Desde la ciudad argentina de Formosa, uno de nuestros observadores más destacados, el Profesor Dr. Raúl Podestá reportó estas estupendas imágenes lunares:
Observadores Lunares
miércoles, 25 de febrero de 2026
viernes, 20 de febrero de 2026
UNA OBSERVACIÓN VISUAL DE DORSA RUBEY
Traducción del texto aparecido en la edición de febrero
2026 de “The Lunar Observer”
Con el terminador pasando muy cerca del enorme cráter
Letronne (112 kilómetros de diámetro, en el borde norte de Oceanus
Procellarum), colongitud 44.8º, es imposible no contemplar el inusual dorsum
que se ve cruzando exactamente por su centro de norte a sur. El registro de mi
observación visual es IMAGE 1. En ese momento dibujé lo que me llamó la
atención: en el centro del dorsum había tres zonas brillantes agrupadas. Por lo
demás, el dorsum parecía bastante anodino, con su característica forma curvada
y sinuosa. Mientras lo observaba pensé: ¿las partes brillantes son las laderas
de 3 cráteres y las zonas oscuras las partes profundas? Luego me di cuenta de
que con un telescopio pequeño como mi Maksutov-Cassegrain de 4 pulgadas los
cráteres pequeños se ven mucho más definidos. Traté de ser lo más objetivo
posible en el registro y cerré la sesión de observación. Al día siguiente abría
el Virtual Moon Atlas y me percaté de que el dorsum que corre claramente por el
centro de Letronne es Dorsa Rubey y que las tres zonas brillantes son picos.
No quedan dudas de que las 3 zonas brillantes son tres
picos (muy desgastados, claro), como puede verse en la IMAGE 5, que pertenece
al Lunar Reconnaissance Orbiter Quickmap, usando el layer SLDEM 2015 Azimuth
(que permite resaltar el relieve). En la IMAGE 6 capturamos el relieve de los 3
picos centrales, bastante prominentes.
Creo que Dorsa Rubey sería el único caso de dorsa que
cruza, o más bien rodea, los picos centrales de un cráter semicubierto por
lava. ¿Ustedes conocen algún otro dorsum parecido?
IMAGE 1
Name
and location of observer: Alberto Anunziato (Paraná, Argentina).
Name
of feature: DORSA RUBEY
Date
and time (UT) of observation: 2025-12-31 00.30-00.45 UT
Size
and type of telescope used: 105 mm. Maksutov-Cassegrain
(Meade EX 105) .
Magnification:
154X
IMAGE 2:
Photographic Lunar
Atlas for Moon Observers de Kwok C. Pau
IMAGE 3 and 4:
Name
and location of observer: Marcelo Mojica Gundlach (Cochabamba, Bolivia).
Date
and time (UT) of observation: 05-04-2020-23.30.
Name
of feature: GASSENDI.
Date
and time (UT) of observation: 05-01-2020-22:58.
Filter:
None.
Size
and type of telescope used: 6’’ Maksutov Sky Watcher.
Medium employed (for photos and electronic images): ZWO ASI 178 B/W.
IMAGE 5 AND 6: Lunar
Reconnaissance Orbiter Quickmap.
miércoles, 4 de febrero de 2026
NÚMERO ESPECIAL DE "EL MENSAJERO DE LA LUNA": DE SCHICKARD A PHOCYLIDES
Amigos de la Sociedad
Lunar Argentina;
Compartimos
un número especial (el número 60) de nuestra revista, dedicado a 4 cráteres
poco conocidos: el cuarteto formado por Schickard, Wargentin, Nasmyth y
Phocylides constituye una zona interesante en el suroeste de la Luna, aunque no
suele ser objeto de observaciones amateur. Schickard es un gigante con un
interior craterizado y notables diferencias de albedo, debido a la eyección del
cercano Mare Orientale. Wargentin es una auténtica rareza, un diminuto mar de
lava con características propias. El par Nasmyth-Phocylides ofrece apariencias
cambiantes con las iluminaciones, debido a la unión entre ambos y a las
diferencias de altura de sus fondos. El paisaje de estos antiguos cráteres es
muy variable, dependiendo de la iluminación, y es significativo para la
evolución geológica de la Luna.
