sábado, 11 de julio de 2026

ALGUNAS IDEAS SOBRE EL VALOR DE LA OBSERVACIÓN VISUAL DE LA LUNA


 

Traducción del texto aparecido en la edición de Junio 2026 de “The Lunar Observer”

 

Imagen extraída de Manasek, Francis J.: “Tratado sobre mapas lunares: Estudios visuales en papel, 1610-1910”: “En 1647, Johannes Hevelius publicó su monumental obra sobre la Luna, Selenographia: sive, Lunæ descriptio”, el principal atlas lunar del siglo XVII. Una parte del cuadrante inferior derecho, muy ampliada, de su Mapa P muestra dos ángeles, uno observando a través de un telescopio y el otro tomando notas”.

 

Recientemente pude disfrutar dos encuentros del podcast de ALPO (The Observers Notebook) referidos a un tema que me interesa mucho, la observación visual lunar y planetaria. En el episodio 234 Mary McIntyre nos mostraba su asombrosa técnica en el dibujo de los accidentes selenográficos a partir de la observación visual, y en el episodio 232 Daniel Mounsey nos enseñaba como “una buena observación planetaria no se trata de perseguir equipos o condiciones perfectas, sino de paciencia, percepción y comprensión de la atmósfera que nos rodea” (la cita es de la descripción del video en Youtube), lo que es la base del ALPO’s Lunar and Planetary Training Program. Y cómo suelo colaborar en esta, nuestra revista, con observaciones visuales de la Luna documentadas con sketchs, The Observers Notebook Podcast me hizo pensar, una vez más, acerca del valor actual de la observación visual lunar.

EL NO TAN LEJANO PREDOMINIO DE LA OBSERVACIÓN VISUAL

No debemos olvidar que buena parte de los conocimientos que tenemos de la Luna provienen de la observación visual, desde la primera observación telescópica de la historia de Galileo Galilei en 1609, que demostró la tesis de Plutarco de que la Luna era similar a la Tierra. En los 3 siglos que median entre 1609 y 1895, año de publicación del maravilloso “The Moon” de Thomas Elger, miles de observadores dedicados sacrificaron miles de noches (y algunos sus propias vidas) a la dificultosa tarea de observar y dibujar. En el libro de Elger de 1895 hay una descripción increíblemente precisa de la superficie de la cara visible, que permitió que los astrónomos pudieran dedicarse al análisis geológico más que a la descripción topográfica. Aún en el pasado siglo XX, la observación visual continuó siendo más precisa que la fotográfica. El primer uso de una cámara astronómica CCD fue en 1976 pero fue mucho más adelante que su uso se popularizó entre los astrónomos amateur, sobre todo en nuestro siglo. Con imágenes tan impresionantes como los ejemplos que vemos de los amigos de ALPO en cada número de The Lunar Observer, poco campo parece quedar para la observación visual. ¿La observación fotográfica se impuso? Obviamente que sí, viendo estas estupendas imágenes y todas las que se reportan a las secciones lunares de nuestra asociación, no solamente por su belleza sino también por su valor científico.

CÓMO ADQUIRIMOS INFORMACIÓN EN LA OBSERVACIÓN VISUAL

Al momento de la observación visual el observador accede a más información (es decir, a más detalles) que la que registra finalmente en el papel. El observador hace una selección de la información que va a volcar en su registro, sabiendo (consciente o inconscientemente) que lo que no se registra se pierde. Por eso, siempre ha sido importante saber lidiar con la selección de la información que el observador considera valiosa y merecedora de ser registrada en su dibujo o descripción.

Antaño, la información que se privilegiaba era la forma y la ubicación de los accidentes selenográficos observados. En un texto clásico, como “Lunar work for amateurs” (1891) de Thomas Elger, leemos que “La primera consideración es, por supuesto, la precisión, y luego la exhaustividad. La posición de cada elemento mostrado debe fijarse mediante medición micrométrica o mediante una alineación cuidadosa, y su tamaño aparente debe estimarse, ya sea en términos del diámetro de la formación con la que está asociado, o del de algún otro objeto cuyas dimensiones relativas se hayan determinado de esa manera”. Hoy podemos seleccionar otros aspectos, dado que la información “posicional” ya no necesita ser registrada visualmente.

Debemos tener en cuenta, además, que la observación visual aun hoy conserva los sesgos observacionales de su época dorada (antes del predominio de la fotografía): a) subjetividad en la interpretación de lo que se ve a través del telescopio, b) variación del grado de agudeza visual del observador, c) grado de conocimientos previos que determinan la selección del objetivo, d) habilidad para registrar en el papel lo que se ve en el ocular. La selección es fundamental porque se registran los rasgos que se consideran esenciales, no todos, por eso es fundamental tener claro qué registrar y cómo nuestra observación selecciona información que se añada a la existente, grado de práctica en el dibujo y la explicación de lo que se observa.

