Ignacio Podesta (nuestro observador lunar más activo actualmente) sigue reportando estupendas imágenes lunares para nuestro programas de observación desde el Centro de Observadores del Espacio de Santa Fe,. Argentina:
Observadores Lunares
jueves, 23 de julio de 2026
sábado, 11 de julio de 2026
ALGUNAS IDEAS SOBRE EL VALOR DE LA OBSERVACIÓN VISUAL DE LA LUNA
Traducción del
texto aparecido en la edición de Junio 2026 de “The Lunar Observer”
Imagen extraída de
Manasek, Francis J.: “Tratado sobre mapas lunares: Estudios visuales en papel,
1610-1910”: “En 1647, Johannes Hevelius publicó su monumental obra sobre la
Luna, Selenographia: sive, Lunæ descriptio”, el principal atlas lunar del siglo
XVII. Una parte del cuadrante inferior derecho, muy ampliada, de su Mapa P
muestra dos ángeles, uno observando a través de un telescopio y el otro tomando
notas”.
Recientemente pude
disfrutar dos encuentros del podcast de ALPO (The Observers Notebook) referidos
a un tema que me interesa mucho, la observación visual lunar y planetaria. En
el episodio 234 Mary McIntyre nos mostraba su asombrosa técnica en el dibujo de
los accidentes selenográficos a partir de la observación visual, y en el
episodio 232 Daniel Mounsey nos enseñaba como “una buena observación planetaria
no se trata de perseguir equipos o condiciones perfectas, sino de paciencia,
percepción y comprensión de la atmósfera que nos rodea” (la cita es de la
descripción del video en Youtube), lo que es la base del ALPO’s Lunar and
Planetary Training Program. Y cómo suelo colaborar en esta, nuestra revista,
con observaciones visuales de la Luna documentadas con sketchs, The Observers
Notebook Podcast me hizo pensar, una vez más, acerca del valor actual de la
observación visual lunar.
EL NO TAN LEJANO
PREDOMINIO DE LA OBSERVACIÓN VISUAL
No debemos olvidar
que buena parte de los conocimientos que tenemos de la Luna provienen de la
observación visual, desde la primera observación telescópica de la historia de
Galileo Galilei en 1609, que demostró la tesis de Plutarco de que la Luna era
similar a la Tierra. En los 3 siglos que median entre 1609 y 1895, año de
publicación del maravilloso “The Moon” de Thomas Elger, miles de observadores
dedicados sacrificaron miles de noches (y algunos sus propias vidas) a la
dificultosa tarea de observar y dibujar. En el libro de Elger de 1895 hay una
descripción increíblemente precisa de la superficie de la cara visible, que
permitió que los astrónomos pudieran dedicarse al análisis geológico más que a
la descripción topográfica. Aún en el pasado siglo XX, la observación visual
continuó siendo más precisa que la fotográfica. El primer uso de una cámara
astronómica CCD fue en 1976 pero fue mucho más adelante que su uso se
popularizó entre los astrónomos amateur, sobre todo en nuestro siglo. Con
imágenes tan impresionantes como los ejemplos que vemos de los amigos de ALPO
en cada número de The Lunar Observer, poco campo parece quedar para la
observación visual. ¿La observación fotográfica se impuso? Obviamente que sí,
viendo estas estupendas imágenes y todas las que se reportan a las secciones
lunares de nuestra asociación, no solamente por su belleza sino también por su
valor científico.
CÓMO ADQUIRIMOS
INFORMACIÓN EN LA OBSERVACIÓN VISUAL
Al momento de la
observación visual el observador accede a más información (es decir, a más
detalles) que la que registra finalmente en el papel. El observador hace una
selección de la información que va a volcar en su registro, sabiendo
(consciente o inconscientemente) que lo que no se registra se pierde. Por eso,
siempre ha sido importante saber lidiar con la selección de la información que
el observador considera valiosa y merecedora de ser registrada en su dibujo o
descripción.
Antaño, la
información que se privilegiaba era la forma y la ubicación de los accidentes
selenográficos observados. En un texto clásico, como “Lunar work for amateurs”
(1891) de Thomas Elger, leemos que “La primera
consideración es, por supuesto, la precisión, y luego la exhaustividad. La
posición de cada elemento mostrado debe fijarse mediante medición micrométrica
o mediante una alineación cuidadosa, y su tamaño aparente debe estimarse, ya
sea en términos del diámetro de la formación con la que está asociado, o del de
algún otro objeto cuyas dimensiones relativas se hayan determinado de esa
manera”. Hoy podemos seleccionar otros aspectos, dado que la
información “posicional” ya no necesita ser registrada visualmente.