Links para ver y/o
descargar:
https://drive.google.com/file/d/1NCwLRoh7TbPem4Azqx5CVy2-1SY9gQUz/view?usp=sharing
Todos los números de “El
Mensajero de la Luna”:
sábado, 31 de enero de 2026
LA SOMBRA DE BATMAN AL OESTE DE ALFRAGANUS A
TRADUCCIÓN
DEL TEXTO APARECIDO EN LA EDICIÓN DE FEBRERO 2026 DE “THE LUNAR OBSERVER”
La
observación lunar tiene delicias como las pareidolias. El concepto de
pareidolia es el de un fenómeno psicológico por el que la mente percibe como formas
reconocibles lo que en realidad son estímulos visuales (o de otros sentidos)
ambiguos y aleatorios. Mi definición se relaciona más con la experiencia
subjetiva, para mi percibir una pareidolia se relaciona con percibir como un
misterio fugaz lo que es en realidad el aspecto extraño de la topografía lunar
en un momento fugaz de la lunación. IMAGE 1 es el registro de mi observación.
Para
ubicarnos, los cráteres que vemos son Delambre y Alfraganus A. El de la
izquierda es Delambre, un cráter bastante antiguo de 53 kms de diámetro,
situado casi en el ecuador lunar, al suroeste de Mare Tranquillitatis. Elger lo
describe por extenso (el libro de Elger tiene más de 100 años, pero sus
descripciones son increíbles): “Su contorno se asemeja al de un pentágono con
lados ligeramente curvados. Una sección al suroeste presenta una inflexión
hacia el centro. La cresta es continua en todas partes excepto al norte, donde
se ve interrumpida por un profundo cráter con un borde brillante. La
orientación noroeste de las crestas y montículos al oeste es especialmente
notable. El pico central no es prominente, pero justo debajo, al oeste, hay una
profunda fisura que se extiende desde cerca del centro y se desvanece antes de
alcanzar el borde sur”. Al momento de la observación no pudimos observar su
interior, completamente en sombras, pero sí lo que me parece su característica
más notable (a mi entender): su manto de eyección (denominado antiguamente
“glacis”). Se lo podía ver al suroeste (muy brillante) y al sureste (menos
brillante), Garfinkle en Luna Cognita lo caracteriza como “Un manta de material
eyectado arrugado y lleno de marcas”.
Alfraganus
A es el cráter de la derecha, de unos 13 kms de diámetro. Su forma alargada
puede deberse a un impacto oblicuo o bien a una cadena de cráteres. Sus paredes
aparecían brillante e irregulares. Los 3 cráteres que se ven al este de
Alfraganus A son (de sur a norte, de arriba abajo) son Alfraganus D (8 kms de
diámetro), Alfraganus F (9 kms de diámetro) y Alfraganus G (6 kms de diámetro).
IMAGE 2 pertenece al Lunar Reconnaissance Orbiter Quickmap, nos sirve para
entender la topografía real de lugar.
Lo
que llamó mi atención al momento de la observación fue la extraña sombra que
aparece al oeste de Alfraganus A. Mirando por el ocular parecía una simple
mancha oscura sin relación con ninguna característica topográfica cercana. Una
mancha que parecía tener forma de murciélago, como si fuera una versión oscura
de la batiseñal proyectada en la superficie de la Luna. Evidentemente, la
extraña sombra con forma de murciélago es proyectada por la pared oeste de
Alfraganus A. Eso sí, la sombra parece demasiado oscura y demasiado extensa
para la pared de un cráter bastante deteriorado. Además, la forma de la sombra
no parece corresponder con la forma de la pared oeste de Alfraganus A. Esto
constituye un pequeño misterio, habría que repetir la observación en las mismas
condiciones de iluminación. Yo conservo la linda experiencia de observar otro
paisaje lunar extraño.
IMAGE
1
Name
and location of observer: Alberto Anunziato (Paraná, Argentina).
Name
of feature: DELAMBRE/ALFRAGANUS A
Date
and time (UT) of observation: 2025-12-25 23.40-00.05 UT
Size
and type of telescope used: 105 mm. Maksutov-Cassegrain
(Meade EX 105) .