CÓMO ADQUIRIMOS INFORMACIÓN CON LA IMAGEN FOTOGRÁFICA

Cuando observamos utilizando una cámara fotográfica, los problemas que enunciamos anteriormente se reducen prácticamente a cero: no hay subjetividad ni previa a la producción de la imagen, ni en la producción misma de la misma, la subjetividad se reduce al apilado y procesado de la imagen. Luego del procesado, la información que contiene la imagen se amplía enormemente (al aumentar la nitidez).

DIFERENCIAS ENTRE OBSERVACIÓN VISUAL Y FOTOGRÁFICA

El observador visual concentra su atención al momento de la observación, en el ocular, seleccionando según un marco teórico conceptual previo, la información que debe ser registrada. El observador fotográfico reparte su atención entre la elección del objetivo de la toma y, sobre todo, en el procesado posterior.

VENTAJAS DE LAS IMÁGENES FOTOGRÁFICAS

Además de anularse casi por completo los aspectos relacionados con la subjetividad del observador, la imagen fotográfica otorga certeza sobre tamaño y ubicación de los accidentes selenográficos, permite que la información obtenida de la observación se comparta, multiplicando su valor, ya que otros observadores pueden usarla (ampliando la imagen o jugando con los contrastes) para otros usos distintos al que el observador original tenía en mente. La información obtenida de la observación fotográfica es claramente más valiosa, porque es más objetiva. Lo que nos lleva a la siguiente pregunta.

¿ES TODAVÍA VALIOSA LA OBSERVACIÓN VISUAL?

Yo creo que sí, y no solamente por nostalgia de una gran tradición y goce estético de contemplar la Luna (más que observar). Estas dos razones me bastarían, ya que somos aficionados y nuestra primera motivación es disfrutar. Creo, sin embargo, que hay otras razones que demuestran que la observación visual puede aportar datos valiosos sobre la Luna. A continuación, enumeramos algunas:

1.-MULTIPLICAR LAS OBSERVACIONES

Esta razón quizás es poco evidente para nuestros amigos europeos y norteamericanos, pero en muchos países los costos en equipo astronómico realmente comprometen la economía familiar. El prejuicio de que solamente es valiosa la observación fotográfica disuade de la observación a quién solo tiene un telescopio y no puede realizar más gastos. En varias ocasiones he escuchado a aficionados con telescopio afirmar que están esperando poder comprarse su cámara para aportar observaciones. Y muchos aficionados (y también divulgadores y científicos) de países como el mío, Argentina, difunden la idea de que la astronomía es “un hobby caro”. Trato en la medida de mis fuerzas de luchar contra este prejuicio elitista, y si las razones que aduzco más adelante fueran verdaderas, la observación visual sumaría muchos aficionados inteligentes y dedicados de países menos desarrollados.

2.-MAYOR SENSIBILIDAD

¿Hay aspectos que el ojo humano pueda captar con más sensibilidad que las cámaras? Esto era una verdad obvia hasta hace pocos años, es decir, hasta la llegada de los sensores CCD. Pero todavía es parcialmente cierto. En 2022 mi presentación a la Conferencia Anual de ALPO se refirió a la vigencia de la observación visual y recuerdo que Anthony Cook me comentó que un observador visual experimentado puede superar en resolución a una cámara CCD (no así en precisión, se entiende). Esto me parece bastante obvio en ciertos aspectos, como grados de brillos y sombras.

3.-MEJORAS GRATIS

El sistema ojo-cerebro puede mejorar con el entrenamiento y el conocimiento previo en mayor grado de lo que puede progresar el sistema camera-software mejorando el procesado. Ya lo dijo Elger en el trabajo citado: “Se ha dicho con razón que el valor de un telescopio de cierto tamaño, como medio de investigación, depende menos de su apertura real que del observador, y en ninguna rama de la astronomía observacional se ejemplifica mejor la veracidad de esta afirmación que en la selenografía (…) El entrenamiento recibido por el ojo, incluso en tan poco tiempo, equivalía, de hecho, a un notable aumento en la capacidad óptica y de emisión de luz del telescopio”. Tanto con el entrenamiento visual que da la experiencia, a que se refiere Elger, cuanto con la ampliación de lo que conocemos sobre la Luna (marco teórico previo), mejoramos la observación visual de manera gratuita.

LA PRUEBA FOTOGRÁFICA.

Hoy la observación visual tiene ventajas respecto a los épicos y gloriosos años de la observación visual antes de las misiones espaciales a la Luna y del auge de las imágenes fotográficas con equipos dotados de sensores CCD.