Debemos tener en
cuenta, además, que la observación visual aun hoy conserva los sesgos
observacionales de su época dorada (antes del predominio de la fotografía): a) subjetividad
en la interpretación de lo que se ve a través del telescopio, b) variación del
grado de agudeza visual del observador, c) grado de conocimientos previos que
determinan la selección del objetivo, d) habilidad para registrar en el papel
lo que se ve en el ocular. La selección es fundamental porque se registran los
rasgos que se consideran esenciales, no todos, por eso es fundamental tener
claro qué registrar y cómo nuestra observación selecciona información que se
añada a la existente, grado de práctica en el dibujo y la explicación de lo que
se observa.
CÓMO ADQUIRIMOS
INFORMACIÓN CON LA IMAGEN FOTOGRÁFICA
Cuando observamos
utilizando una cámara fotográfica, los problemas que enunciamos anteriormente se
reducen prácticamente a cero: no hay subjetividad ni previa a la producción de
la imagen, ni en la producción misma de la misma, la subjetividad se reduce al
apilado y procesado de la imagen. Luego del procesado, la información que
contiene la imagen se amplía enormemente (al aumentar la nitidez).
DIFERENCIAS ENTRE
OBSERVACIÓN VISUAL Y FOTOGRÁFICA
El observador
visual concentra su atención al momento de la observación, en el ocular,
seleccionando según un marco teórico conceptual previo, la información que debe
ser registrada. El observador fotográfico reparte su atención entre la elección
del objetivo de la toma y, sobre todo, en el procesado posterior.
VENTAJAS DE LAS
IMÁGENES FOTOGRÁFICAS
Además de anularse
casi por completo los aspectos relacionados con la subjetividad del observador,
la imagen fotográfica otorga certeza sobre tamaño y ubicación de los accidentes
selenográficos, permite que la información obtenida de la observación se comparta,
multiplicando su valor, ya que otros observadores pueden usarla (ampliando la
imagen o jugando con los contrastes) para otros usos distintos al que el
observador original tenía en mente. La información obtenida de la observación
fotográfica es claramente más valiosa, porque es más objetiva. Lo que nos lleva
a la siguiente pregunta.
¿ES TODAVÍA
VALIOSA LA OBSERVACIÓN VISUAL?
Yo creo que sí, y
no solamente por nostalgia de una gran tradición y goce estético de contemplar
la Luna (más que observar). Estas dos razones me bastarían, ya que somos
aficionados y nuestra primera motivación es disfrutar. Creo, sin embargo, que
hay otras razones que demuestran que la observación visual puede aportar datos
valiosos sobre la Luna. A continuación, enumeramos algunas:
1.-MULTIPLICAR LAS
OBSERVACIONES
Esta razón quizás
es poco evidente para nuestros amigos europeos y norteamericanos, pero en
muchos países los costos en equipo astronómico realmente comprometen la
economía familiar. El prejuicio de que solamente es valiosa la observación
fotográfica disuade de la observación a quién solo tiene un telescopio y no
puede realizar más gastos. En varias ocasiones he escuchado a aficionados con
telescopio afirmar que están esperando poder comprarse su cámara para aportar
observaciones. Y muchos aficionados (y también divulgadores y científicos) de
países como el mío, Argentina, difunden la idea de que la astronomía es “un
hobby caro”. Trato en la medida de mis fuerzas de luchar contra este prejuicio
elitista, y si las razones que aduzco más adelante fueran verdaderas, la
observación visual sumaría muchos aficionados inteligentes y dedicados de
países menos desarrollados.
2.-MAYOR
SENSIBILIDAD
¿Hay aspectos que
el ojo humano pueda captar con más sensibilidad que las cámaras? Esto era una
verdad obvia hasta hace pocos años, es decir, hasta la llegada de los sensores
CCD. Pero todavía es parcialmente cierto. En 2022 mi presentación a la
Conferencia Anual de ALPO se refirió a la vigencia de la observación visual y
recuerdo que Anthony Cook me comentó que un observador visual experimentado
puede superar en resolución a una cámara CCD (no así en precisión, se
entiende). Esto me parece bastante obvio en ciertos aspectos, como grados de
brillos y sombras.
3.-MEJORAS GRATIS
El sistema
ojo-cerebro puede mejorar con el entrenamiento y el conocimiento previo en
mayor grado de lo que puede progresar el sistema camera-software mejorando el
procesado. Ya lo dijo Elger en el trabajo citado: “Se ha dicho con razón que el
valor de un telescopio de cierto tamaño, como medio de investigación, depende
menos de su apertura real que del observador, y en ninguna rama de la
astronomía observacional se ejemplifica mejor la veracidad de esta afirmación
que en la selenografía (…) El entrenamiento recibido por el ojo, incluso en tan
poco tiempo, equivalía, de hecho, a un notable aumento en la capacidad óptica y
de emisión de luz del telescopio”. Tanto con el entrenamiento visual que da la
experiencia, a que se refiere Elger, cuanto con la ampliación de lo que
conocemos sobre la Luna (marco teórico previo), mejoramos la observación visual
de manera gratuita.
