podía estar habitada, tener una leve atmósfera y experimentar cambios en
su superficie, y eso ha pesado más que sus aportes fundamentales para nuestros
estudios. También es un lugar común criticar sus habilidades como dibujante,
cuando no parece que sea una cuestión de primer orden.
En los dibujos de “Fragmentos Selenográficos” aparecen
algunos dorsa, como en el mapa de Mare Crisium (IMAGE 4), en el que podemos ver
dos cadenas de elevaciones en el margen izquierdo, la inferior probablemente es
el relieve semisumergido (Yerkes, Yerkes V, Yerkes E y los picos más al norte)
pero la superior claramente corresponde a Dorsum Oppel. Es interesante que el
rasgo más destacado en IMAGEN 4 sea lo que se conoce como “Cuerno de Von
Schroter”, un accidente difícil de observar y de caracterizar, al que nos
referimos en el número de octubre 2024 (“Schroter’s Big Horn on Mare Crisium”).
IMAGEN 5 es una vista más detallada de Mare Crisium, más precisamente de su
orilla occidental. En ella podemos ver también parte de los elusivos dorsa
centrales de Crisium, mucho más difíciles de observar (nos remitimos a IMAGEN
2). Las representaciones de los dorsa en los “Fragmentos Selenográficos” son
bastante esquemáticas, las líneas horizontales en su interior indican la
diferencia de relieve con el interior de Mare Crisium, pero sin establecer
distinciones en el interior de los dorsa. El mismo procedimiento se utiliza con
otros tipos de relieve lunar, en la misma IMAGEN 5 vemos como la orilla
montañosa de Mare Crisium también es indicada esquemáticamente con pequeños
semicírculos, que meramente indican “relieve montañoso”, sin mayor detalle.
3.-LOS DORSA EN EL MAPA DE WILHELM LOHRMANN
Wilhelm Lohrmann (1796-1840) fue un cartógrafo
profesional que aplicó las técnicas de su arte al mapeo de la Luna. Construyó
un mapa de la cara visible en 25 secciones (1824), y fue el primero que, en
lugar de dibujar, usó el lenguaje cartográfico para expresar la topografía de
la superficie lunar. No es injustificado que se lo conozca como el verdadero
primer cartógrafo lunar. En la IMAGEN 6 podemos ver un signo que se usaba para
indicar “pendiente” en los mapas terrestres de la época: la “hachure” (una
especie de raya corta) que tenía la ventaja de suministrar información sin
depender de la habilidad como dibujante del observador: “Cuando Lohrmann
utilizó sombreados en la cartografía lunar a principios del siglo XIX, se
emplearon principalmente para indicar la presencia de la pendiente y solo
secundariamente para sugerir una inclinación pronunciada” (Manasek, página
193).
Si comparamos la sección de Mare Crisium cartografiada en
la IMAGE 6 (que recortamos del Treatise on Moon Maps” de Manasek), vemos que
Lohrmann registra más dorsa que Von Schroter, registra los elusivos dorsa
centrales con más detalle (ver IMAGE 2). Si la comparamos con la IMAGE 1 (LROC
Quickmap), vemos que los dorsa en ambas imágenes coinciden bastante. Lo que más
me sorprendió de IMAGEN 6 es que Lohrmann también indica las zonas de los dorsa
en los que la pendiente es más aguzada, indicamos con flechas negras algunos
ejemplos de registro de diferencias de altura, los más evidentes. Manasek en la
obra citada (página 193) dice que “Si dependemos únicamente de las líneas de
sombreado, a menudo no podemos determinar si una formación está elevada o
deprimida”, lo que no sería un problema para el caso de los dorsa, ya que las
depresiones internas en la topografía de los mismos son muy pocas, y casi
imposibles de notar visualmente, mientras que las alturas (llamadas “crestas”)
son mucho más comunes. Es evidente que las “hachures” en IMAGEN 6 indican
elevaciones. Manasek nos informa (página 191) que las observaciones de Lohrmann
fueron realizadas por un refractor de 4.8 pulgadas, por lo que me animo a decir
que el selenógrafo alemán observó zonas brillantes en el interior de los dorsa
y las interpretó como zonas elevadas, y así las registró.
Von Schroeter fue el primero que registró los dorsa
(salvo que consideremos que pudo haber sido Hevelius), destacándolos en el
relieve plano de los maria, indicando dirección y anchura. Lohrmann se animó a
indicar diferencias de altura en los dorsa que registró. Siendo los dorsa tan
pequeños, tendremos que esperar a las imágenes en órbita lunar y, sobre todo, a
las fotografías con CCD con iluminación cerca del terminador para avanzar en la
caracterización de su topografía, primero distinguiendo sus componentes
(predichos por Lohrmann) y luego los detalles más pequeños en su interior.
Caminamos a hombros de gigantes, no hubiéramos podido saber lo que sabemos de
la Luna sin selenógrafos heroicos como Hevelius, Von Schroeter y Lohrmann.
REFERENCIAS
Hevelius.
Selenographia. Gdansk (1647). En: www.e-rara.ch/zut/content/titleinfo/160230
Manasek,
Francis J, (2022), A Treatise on Moon
Maps.
Sheehan
W. and Dobbins T., (2001), Epic Moon,
Willmann-Bell, Richmond.

