A) Hoy observamos con un marco conceptual previo, con una carga teórica de la observación, que permite maximizar la información que obtenemos visualmente. Los grandes observadores visuales del pasado trazaron mapas de increíble precisión y realizaron descripciones de los accidentes selenográficos increíblemente acertadas (como las de Thomas Elger en “The Moon”) sin saber nada sobre los procesos geológicos que formaron los accidentes que descubrían. Además, tenían que ser sumamente precisos: los mapas dependían de dicha precisión (en observación y dibujo). Hoy no tenemos que preocuparnos por la precisión topográfica, ya tenemos instrumentos como el Lunar Reconnaissance Orbiter Quickmap. Hoy sabemos casi todo sobre los procesos geológicos que formaron la superficie de la Luna, por lo que percibimos con más precisión.

B) Hoy podemos confirmar lo que observamos con imágenes fotográficas y la increíble cantidad de datos disponibles, por ejemplo, con el LRO Quickmap. Si vemos un círculo oscuro podemos verificar si es un cráter enterrado, si vemos una zona brillante sobre un dorsum podemos verificar su altura con los datos del altímetro del LRO Quickmap.

UN NUEVO PARADIGMA PARA LA OBSERVACIÓN VISUAL

Hoy conocemos la superficie de la Luna con un grado de detalle enorme, nuestras observaciones son casi innecesarias, pero todavía las observaciones desde Tierra con luz oblicua pueden mejorar las imágenes en órbita con luz frontal (como el estudio de los domos). Un nuevo paradigma para la observación visual podría ser partir de: a) la selectividad del observador visual, y b) confirmar fotográficamente la información.

a)      El observador visual debe saber interpretar lo que ve y seleccionar lo importante de acuerdo a lo que busca; para ello es fundamental enmarcar nuestras observaciones en programas de observaciones. Ya lo decía hace más de un siglo Elger: “Se necesita cierta experiencia para apreciar el verdadero carácter de los detalles lunares; por ejemplo, para evitar confundir un valle estrecho o una grieta con una cresta, la sombra de una masa montañosa con una depresión profunda, un hueco entre rocas con un verdadero cráter, etc.; y también es muy necesario comprender el tamaño real de los objetos examinados”. Por ello, es fundamental el papel del mentor, del que sabe más que el observador, del que diseña el programa. ALPO es fundamental en ese sentido. Yo soy testigo de eso. Entre los aficionados de mi país, Argentina, hace 11 años (cuando empezamos reportar nuestras observaciones a The Lunar Observer), la Luna no era más que el primer objetivo en el aprendizaje de la astrofotografía (cuyo objetivo son los objetos de espacio profundo). Como nunca me interesó la astrofotografía por sí misma, siempre busqué conocer más sobre astronomía amateur, y haber encontrado “The Lunar Observer” online, abrió un enorme tesoro de conocimientos, posibilidades de participar de programas de observación, un grupo de expertos dispuestos a compartir lo que saben y poder ser parte de una tradición.

b)      A través de imágenes de otros observadores y datos científicos como los del LRO Quickmap. Muchas veces vemos detalles que la observación fotográfica (probablemente por el procesado) no registra. El sistema cerebro-ojo sigue siendo una poderosa herramienta observacional. Si sabemos interpretar lo que vemos y registrar, por ejemplo, algo anómalo, podemos recurrir a las fotografías y confirmar en ellas ese detalle anómalo, o bien recurrir a los datos del LRO Quickmap y ver si lo podemos confirmar. Podemos decir que, sin confirmación fotográfica la observación visual hoy no es válida.

Es por estas razones que suelo acompañar mis dibujos con imágenes fotográficas de la zona observada. No es solamente porque de esa manera suplo las deficiencias de mi mano en el dibujo y facilito la interpretación de mi dibujo por el lector, sino también porque conociendo con precisión el relieve de la zona podemos entender mejor la información obtenida visualmente.

LA OBSERVACIÓN VISUAL DE IMÁGENES FOTOGRAFICAS

El entrenamiento visual del observador al que se refería Elger repercute también al momento de interpretar las imágenes fotográficas, el ojo ávido del observador recorre la superficie de la foto como recorre la superficie captada en el campo del ocular, con la ventaja de que puede ampliar la imagen fotográfica aumentando la información a costa de perder solamente un poco de nitidez. Hay mucha información topográfica esperando a ser descubierta en las imágenes lunares.