LA PRUEBA
FOTOGRÁFICA.
Hoy la observación
visual tiene ventajas respecto a los épicos y gloriosos años de la observación
visual antes de las misiones espaciales a la Luna y del auge de las imágenes
fotográficas con equipos dotados de sensores CCD.
A) Hoy observamos
con un marco conceptual previo, con una carga teórica de la observación, que
permite maximizar la información que obtenemos visualmente. Los grandes
observadores visuales del pasado trazaron mapas de increíble precisión y
realizaron descripciones de los accidentes selenográficos increíblemente
acertadas (como las de Thomas Elger en “The Moon”) sin saber nada sobre los
procesos geológicos que formaron los accidentes que descubrían. Además, tenían
que ser sumamente precisos: los mapas dependían de dicha precisión (en
observación y dibujo). Hoy no tenemos que preocuparnos por la precisión
topográfica, ya tenemos instrumentos como el Lunar Reconnaissance Orbiter
Quickmap. Hoy sabemos casi todo sobre los procesos geológicos que formaron la
superficie de la Luna, por lo que percibimos con más precisión.
B) Hoy podemos
confirmar lo que observamos con imágenes fotográficas y la increíble cantidad
de datos disponibles, por ejemplo, con el LRO Quickmap. Si vemos un círculo
oscuro podemos verificar si es un cráter enterrado, si vemos una zona brillante
sobre un dorsum podemos verificar su altura con los datos del altímetro del LRO
Quickmap.
UN NUEVO PARADIGMA
PARA LA OBSERVACIÓN VISUAL
Hoy conocemos la
superficie de la Luna con un grado de detalle enorme, nuestras observaciones
son casi innecesarias, pero todavía las observaciones desde Tierra con luz
oblicua pueden mejorar las imágenes en órbita con luz frontal (como el estudio
de los domos). Un nuevo paradigma para la observación visual podría ser partir
de: a) la selectividad del observador visual, y b) confirmar fotográficamente
la información.
a) El
observador visual debe saber interpretar lo que ve y seleccionar lo importante
de acuerdo a lo que busca; para ello es fundamental enmarcar nuestras
observaciones en programas de observaciones. Ya lo decía hace más de un siglo
Elger: “Se necesita cierta experiencia para apreciar el verdadero carácter de
los detalles lunares; por ejemplo, para evitar confundir un valle estrecho o
una grieta con una cresta, la sombra de una masa montañosa con una depresión
profunda, un hueco entre rocas con un verdadero cráter, etc.; y también es muy
necesario comprender el tamaño real de los objetos examinados”. Por ello, es
fundamental el papel del mentor, del que sabe más que el observador, del que
diseña el programa. ALPO es fundamental en ese sentido. Yo soy testigo de eso.
Entre los aficionados de mi país, Argentina, hace 11 años (cuando empezamos
reportar nuestras observaciones a The Lunar Observer), la Luna no era más que
el primer objetivo en el aprendizaje de la astrofotografía (cuyo objetivo son
los objetos de espacio profundo). Como nunca me interesó la astrofotografía por
sí misma, siempre busqué conocer más sobre astronomía amateur, y haber
encontrado “The Lunar Observer” online, abrió un enorme tesoro de
conocimientos, posibilidades de participar de programas de observación, un
grupo de expertos dispuestos a compartir lo que saben y poder ser parte de una
tradición.
b) A
través de imágenes de otros observadores y datos científicos como los del LRO
Quickmap. Muchas veces vemos detalles que la observación fotográfica
(probablemente por el procesado) no registra. El sistema cerebro-ojo sigue
siendo una poderosa herramienta observacional. Si sabemos interpretar lo que
vemos y registrar, por ejemplo, algo anómalo, podemos recurrir a las
fotografías y confirmar en ellas ese detalle anómalo, o bien recurrir a los
datos del LRO Quickmap y ver si lo podemos confirmar. Podemos decir que, sin
confirmación fotográfica la observación visual hoy no es válida.
Es
por estas razones que suelo acompañar mis dibujos con imágenes fotográficas de
la zona observada. No es solamente porque de esa manera suplo las deficiencias
de mi mano en el dibujo y facilito la interpretación de mi dibujo por el
lector, sino también porque conociendo con precisión el relieve de la zona
podemos entender mejor la información obtenida visualmente.