Magnification:
154X
IMAGE
2
Lunar
Reconnaissance Orbiter Quickmap
domingo, 25 de enero de 2026
UNA VISIÓN SUBJETIVA DE LAS COLINAS OSCURAS AL NORTE DE RIMA HYGINUS
TRADUCCIÓN
DEL TEXTO APARECIDO EN LA EDICIÓN DE ENERO 2026 DE “THE LUNAR OBSERVER”
IMAGE
1 es una estupenda imagen de Marcelo Mojica en la que vemos Rima Hyginus y
otras zonas volcánicas en Mare Vaporum (Rima Hyginus es el objetivo de la
próxima sección Focus On, marzo 2026). Al norte de Rima Hyginus (debajo en
IMAGE 1) se encuentra una zona escarpada y oscura, uno de mis lugares favoritos
en la Luna. Me parece sorprendente que no tenga nombre, ya que no hay otra zona
igual en la cara visible de la Luna (quizás estoy exagerando, no me culpen a
mí, culpen a mi entusiasmo). Sabemos con certeza que el color intensamente
oscuro de estas elevaciones irregulares se debe a que están cubiertas por
depósitos piroclásticos, resultado de erupciones explosivas de fuentes de lava
de magmas basálticos, con muchos elementos volátiles, que ascienden rápidamente
y entran en erupción como una pulverización de magma, formando rocas
microscópicas vitrificadas. Lo que queda de este proceso, miles de millones de
años después son zonas mucho más oscuras que las circundantes. Estas colinas
son oscuras porque son depósitos piroclásticos, esto es evidente. Pero estos
depósitos piroclásticos son diferentes, tienen relieve… He buscado mucho sobre
esta zona volcánica y casi no se ha escrito nada sobre la misma (lo que la hace
más atractiva para mí). Robert Reeves en el número de mayo 2025 escribió un
artículo muy interesante (“Lunar Volcanic Modification, from the Subtle to the
Obvious”), en el que se refiere así a nuestra zona: “Al norte de Rima Hyginus
se encuentra una cadena de colinas oscuras. Su color oscuro se debe a una
antigua capa de ceniza volcánica que emanaba de los respiraderos a lo largo de
Rima Hyginus. Estas colinas carecen de nombre oficial. Tienen forma de corazón
y se encuentran cerca del centro del disco visible de la Luna, por lo que llamo
a esta región el Corazón de la Luna”. “The Heart of the Moon” es un buen
nombre, más poético que el que encontré en “Radar remote sensing of pyroclastic
deposits in the southern Mare Serenitatis and Mare Vaporum regions of the Moon”
(Lynn Carter et al, en Journal of Geophysical Research: Planets, 2009, disponible
en: https://doi.org/10.1029/2009JE003406).
Allí se analizan distintos depósitos piroclásticos, y el nuestro se denomina
“Mare Vaporum Pyroclastic Deposit”. Hasta leer este texto pensaba (lo confieso
un poco avergonzado) que estas colinas lineares oscuras podían ser de origen
volcánico en sí mismas (por eso se verían tan diferentes a todas las demás). En
el texto citado se dice que Mare Vaporum Pyroclastic Deposit “se extiende sobre
las tierras altas lunares”. Ahí me di cuenta de que los depósitos piroclásticos
cubrieron un relieve preexistente, y bastó con mirar imágenes de Mare Vaporum
para darme cuenta que las colinas al norte de Rima Hyginus son muy parecidas a
otros terrenos muy escarpados al norte (como Boscovich o Julius Caesar) y al
sur (como Pallas y Murchinson). Se trata de áreas cubiertas de las eyecciones
colosales producidas por la creación de la gigantesca cuenca Imbrium, basta ver
que estas eyecciones/zonas escarpadas son radiales al impacto que generó la
cuenca Imbrium. Es decir, primero se formaron las colinas radiales a Imbrium y
luego fueron cubiertas por los oscuros depósitos piroclásticos. Esta
combinación de eventos geológicos solamente (creo) se dio al norte de Rima
Hyginus, creando un paisaje único.