EL FUTURO: LA OBSERVACIÓN VISUAL DE IMÁGENES EN SUPERFICIE

Y el ávido ojo del observador también puede acceder a las imágenes que algunas sondas en descenso a la superficie han captado, como la sonda india Vikram hace poco tiempo. Son imágenes sin pretensiones científicas, pero que documentan zonas que aparecen en primer plano, mucho más cerca que las sondas en órbita lunar. Y si entrenamos nuestro ojo detrás del ocular, tratando de llegar a esos diminutos detalles, nuestra vista se soslaza en esos inmensos primeros planos. Y espero ansiosamente el futuro no tan lejano, en que cámaras de última generación montadas en rovers de exploración accedan a detalles de formaciones que hoy conocemos “desde arriba”. Creo que será una magnífica oportunidad de hacer ciencia ciudadana con habilidades de observador, interpretando imágenes en primer plano.

UN RETORNO A LA COROGRAFÍA

Es probable que asistamos a un renacer de lo que Manasek llama la “aproximación corográfica” de la selenografía clásica: cada observación suma un detalle al panorama completo de una región particular de tamaño cada vez más reducido, tendiendo más a la descripción minuciosa y comprensión de una zona pequeña que a la descripción sistemática de lo totalidad.

UN ÚLTIMO APORTE

La observación visual, o más bien la observación detallada, de la Luna, todavía es valiosa por cuanto un observador experimentado puede reconocer y seleccionar un detalle anómalo en lo que observa e iniciar un análisis posterior de la zona con el material teórico y observacional a su disposición. La observación visual dispara una búsqueda fotográfica que confirme lo observado. Luego pasamos al soporte teórico para saber si hay explicación para la presunta anomalía.

En síntesis, la observación visual (cuyo aporte ha sido fundamental para el conocimiento de la luna) hoy ha sido superada por la imagen fotográfica, pero su uso todavía puede ser marginalmente valioso como una actividad para los nostálgicos que encontramos placer en mirar y dibujar. Los observadores visuales no somos la última patrulla perdida sino unos maduros caballeros de la antigua selenografía.

REFERENCIAS:

Elger, Thomas G: “Lunar Work for Amateurs”,  Astronomical Society of the Pacific, June 13, 1891, Vol. 3, No. 16 (June 13, 1891), pp. 162-172 (available on: https://www.jstor.org/stable/pdf/40669839.pdf ).

Manasek, Francis J.: “Treatise on Moon Maps Visual Studies on Paper, 1610-1910” (2022).

 

jueves, 9 de julio de 2026

NÚMERO ESPECIAL DE "EL MENSAJERO DE LA LUNA": VALLIS ALPES

 

Amigos de la Sociedad Lunar Argentina;

Compartimos un número especial (el número 63) de nuestra revista, dedicado a Vallis Alpes, el gran cañón de la Luna. Es uno de los accidentes lunares más reconocibles, porque evoca similitudes con el paisaje terrestre. Pero este desfiladero que divide Montes Alpes y que une Mare Frigoris con Mare Imbrium es único en su especie, no se repite en la Luna. Compartimos imágenes de esta fosa tectónica para estudiar sus detalles, incluida la grieta central (famosa como test de la resolución de los telescopios), así como de las espléndidas montañas cercanas, que se elevan dramáticamente sobre la orilla de Mare Imbrium.

Links para ver y/o descargar:

https://drive.google.com/file/d/1wbsYd0TcJbBTrMk5pBXB9ZvUYnYqQufs/view?usp=sharing

Todos los números de “El Mensajero de la Luna”:

https://archive.org/details/@sociedad_lunar_argentina


miércoles, 8 de julio de 2026

Cuando la Luna abrazó a Venus: una noche de unión bajo el cielo de Bolivia

 POR MARCELO MOJICA

La tarde/noche del 17 de junio de 2026 quedará grabada en la memoria de muchos observadores bolivianos como una de esas fechas que parecen sencillas en los calendarios astronómicos, pero que en el corazón adquieren una dimensión mucho más profunda. Aquella noche, la Luna y Venus protagonizaron una hermosa conjunción visible desde gran parte del planeta. Sin embargo, más allá de la mecánica celeste, ocurrió algo mucho más importante: cientos de kilómetros desaparecieron y decenas de personas quedaron unidas bajo un mismo cielo.

Desde Cochabamba hasta Potosí, aficionados a la astronomía dirigieron sus miradas hacia el oeste, poco después de la puesta del Sol. Allí, suspendidos sobre el crepúsculo, se encontraban los dos protagonistas de la noche: una delicada Luna creciente y el brillante Venus, el astro más luminoso del firmamento después del Sol y nuestro satélite natural. Fig.1.