LA OBSERVACIÓN
VISUAL DE IMÁGENES FOTOGRAFICAS
El entrenamiento
visual del observador al que se refería Elger repercute también al momento de
interpretar las imágenes fotográficas, el ojo ávido del observador recorre la
superficie de la foto como recorre la superficie captada en el campo del
ocular, con la ventaja de que puede ampliar la imagen fotográfica aumentando la
información a costa de perder solamente un poco de nitidez. Hay mucha
información topográfica esperando a ser descubierta en las imágenes lunares.
EL FUTURO: LA
OBSERVACIÓN VISUAL DE IMÁGENES EN SUPERFICIE
Y el ávido ojo del
observador también puede acceder a las imágenes que algunas sondas en descenso
a la superficie han captado, como la sonda india Vikram hace poco tiempo. Son
imágenes sin pretensiones científicas, pero que documentan zonas que aparecen en
primer plano, mucho más cerca que las sondas en órbita lunar. Y si entrenamos
nuestro ojo detrás del ocular, tratando de llegar a esos diminutos detalles,
nuestra vista se soslaza en esos inmensos primeros planos. Y espero
ansiosamente el futuro no tan lejano, en que cámaras de última generación
montadas en rovers de exploración accedan a detalles de formaciones que hoy
conocemos “desde arriba”. Creo que será una magnífica oportunidad de hacer
ciencia ciudadana con habilidades de observador, interpretando imágenes en
primer plano.
UN RETORNO A LA
COROGRAFÍA
Es probable que
asistamos a un renacer de lo que Manasek llama la “aproximación corográfica” de
la selenografía clásica: cada observación suma un detalle al panorama completo
de una región particular de tamaño cada vez más reducido, tendiendo más a la
descripción minuciosa y comprensión de una zona pequeña que a la descripción
sistemática de lo totalidad.
UN ÚLTIMO APORTE
La observación
visual, o más bien la observación detallada, de la Luna, todavía es valiosa por
cuanto un observador experimentado puede reconocer y seleccionar un detalle
anómalo en lo que observa e iniciar un análisis posterior de la zona con el
material teórico y observacional a su disposición. La observación visual
dispara una búsqueda fotográfica que confirme lo observado. Luego pasamos al
soporte teórico para saber si hay explicación para la presunta anomalía.
En síntesis, la
observación visual (cuyo aporte ha sido fundamental para el conocimiento de la
luna) hoy ha sido superada por la imagen fotográfica, pero su uso todavía puede
ser marginalmente valioso como una actividad para los nostálgicos que encontramos
placer en mirar y dibujar. Los observadores visuales no somos la última
patrulla perdida sino unos maduros caballeros de la antigua selenografía.
Elger,
Thomas G: “Lunar Work for Amateurs”, Astronomical
Society of the Pacific, June 13, 1891, Vol. 3, No. 16 (June 13, 1891), pp.
162-172 (available on: https://www.jstor.org/stable/pdf/40669839.pdf
).
Manasek,
Francis J.: “Treatise on Moon Maps Visual Studies on Paper, 1610-1910” (2022).
jueves, 9 de julio de 2026
NÚMERO ESPECIAL DE "EL MENSAJERO DE LA LUNA": VALLIS ALPES
Amigos de la Sociedad
Lunar Argentina;
Compartimos un
número especial (el número 63) de nuestra revista, dedicado a Vallis Alpes, el
gran cañón de la Luna. Es
uno de los accidentes lunares más reconocibles, porque evoca similitudes con el
paisaje terrestre. Pero este desfiladero que divide Montes Alpes y que une Mare
Frigoris con Mare Imbrium es único en su especie, no se repite en la Luna.
Compartimos imágenes de esta fosa tectónica para estudiar sus detalles,
incluida la grieta central (famosa como test de la resolución de los
telescopios), así como de las espléndidas montañas cercanas, que se elevan
dramáticamente sobre la orilla de Mare Imbrium.
Links para ver y/o
descargar:
https://drive.google.com/file/d/1wbsYd0TcJbBTrMk5pBXB9ZvUYnYqQufs/view?usp=sharing
Todos los números de “El
Mensajero de la Luna”:
https://archive.org/details/@sociedad_lunar_argentina
miércoles, 8 de julio de 2026
Cuando la Luna abrazó a Venus: una noche de unión bajo el cielo de Bolivia
POR MARCELO MOJICA
La tarde/noche del 17 de junio de
2026 quedará grabada en la memoria de muchos observadores bolivianos como una
de esas fechas que parecen sencillas en los calendarios astronómicos, pero que
en el corazón adquieren una dimensión mucho más profunda. Aquella noche, la Luna
y Venus protagonizaron una hermosa conjunción visible desde gran parte del
planeta. Sin embargo, más allá de la mecánica celeste, ocurrió algo mucho más
importante: cientos de kilómetros desaparecieron y decenas de personas quedaron
unidas bajo un mismo cielo.