Esta zona es maravillosa si se la observa incluso con poco aumento. IMAGE 2 es una impresión subjetiva de como se la ve cuando se encuentra en el terminador, un curioso juego de sombras y brillos intensos. Es una visión muy subjetiva, por eso no me decidía a compartirla, pero de la comparación (IMAGE 3) con la imagen de la derecha (un detalle de IMAGE 1), me animo a marcar las zonas de diferente brillo. De norte a sur (norte es arriba, la zona de Manilius y Boscovich P, no dibujados), tenemos una zona no tan escarpada (1), una zona baja en sombras (2), una colina linear (3), otra zona baja en sombras, mas ancha (4), otra colina (más escarpada y brillante) (5) y un lento declive (6).
“Heart
of the Moon” o “Mare Vaporun Pyroclastic Deposit” o el nombre que querramos
darle a esta maravillosa zona, estas colinas oscuras merecen un mapa más
detallado. ¿No les parece?
IMAGE
1
Name
and location of observer: Marcelo Mojica (Cochabamba, Bolivia).
Name
of feature: RIMA HYGINUS.
Date
and time (UT) of observation: 2020-04-30 23.21 UT
Size
and type of telescope used: 150 mm. Maksutov-Cassegrain.
Medium employed (for photos and electronic images): ZWO ASI 178 B/W.
IMAGE
2
Name
and location of observer: Alberto Anunziato (Paraná, Argentina).
Name
of feature: Mare Vaporun Pyroclastic Deposit
Date
and time (UT) of observation: 2025-09-28 23.10-23.30 UT
Size
and type of telescope used: 105 mm. Maksutov-Cassegrain
(Meade EX 105) .
Magnification:
154X
lunes, 29 de diciembre de 2025
NUEVO NÚMERO DE EL MENSAJERO DE LA LUNA
Amigos
de la Sociedad Lunar Argentina;
Nos despedimos del
2025 compartiendo un nuevo número de “El Mensajero de la Luna”, la revista de
la Sociedad Lunar Argentina y la Sección Lunar de la Liga Iberoamericana de
Astronomía.
En el número 59 podrán
encontrar las distintas secciones de nuestra revista: las numerosas actividades
de noviembre y diciembre, las últimas imágenes de nuestros miembros; en
Crónicas Lunares recordemos cómo Cristóbal Colón utilizó un eclipse lunar para
salir de una situación crítica, en Selenología compartimos artículos de Marcelo
Mojica y Alberto Anunziato, en Traducciones traemos un texto los desafíos que
plantean a las misiones lunares el peligroso polvo lunar y cerramos con Luna de
Papel y un polémico poema lunar del poeta italiano Salvatore Quasimodo.
Link
para ver y/o descargar:
https://drive.google.com/file/d/1FPe1RrZSfzyq2olBRR5XeZlwRpMioXxq/view?usp=sharing
Todos los números de “El
Mensajero de la Luna”:
https://archive.org/details/@sociedad_lunar_argentina
lunes, 22 de diciembre de 2025
DORSUM REINER
Traducción
del texto aparecido en la edición de diciembre 2025 de “The Lunar Observer”
Con
La Luna en cuarto creciente (colongitud 60.1) y el terminador pasando por
Reiner Gamma, se puede observar que el cráter Reiner (un cráter del período
Eratostheniano, de 30 kilómetros de diámetro) es atravesado por un dorsum. Reiner
aparecía bastante espectacular. Las descripciones de Elger (“The Moon”) y
Garfinkle (“Luna Cognita”) nos recuerdan algunas de las características
visibles en la imagen que compartimos: “un borde muy elevado con terrazas”
(Elger). “El manto de eyección tiende a extenderse hacia los lados sureste y
noroeste del cráter. Las paredes aterrazadas parecen brillantes y empinadas”.
Ya Elger había sido preguntado por la relación entre cráteres y dorsa: “Es una
peculiaridad sugerente de muchas de las crestas lunares, tanto en los maría como
en otros lugares, que generalmente se encuentran asociadas con cráteres de
todos los tamaños. Ejemplos de este hecho ocurren casi por todas partes. Con
frecuencia se encuentran cráteres pequeños en las cimas de estas elevaciones,
pero con mayor frecuencia en sus flancos y cerca de su base. Donde una cresta
cambia repentinamente de dirección, un cráter de cierta prominencia
generalmente marca el punto, formando a menudo un nodo o cruce de otras
crestas, que así parecen irradiar desde él como centro. A veces se introducen
dentro de las montañas anulares más pequeñas, atravesando huecos en sus
paredes, como, por ejemplo, en los casos de Madler, Lassell, etc.”