 


IMAGES 1  Dos imágenes obtenidas por Marcelo Mojica utilizando una cámara Canon SX40 HS con zoom de 80X.  Se sobre expuso la imagen de la izquierda para lograr visualizar la denominada “Luz Cenicienta” y la imagen de la derecha es con una correcta exposición para mostrar los detalles de los cráteres

Entre quienes participaron en la observación había jóvenes de apenas 13 años y observadores experimentados de más de 50. Algunos utilizaron telescopios, otros binoculares, cámaras fotográficas con teleobjetivos, celulares, o simplemente sus propios ojos. Pero en aquel instante todos compartían exactamente la misma emoción: la sensación de pertenecer a algo inmenso y eterno.

La astronomía posee esa extraordinaria capacidad de borrar diferencias. No importa la edad, la profesión, el lugar de residencia o la experiencia acumulada. Cuando levantamos la vista hacia el firmamento nos convertimos nuevamente en exploradores. Volvemos a ser aquellos seres humanos primitivos que contemplaban el cielo con asombro y buscaban comprender los mensajes escritos entre las estrellas.

Y precisamente esa conexión con nuestros ancestros fue imposible de ignorar durante esta conjunción.

Mucho antes de la existencia de los telescopios, antes de los observatorios, antes incluso de la escritura, nuestros antepasados observaban cuidadosamente los movimientos de la Luna y de Venus. Diversos estudios arqueológicos sugieren que numerosos pueblos prehistóricos representaron fenómenos celestes en pinturas rupestres y grabados sobre piedra. Investigaciones sobre arte rupestre han identificado símbolos relacionados con la Luna, ciclos celestes y posibles observaciones planetarias, mostrando que el interés humano por los fenómenos astronómicos tiene miles de años de antigüedad. Algunos especialistas han encontrado evidencias de representaciones asociadas a ciclos lunares y a observaciones de Venus en diferentes culturas antiguas. [1]

Resulta emocionante imaginar a aquellos observadores prehistóricos contemplando una escena muy similar a la que admiramos nosotros el 17 de junio. Quizás una pequeña comunidad reunida alrededor del fuego observaba cómo la fina hoz lunar se acercaba visualmente a una brillante estrella vespertina. Tal vez desconocían la verdadera naturaleza de ambos cuerpos, pero sin duda experimentaban el mismo sentimiento que nosotros: admiración.

La historia humana está llena de registros relacionados con Venus. Este planeta ha fascinado a prácticamente todas las civilizaciones conocidas. Los antiguos pueblos de Mesopotamia lo asociaron con divinidades celestes y desarrollaron símbolos específicos para representarlo. [2] La observación sistemática de Venus fue tan importante que muchas culturas llegaron a registrar cuidadosamente sus apariciones y desapariciones en el cielo.

La Luna, por su parte, ha sido la compañera inseparable de la humanidad desde el inicio de los tiempos. Sus fases marcaron calendarios, cosechas, migraciones y ceremonias. Durante miles de generaciones ha acompañado nuestros sueños, nuestras preguntas y nuestros miedos. Cuando ambos astros aparecen juntos en una conjunción, sentimos intuitivamente que estamos presenciando algo especial, algo que conecta el presente con una herencia cultural que se extiende hasta los albores de la civilización.

Esa noche de junio, mientras las cámaras capturaban imágenes y los telescopios mostraban detalles cada vez más finos, ocurrió algo difícil de describir con palabras. No observábamos solamente dos cuerpos celestes alineados desde nuestra perspectiva terrestre. Observábamos una historia que lleva miles de años desarrollándose.

La luz de Venus que llegó a nuestros ojos había viajado durante varios minutos desde un mundo cubierto por densas nubes. La luz reflejada por la Luna había recorrido aproximadamente 384.000 kilómetros para encontrarnos. Y, sin embargo, ambas parecían encontrarse allí, tan cerca una de la otra, como si estuvieran participando en una danza cuidadosamente ensayada para nosotros.

Las fotografías obtenidas por los aficionados bolivianos capturaron mucho más que una configuración astronómica. Capturaron la emoción de una comunidad unida por la curiosidad y el deseo de conocer. Capturaron las sonrisas silenciosas que aparecen cuando alguien contempla por primera vez un fenómeno celeste. Capturaron la certeza de que aún vivimos en un universo capaz de sorprendernos.

Vivimos en una época extraordinaria. Disponemos de tecnología que nuestros antepasados jamás habrían imaginado. Podemos fotografiar planetas, registrar nebulosas distantes y compartir imágenes instantáneamente con personas situadas a cientos de kilómetros. Sin embargo, la esencia permanece intacta.

Seguimos maravillándonos.

Seguimos sintiendo un pequeño estremecimiento cuando Venus aparece brillante en el crepúsculo. Seguimos observando la Luna con la misma mezcla de curiosidad y admiración que sintieron incontables generaciones antes que nosotros. Y seguimos reuniéndonos para compartir esos momentos.