Desde Cochabamba hasta Potosí,
aficionados a la astronomía dirigieron sus miradas hacia el oeste, poco después
de la puesta del Sol. Allí, suspendidos sobre el crepúsculo, se encontraban los
dos protagonistas de la noche: una delicada Luna creciente y el brillante
Venus, el astro más luminoso del firmamento después del Sol y nuestro satélite
natural. Fig.1.
IMAGES 1 Dos imágenes
obtenidas por Marcelo Mojica utilizando una cámara Canon SX40 HS con zoom de
80X. Se sobre expuso la imagen de la
izquierda para lograr visualizar la denominada “Luz Cenicienta” y la imagen de
la derecha es con una correcta exposición para mostrar los detalles de los
cráteres
Entre quienes participaron en la observación había jóvenes de apenas 13 años y observadores experimentados de más de 50. Algunos utilizaron telescopios, otros binoculares, cámaras fotográficas con teleobjetivos, celulares, o simplemente sus propios ojos. Pero en aquel instante todos compartían exactamente la misma emoción: la sensación de pertenecer a algo inmenso y eterno.
La astronomía posee esa
extraordinaria capacidad de borrar diferencias. No importa la edad, la
profesión, el lugar de residencia o la experiencia acumulada. Cuando levantamos
la vista hacia el firmamento nos convertimos nuevamente en exploradores. Volvemos
a ser aquellos seres humanos primitivos que contemplaban el cielo con asombro y
buscaban comprender los mensajes escritos entre las estrellas.
Y precisamente esa conexión con
nuestros ancestros fue imposible de ignorar durante esta conjunción.
Mucho antes de la existencia de
los telescopios, antes de los observatorios, antes incluso de la escritura,
nuestros antepasados observaban cuidadosamente los movimientos de la Luna y de
Venus. Diversos estudios arqueológicos sugieren que numerosos pueblos
prehistóricos representaron fenómenos celestes en pinturas rupestres y grabados
sobre piedra. Investigaciones sobre arte rupestre han identificado símbolos
relacionados con la Luna, ciclos celestes y posibles observaciones planetarias,
mostrando que el interés humano por los fenómenos astronómicos tiene miles de
años de antigüedad. Algunos especialistas han encontrado evidencias de
representaciones asociadas a ciclos lunares y a observaciones de Venus en
diferentes culturas antiguas. [1]
Resulta emocionante imaginar a
aquellos observadores prehistóricos contemplando una escena muy similar a la
que admiramos nosotros el 17 de junio. Quizás una pequeña comunidad reunida
alrededor del fuego observaba cómo la fina hoz lunar se acercaba visualmente a
una brillante estrella vespertina. Tal vez desconocían la verdadera naturaleza
de ambos cuerpos, pero sin duda experimentaban el mismo sentimiento que
nosotros: admiración.
La historia humana está llena de
registros relacionados con Venus. Este planeta ha fascinado a prácticamente
todas las civilizaciones conocidas. Los antiguos pueblos de Mesopotamia lo
asociaron con divinidades celestes y desarrollaron símbolos específicos para
representarlo. [2] La observación sistemática de Venus fue tan
importante que muchas culturas llegaron a registrar cuidadosamente sus
apariciones y desapariciones en el cielo.
La Luna, por su parte, ha sido la
compañera inseparable de la humanidad desde el inicio de los tiempos. Sus fases
marcaron calendarios, cosechas, migraciones y ceremonias. Durante miles de
generaciones ha acompañado nuestros sueños, nuestras preguntas y nuestros
miedos. Cuando ambos astros aparecen juntos en una conjunción, sentimos
intuitivamente que estamos presenciando algo especial, algo que conecta el
presente con una herencia cultural que se extiende hasta los albores de la
civilización.
Esa noche de junio, mientras las
cámaras capturaban imágenes y los telescopios mostraban detalles cada vez más
finos, ocurrió algo difícil de describir con palabras. No observábamos
solamente dos cuerpos celestes alineados desde nuestra perspectiva terrestre.
Observábamos una historia que lleva miles de años desarrollándose.
La luz de Venus que llegó a
nuestros ojos había viajado durante varios minutos desde un mundo cubierto por
densas nubes. La luz reflejada por la Luna había recorrido aproximadamente
384.000 kilómetros para encontrarnos. Y, sin embargo, ambas parecían encontrarse
allí, tan cerca una de la otra, como si estuvieran participando en una danza
cuidadosamente ensayada para nosotros.
Las fotografías obtenidas por los
aficionados bolivianos capturaron mucho más que una configuración astronómica.
Capturaron la emoción de una comunidad unida por la curiosidad y el deseo de
conocer. Capturaron las sonrisas silenciosas que aparecen cuando alguien
contempla por primera vez un fenómeno celeste. Capturaron la certeza de que aún
vivimos en un universo capaz de sorprendernos.