La conjunción de la Luna y Venus del 17 de junio de 2026 fue, en términos astronómicos, un fenómeno relativamente frecuente. Las leyes orbitales garantizan que configuraciones similares volverán a repetirse en el futuro. Pero ninguna será exactamente igual a esta.

Porque esta conjunción tuvo los rostros de los aficionados de Cochabamba y Potosí. Tuvo la energía de los jóvenes que comienzan a descubrir el universo y la experiencia de quienes llevan décadas observándolo. Tuvo el entusiasmo de quienes prepararon sus equipos y la emoción de quienes simplemente levantaron la vista hacia el horizonte.

Y, sobre todo, tuvo la capacidad de recordarnos algo fundamental: que el universo sigue siendo una fuente inagotable de belleza. Quizás esa sea la mayor lección de la astronomía. Mientras existan personas dispuestas a mirar hacia arriba, mientras haya niños y adultos capaces de detenerse unos minutos para contemplar el cielo, las maravillas del cosmos continuarán despertando nuestra imaginación. Así ocurrió hace miles de años frente a las paredes de roca donde quedaron grabados los primeros símbolos celestes. Así ocurrió el 17 de junio de 2026 en los cielos de Bolivia. Y así seguirá ocurriendo mientras la Luna continúe recorriendo su órbita y Venus siga brillando en el crepúsculo, invitándonos una y otra vez a recordar que formamos parte de algo infinitamente más grande que nosotros mismos.

Bibliografía.

1.      https://www.acta.es/medios/articulos/ciencias_y_tecnologia/062033.pdf

2.      https://historia.nationalgeographic.com.es/a/mesopotamia-ciencia-estrellas_24873

Galería.

Aportes de los astrónomos Aficionados de Potosí y Cochabamba:








IMAGE 2.- A la izquierda la imagen obtenida por Ariana Garcia y a la derecha por Ralf Schlitt, ambas con celulares.

IMAGE 3.- Imagen obtenida por María Renée Rico con celular OnePlus 15R

IMAGE 4.- Imagen obtenida por Joaquín Triveño,  Nikon d7500 - lente Nikon AF-S FX NIKKOR 800mm f/5.6E FL

IMAGE 5.- Imagen obtenida por Libert Arrueta, Refractor Celestron StarSense 102mm, Celular Redmi note 13 pro

IMAGE 6.- Imagen obtenida por Kevin Flores Poco F5, Xiaomi

IMAGE 7.- Imagen obtenida por Drakmer Rodríguez.  Binoculares 7X35 y celular Poco

martes, 7 de julio de 2026

CONFERENCIA ALPO 2026

 


Como desde el año 2020, este año volvemos a estar presente en la Conferencia Anual de la Association of Lunar and Planetary Observers. Nuestra presentación será sobre la "Observación Visual de Cráteres Enterrados en la Luna". Todas las actividades de la Conferencia podrán presenciarse en el canal de Youtube de la ALPO. 

lunes, 6 de julio de 2026

LOS DORSA DEL MARGEN ORIENTAL DE MARE HUMORUM

 

Traducción del texto aparecido en la edición de junio 2026 de “The Lunar Observer”

En ediciones anteriores de nuestra revista nos hemos referido a los poco prominentes dorsa que pueden observarse en Mare Humorum. IMAGE 1 es el registro de la observación del sistema de dorsa del margen oriental de Mare Humorum cerca del terminador (colongitud 34.7º).  Lo que me pareció sumamente interesante es que se veía una especie de “super dorsum” al oeste de Hippalus A (8 kms de diámetro), que es el cráter en la zona inferior izquierda. Por “super dorsum” me refiero a un dorsum mucho más ancho de lo normal, que parecía tener lugares elevados (o crestas) en los dos márgenes, de manera bastante simétrica. En el interior se veían sombras leves que indicaban depresiones como barrancas. Cuando ajustamos un poco la vista, nos percatamos de que en realidad eran dos dorsa unidos entre sí, como en una especie de plataforma o meseta. En el dibujo de IMAGE 1 no pude reproducir las diferencias de altura en esa “meseta”, pero en las notas en mi dibujo en el cuaderno de observaciones asenté que “dentro de la estructura con dos elevaciones, la elevación más alta es la del este. IMAGE 2 (perteneciente a la página 273 del Volumen 2 del “Photographic Lunar Atlas for Moon Observers” de Kwok Pau, es la imagen más parecida que encontré a mi observación. En IMAGE 2 marqué con un cuadrado negro la zona correspondiente a la observación de IMAGE 1. En IMAGE 2 podemos ver zonas más sombreadas que indican una pendiente “aterrazada” entre los dos dorsa del extremo superior izquierdo de la imagen. Visualmente se notaba claramente el relieve escalonado, que también podemos ver en IMAGE 3 (Lunar Reconnaissance Orbiter), que a la derecha tiene el perfil del relieve de los 3 dorsa, vemos como los dos de la derecha están unidos, más alto el del extremo este, luego se ve un declive pronunciado y luego el perfil del dorsum occidental, más cercano al terminador.