Vivimos en una época
extraordinaria. Disponemos de tecnología que nuestros antepasados jamás habrían
imaginado. Podemos fotografiar planetas, registrar nebulosas distantes y
compartir imágenes instantáneamente con personas situadas a cientos de
kilómetros. Sin embargo, la esencia permanece intacta.
Seguimos maravillándonos.
Seguimos sintiendo un pequeño
estremecimiento cuando Venus aparece brillante en el crepúsculo. Seguimos
observando la Luna con la misma mezcla de curiosidad y admiración que sintieron
incontables generaciones antes que nosotros. Y seguimos reuniéndonos para
compartir esos momentos.
La conjunción de la Luna y Venus
del 17 de junio de 2026 fue, en términos astronómicos, un fenómeno
relativamente frecuente. Las leyes orbitales garantizan que configuraciones
similares volverán a repetirse en el futuro. Pero ninguna será exactamente igual
a esta.
Porque esta conjunción tuvo los
rostros de los aficionados de Cochabamba y Potosí. Tuvo la energía de los
jóvenes que comienzan a descubrir el universo y la experiencia de quienes
llevan décadas observándolo. Tuvo el entusiasmo de quienes prepararon sus equipos
y la emoción de quienes simplemente levantaron la vista hacia el horizonte.
Y, sobre todo, tuvo la capacidad
de recordarnos algo fundamental: que el universo sigue siendo una fuente
inagotable de belleza. Quizás esa sea la mayor lección de la astronomía. Mientras
existan personas dispuestas a mirar hacia arriba, mientras haya niños y adultos
capaces de detenerse unos minutos para contemplar el cielo, las maravillas del
cosmos continuarán despertando nuestra imaginación. Así ocurrió hace miles de
años frente a las paredes de roca donde quedaron grabados los primeros símbolos
celestes. Así ocurrió el 17 de junio de 2026 en los cielos de Bolivia. Y así
seguirá ocurriendo mientras la Luna continúe recorriendo su órbita y Venus siga
brillando en el crepúsculo, invitándonos una y otra vez a recordar que formamos
parte de algo infinitamente más grande que nosotros mismos.
Bibliografía.
1.
https://www.acta.es/medios/articulos/ciencias_y_tecnologia/062033.pdf
2.
https://historia.nationalgeographic.com.es/a/mesopotamia-ciencia-estrellas_24873
Galería.
Aportes de los astrónomos
Aficionados de Potosí y Cochabamba:
IMAGE 2.- A la izquierda la imagen obtenida por Ariana
Garcia y a la derecha por Ralf Schlitt, ambas con celulares.
IMAGE 3.- Imagen obtenida por María Renée Rico con celular
OnePlus 15R
IMAGE 4.- Imagen obtenida por Joaquín Triveño, Nikon d7500 - lente Nikon AF-S FX NIKKOR
800mm f/5.6E FL
IMAGE 5.- Imagen obtenida por Libert Arrueta, Refractor Celestron StarSense 102mm, Celular Redmi note 13 pro
IMAGE 6.- Imagen obtenida por Kevin Flores Poco F5, Xiaomi
IMAGE 7.- Imagen obtenida por Drakmer Rodríguez.
Binoculares 7X35 y celular Poco
martes, 7 de julio de 2026
CONFERENCIA ALPO 2026
lunes, 6 de julio de 2026
LOS DORSA DEL MARGEN ORIENTAL DE MARE HUMORUM
Traducción
del texto aparecido en la edición de junio 2026 de “The Lunar Observer”
En
ediciones anteriores de nuestra revista nos hemos referido a los poco
prominentes dorsa que pueden observarse en Mare Humorum. IMAGE 1 es el registro
de la observación del sistema de dorsa del margen oriental de Mare Humorum
cerca del terminador (colongitud 34.7º).
Lo que me pareció sumamente interesante es que se veía una especie de
“super dorsum” al oeste de Hippalus A (8 kms de diámetro), que es el cráter en
la zona inferior izquierda. Por “super dorsum” me refiero a un dorsum mucho más
ancho de lo normal, que parecía tener lugares elevados (o crestas) en los dos
márgenes, de manera bastante simétrica. En el interior se veían sombras leves
que indicaban depresiones como barrancas. Cuando ajustamos un poco la vista,
nos percatamos de que en realidad eran dos dorsa unidos entre sí, como en una
especie de plataforma o meseta. En el dibujo de IMAGE 1 no pude reproducir las
diferencias de altura en esa “meseta”, pero en las notas en mi dibujo en el
cuaderno de observaciones asenté que “dentro de la estructura con dos
elevaciones, la elevación más alta es la del este. IMAGE 2 (perteneciente a la página 273 del Volumen 2 del “Photographic Lunar Atlas
for Moon Observers” de Kwok Pau, es la imagen más parecida que
encontré a mi observación. En IMAGE 2 marqué con un cuadrado negro la zona
correspondiente a la observación de IMAGE 1. En IMAGE 2 podemos ver zonas más
sombreadas que indican una pendiente “aterrazada” entre los dos dorsa del
extremo superior izquierdo de la imagen. Visualmente se notaba claramente el
relieve escalonado, que también podemos ver en IMAGE 3 (Lunar Reconnaissance
Orbiter), que a la derecha tiene el perfil del relieve de los 3 dorsa, vemos
como los dos de la derecha están unidos, más alto el del extremo este, luego se
ve un declive pronunciado y luego el perfil del dorsum occidental, más cercano
al terminador.
Estos 3 dorsa no son los típicos dorsa producidos por fuerzas tectónicas de compresión, sino más bien forman parte de uno de los anillos de la cuenca Humorum, las únicas partes del relieve de la vieja cuenca luego inundada por la lava que sobreviven. Este anillo según Garfinkle, es el más interno de la cuenca: “El anillo más interno de los cuatro anillos de la cuenca está completamente enterrado. Conocemos este anillo porque, tras el emplazamiento de la lava, su peso provocó la compactación de las capas subyacentes. Esto creó zonas de alta tensión en las laderas del anillo de la cuenca, pero no en su borde. Ahora podemos ver la mayor parte del contorno de este anillo en forma de dorsa casi circunferenciales, principalmente en la mitad oriental del mar”. El siguiente anillo, hacia el exterior, es la orilla de Mare Humorum.
A
diferencia de sus “primos”, generados por fuerzas tectónicas de compresión,
estos dorsa no presentan su complicada topografía interna. Creo que ni siquiera
correspondería hablar de “crestas”, ya que no migran de un margen a otro ni
tampoco aparecen en el centro del arco ni tampoco presentan el patrón “en
escalera” típico de dorsa más complejos. Lo que marqué como zonas brillantes
son simplemente zonas más elevadas, seguramente menos escarpadas que las
crestas de los dorsa formados por compresión tectónica. Estas elevaciones
parecen ser simétricas en cuanto a su ubicación, aunque aparecen en márgenes
distintos. El dorsum más cerca del terminador, en cambio, parece tener una
topografía más clásica (más sinuosos, presenta bifurcaciones). Lo que marqué
como una zona brillante en su centro no era una elevación ni una cresta, sino
que es el cráter Puiseux D (7 kms de diámetro), que se encuentra en su centro y
que no pude resolver con mi pequeño telescopio. Otro ejemplo de un dorsum
atravesados por cráteres, una asociación seguramente aleatoria, pero que no
deja de ser sugestiva. Cuando todavía no se conocía nada sobre el origen de los
dorsa, Elger registró esta cuestión en su “The Moon” de 1895: “Una peculiaridad
sugerente de muchos de los dorsa lunares, tanto en maría como en otros lugares,
es que generalmente se encuentran asociadas con cráteres de todos los tamaños.
Ejemplos de este hecho se dan casi en todas partes. Con frecuencia se
encuentran pequeños cráteres en las cumbres de estas elevaciones, pero más a menudo
en sus flancos y cerca de su base. Donde un dorsum cambia repentinamente de
dirección, un cráter de cierta prominencia generalmente marca el punto,
formando a menudo un nodo o punto de cruce de otras crestas, que de este modo
parecen irradiar desde él como un centro. A veces se introducen dentro de las montañas
anulares más pequeñas, atravesando huecos en sus paredes, como, por ejemplo, en
los casos de Madler, Lassell, etc.”. Elger propone dos hipótesis sobre el
origen de los dorsa. La primera es la más original: se habrían originado por la
acción aluvional, y para ello partía de la concepción imperante sobre los maria
lunares en la época: “si pudiéramos creer que los maria, como ahora las vemos,
son lechos marinos secos”. Elger citaba el trabajo del “El difunto profesor
Phillips, el geólogo, que dedicó mucha atención al examen telescópico de las
características físicas de la luna, comparó las crestas lunares con montículos
largos, bajos y ondulados, de origen algo dudoso, llamados "kames" en
Escocia y "eskers" en Irlanda, donde en la llanura central baja se
encuentran comúnmente en forma de bancos extendidos (principalmente de grava),
con lados más o menos empinados, que se elevan a alturas de 20 a 70 pies. A
veces tienen solo unos pocos metros de ancho en la parte superior, mientras que
en otros lugares se extienden en grandes jorobas, que tienen cavidades
circulares u ovaladas en sus cumbres, de 50 o 60 metros de ancho y hasta 40
pies de profundidad. Al igual que las crestas lunares, se bifurcan y muestran
muchas rupturas de continuidad. Algunos geólogos creen que representan antiguos
bancos submarinos formados por corrientes de marea, como barras de puerto, y
otros que son depósitos glaciares (…) Su parecido externo con algunas de las
crestas de la Luna es incuestionable”. La segunda opción es que tengan origen
volcánico: “su estrecha conexión con centros de actividad volcánica y la
cantidad de pequeños cráteres sobre o cerca de su trazado apuntan a la
suposición de que consisten más bien en material exudado de fisuras extensas en
la corteza de los mares y en otras superficies donde se superponen”. Esta
segunda opción parece bastante más moderna y es considerada entre las hipótesis
posibles de formación de los dorsa.