Estos 3 dorsa no son los típicos dorsa producidos por fuerzas tectónicas de compresión, sino más bien forman parte de uno de los anillos de la cuenca Humorum, las únicas partes del relieve de la vieja cuenca luego inundada por la lava que sobreviven. Este anillo según Garfinkle, es el más interno de la cuenca: “El anillo más interno de los cuatro anillos de la cuenca está completamente enterrado. Conocemos este anillo porque, tras el emplazamiento de la lava, su peso provocó la compactación de las capas subyacentes. Esto creó zonas de alta tensión en las laderas del anillo de la cuenca, pero no en su borde. Ahora podemos ver la mayor parte del contorno de este anillo en forma de dorsa casi circunferenciales, principalmente en la mitad oriental del mar”. El siguiente anillo, hacia el exterior, es la orilla de Mare Humorum.

A diferencia de sus “primos”, generados por fuerzas tectónicas de compresión, estos dorsa no presentan su complicada topografía interna. Creo que ni siquiera correspondería hablar de “crestas”, ya que no migran de un margen a otro ni tampoco aparecen en el centro del arco ni tampoco presentan el patrón “en escalera” típico de dorsa más complejos. Lo que marqué como zonas brillantes son simplemente zonas más elevadas, seguramente menos escarpadas que las crestas de los dorsa formados por compresión tectónica. Estas elevaciones parecen ser simétricas en cuanto a su ubicación, aunque aparecen en márgenes distintos. El dorsum más cerca del terminador, en cambio, parece tener una topografía más clásica (más sinuosos, presenta bifurcaciones). Lo que marqué como una zona brillante en su centro no era una elevación ni una cresta, sino que es el cráter Puiseux D (7 kms de diámetro), que se encuentra en su centro y que no pude resolver con mi pequeño telescopio. Otro ejemplo de un dorsum atravesados por cráteres, una asociación seguramente aleatoria, pero que no deja de ser sugestiva. Cuando todavía no se conocía nada sobre el origen de los dorsa, Elger registró esta cuestión en su “The Moon” de 1895: “Una peculiaridad sugerente de muchos de los dorsa lunares, tanto en maría como en otros lugares, es que generalmente se encuentran asociadas con cráteres de todos los tamaños. Ejemplos de este hecho se dan casi en todas partes. Con frecuencia se encuentran pequeños cráteres en las cumbres de estas elevaciones, pero más a menudo en sus flancos y cerca de su base. Donde un dorsum cambia repentinamente de dirección, un cráter de cierta prominencia generalmente marca el punto, formando a menudo un nodo o punto de cruce de otras crestas, que de este modo parecen irradiar desde él como un centro. A veces se introducen dentro de las montañas anulares más pequeñas, atravesando huecos en sus paredes, como, por ejemplo, en los casos de Madler, Lassell, etc.”. Elger propone dos hipótesis sobre el origen de los dorsa. La primera es la más original: se habrían originado por la acción aluvional, y para ello partía de la concepción imperante sobre los maria lunares en la época: “si pudiéramos creer que los maria, como ahora las vemos, son lechos marinos secos”. Elger citaba el trabajo del “El difunto profesor Phillips, el geólogo, que dedicó mucha atención al examen telescópico de las características físicas de la luna, comparó las crestas lunares con montículos largos, bajos y ondulados, de origen algo dudoso, llamados "kames" en Escocia y "eskers" en Irlanda, donde en la llanura central baja se encuentran comúnmente en forma de bancos extendidos (principalmente de grava), con lados más o menos empinados, que se elevan a alturas de 20 a 70 pies. A veces tienen solo unos pocos metros de ancho en la parte superior, mientras que en otros lugares se extienden en grandes jorobas, que tienen cavidades circulares u ovaladas en sus cumbres, de 50 o 60 metros de ancho y hasta 40 pies de profundidad. Al igual que las crestas lunares, se bifurcan y muestran muchas rupturas de continuidad. Algunos geólogos creen que representan antiguos bancos submarinos formados por corrientes de marea, como barras de puerto, y otros que son depósitos glaciares (…) Su parecido externo con algunas de las crestas de la Luna es incuestionable”. La segunda opción es que tengan origen volcánico: “su estrecha conexión con centros de actividad volcánica y la cantidad de pequeños cráteres sobre o cerca de su trazado apuntan a la suposición de que consisten más bien en material exudado de fisuras extensas en la corteza de los mares y en otras superficies donde se superponen”. Esta segunda opción parece bastante más moderna y es considerada entre las hipótesis posibles de formación de los dorsa.

Elger agrega una hipótesis sobre el origen de otro tipo de dorsa, similares a los de Mare Humorum a los que nos referimos: “Sin embargo, no estamos obligados a suponer que todas las múltiples ondulaciones observadas en las llanuras lunares se deban a una misma causa; de hecho, es evidente que algunas son simplemente indicios externos de descensos repentinos en la superficie, como en el caso de las crestas que rodean el margen occidental del Mare Nectaris, y en otras situaciones, donde el hundimiento se manifiesta mediante formaciones que adoptan el aspecto externo de crestas ordinarias, pero que en realidad tienen un carácter estructural muy diferente”. Es fascinante como Elger reconoce visualmente los signos de hundimiento del terreno, que es lo que se observa visualmente cerca del terminador en el caso del margen oriental de Mare Humorum.

Al extremo sur vemos el accidente más elevado de la zona, como podemos deducir de la prolongada sombra que proyecta y porque su parte superior brillaba intensamente. Se trata de Promontorium Kelvin, en palabras de Garfinkle: “Este promontorio Kelvin, de forma triangular y perteneciente a la era preimbriana, se eleva desde la llanura de la costa sureste del Mare Humorum. La montaña tiene unos 25 km (15,5 millas) de ancho y unos 43 km (26,7 millas) de largo (de norte a sur) (…) La línea costera sureste se eleva abruptamente en la pared de Rupes Kelvin y la lava fluyó alrededor del promontorio, separándolo básicamente, excepto por un pequeño puente de tierra, del “continente”, y dejándolo erguido sobre el mare como una isla cónica”. Durante mi observación anoté en mi cuaderno un detalle que no pude representar gráficamente en la zona de lavas entre Promontorium Kelvin y el dorsum menos prominente que corre al norte: “Esta zona es tan lisa como si fuera arena”. Es difícil atribuir una razón a esta impresión subjetiva. Claro, la causa objetiva es que las lavas de Mare Humorum son jóvenes, porque poseen pocos cráteres en el suelo (como dice Garfinkle), pero esta zona especialmente parece ser extraordinariamente lisa y homogénea.

REFERENCIAS

Elger, Thomas G. (1895), The Moon, George Philip & son, London.

Garfinkle, Robert (2020), Luna Cognita, Springer, New York.

Pau, Kwok The Photographic Lunar Atlas for Moon Observers (Second Edition). Available at: http://lunaratlas.bl...is-returned.htm

 

IMAGEN1

Name and location of observer: Alberto Anunziato (Paraná, Argentina).

Name of feature: EAST OF MARE HUMORUM

Date and time (UT) of observation: 2026-03-28 23.55 to 00.15 UT

Size and type of telescope used: 105  mm. Maksutov-Cassegrain (Meade EX 105) .

Magnification: 154X

IMAGEN 2: Photographic Lunar Atlas for Moon Observers de Kwok C. Pau

IMAGEN 3: Lunar Reconnaissance Orbiter Quickmap.

 


sábado, 4 de julio de 2026

LA LUNA DESDE SANTA FE

Desde la ciudad de Santa Fe, República Argentina, el observador Ignacio Podestá continúa observando metódicamente la Luna y nos ha reportado estas estupendas imágenes lunares para nuestros programas de observación, obtenidas con un Telescopio Refractor COOKE & SONS DE 1912 109 mm y una distancia focal de 1650 mm (que equivale a una relación focal de f/15) y una Cámara CCD: ZWO ASI120MM Mini. Las observaciones se realizaron del Observatorio y Planetario del Centro de Observadores del Espacio (CODE).














lunes, 29 de junio de 2026

LA LUNA DESDE FORMOSA

 Raúl Roberto Podestá (Observador Destacado Liada) ha reportado estas excelentes imágenes lunares para los programas de observación de nuestra institución, obtenidas desde el Observatorio Nova Persei II de la ciudad de Formosa (República Argentina):









viernes, 26 de junio de 2026

LA LUNA DESDE SANTA FE

 Desde la ciudad de Santa Fe, República Argentina, el observador Ignacio Podestá nos ha reportado estas estupendas imágenes lunares para nuestros programas de observación, obtenidas con un Telescopio Refractor COOKE & SONS DE 1912 109 mm y una distancia focal de 1650 mm (que equivale a una relación focal de f/15) y una Cámara CCD: ZWO ASI120MM Mini. Las observaciones se realizaron del Observatorio y Planetario del Centro de Observadores del Espacio (CODE).