Elger
agrega una hipótesis sobre el origen de otro tipo de dorsa, similares a los de
Mare Humorum a los que nos referimos: “Sin embargo, no estamos obligados a
suponer que todas las múltiples ondulaciones observadas en las llanuras lunares
se deban a una misma causa; de hecho, es evidente que algunas son simplemente
indicios externos de descensos repentinos en la superficie, como en el caso de
las crestas que rodean el margen occidental del Mare Nectaris, y en otras
situaciones, donde el hundimiento se manifiesta mediante formaciones que
adoptan el aspecto externo de crestas ordinarias, pero que en realidad tienen
un carácter estructural muy diferente”. Es fascinante como Elger reconoce
visualmente los signos de hundimiento del terreno, que es lo que se observa
visualmente cerca del terminador en el caso del margen oriental de Mare
Humorum.
Al
extremo sur vemos el accidente más elevado de la zona, como podemos deducir de
la prolongada sombra que proyecta y porque su parte superior brillaba
intensamente. Se trata de Promontorium Kelvin, en palabras de Garfinkle: “Este
promontorio Kelvin, de forma triangular y perteneciente a la era preimbriana,
se eleva desde la llanura de la costa sureste del Mare Humorum. La montaña
tiene unos 25 km (15,5 millas) de ancho y unos 43 km (26,7 millas) de largo (de
norte a sur) (…) La línea costera sureste se eleva abruptamente en la pared de
Rupes Kelvin y la lava fluyó alrededor del promontorio, separándolo
básicamente, excepto por un pequeño puente de tierra, del “continente”, y
dejándolo erguido sobre el mare como una isla cónica”. Durante mi observación
anoté en mi cuaderno un detalle que no pude representar gráficamente en la zona
de lavas entre Promontorium Kelvin y el dorsum menos prominente que corre al
norte: “Esta zona es tan lisa como si fuera arena”. Es difícil atribuir una
razón a esta impresión subjetiva. Claro, la causa objetiva es que las lavas de
Mare Humorum son jóvenes, porque poseen pocos cráteres en el suelo (como dice
Garfinkle), pero esta zona especialmente parece ser extraordinariamente lisa y
homogénea.
REFERENCIAS
Elger, Thomas G. (1895), The Moon, George Philip &
son, London.
Garfinkle, Robert (2020), Luna Cognita, Springer, New
York.
Pau, Kwok The Photographic Lunar Atlas for Moon Observers
(Second Edition). Available at: http://lunaratlas.bl...is-returned.htm
IMAGEN1
Name
and location of observer: Alberto Anunziato (Paraná, Argentina).
Name
of feature: EAST OF MARE HUMORUM
Date
and time (UT) of observation: 2026-03-28 23.55 to 00.15 UT
Size
and type of telescope used: 105 mm. Maksutov-Cassegrain
(Meade EX 105) .
Magnification:
154X
IMAGEN 2:
Photographic Lunar Atlas for Moon Observers de Kwok C. Pau
IMAGEN 3: Lunar
Reconnaissance Orbiter Quickmap.
sábado, 4 de julio de 2026
LA LUNA DESDE SANTA FE
Desde la ciudad de Santa Fe, República Argentina, el observador Ignacio Podestá continúa observando metódicamente la Luna y nos ha reportado estas estupendas imágenes lunares para nuestros programas de observación, obtenidas con un Telescopio Refractor COOKE & SONS DE 1912 109 mm y una distancia focal de 1650 mm (que equivale a una relación focal de f/15) y una Cámara CCD: ZWO ASI120MM Mini. Las observaciones se realizaron del Observatorio y Planetario del Centro de Observadores del Espacio (CODE).
lunes, 29 de junio de 2026
LA LUNA DESDE FORMOSA
Raúl Roberto Podestá (Observador Destacado Liada) ha reportado estas excelentes imágenes lunares para los programas de observación de nuestra institución, obtenidas desde el Observatorio Nova Persei II de la ciudad de Formosa (República Argentina):





