Seguramente,
el dorsum que atraviesa Reiner se formó con posterioridad al cráter.
Curiosamente, tanto Elger como Garfinkle solamente identifican como dorsum la
parte sur: “Una cresta larga se extiende hacia el sur desde el pie de la pared
sur” (Elger); un amplio dorsum platicúrtico se extiende hacia el sur desde el
manto de eyección hasta el cráter fantasma Reiner R (Garfinkle). El «dorsum
platicúrtico» se refiere a un dorsum formado por arco y cresta. IMAGE 1 está
por el registro de nuestra observación visual y un detalle de la imagen que se
encuentra en la página 360 del Volume 2 de “Photographic Moon Atlas for Lunar
Observers” de Kwok Pau (al que no nos cansamos de agradecer por sus imágenes,
que nos ayudan a entender la topografía de los dorsa). Tanto visualmente como
en la imagen de Kwok parece haber dorsa tanto al norte como al sur de Reiner,
aunque tienen estructuras diferentes. El “Map of Lunar Wrinkle Ridges” del LROC
Quickmap confirma que hay dorsa a ambos lados de Reiner. El dorsum que se
extiende al sur de Reiner tiene una estructura formada por un arco estrecho y 3
pequeñas crestas aisladas situados alternadamente en ambos márgenes del arco.
El tramo norte, que no mencionan Elger ni Garfinkle, es distinto: el arco es mucho
más anchos y no se ven indicios de cresta. Curiosamente, visualmente el arco se
veía bastante más ancho. Los cráteres al norte de Reiner son (de norte a sur):
Reiner L (6 kilómentros de diámetro), Reiner H (8 kilómetros de diámetro) y
Marius X (5 kilómetros de diámetro). Al lado de Marius X (a la izquierda,
oeste) se veía bastante claramente un dormo casi solapado con el cráter. En la
imagen de Kwok a la derecha se ven varios domos que visualmente no alcancé a
observar: al sureste de Marius X, al sureste de Reiner H y al este de Reiner L.
Visualmente, estos 3 cráteres parecían estar dentro del ancho arco del dorsum
al norte de Reiner, mientras que en la imagen de Kwok Reiner L está dentro del
arco que parece terminar en Reiner H y Marius X está fuera.
Name
and location of observer: Alberto Anunziato (Paraná, Argentina).
Name
of feature: REINER
Date
and time (UT) of observation: 2025-11-02 23.35-23.55 UT
Size
and type of telescope used: 105 mm. Maksutov-Cassegrain
(Meade EX 105) .
Magnification:
154X
lunes, 15 de diciembre de 2025
NÚMERO ESPECIAL DEL MENSAJERO DE LA LUNA: LA MESETA DE ARISTARCHUS
Amigos de la Sociedad
Lunar Argentina;
Compartimos un número
especial (el número 58) de nuestra revista dedicado a la Meseta de Aristarchus,
“la zona más inusual de la Luna”. Esta expresión de Chuck Wood no es exagerada.
La Luna es un lugar increíble, pero la Meseta de Aristarchus es súper
increíble. En un lugar relativamente pequeño se concentra una serie increíble
de accidentes selenográficos: el súper brillante cráter Aristarchus y su
compañero Herodotus, la rima más espectacular de la Luna, Vallis Schroteri,
junto con varias como Rima Agricola, domos, dorsa. La zona tiene además una
rica historia observacional, seguramente determinada por ser el lugar con más
Fenómenos Lunares Transitorios registrados.
Links para ver y/o
descargar:
https://drive.google.com/file/d/1GtM8mVd8n5WSMz5DDlCp4mSz9gxBGOfL/view?usp=sharing
Todos los números de “El
Mensajero de la Luna”:
lunes, 8 de diciembre de 2025
EL NACIMIENTO DEL MITO DEL VOLCÁN ARISTARCHUS. TRADUCCIÓN DEL CAPÍTULO 23 DE “SELENOGRAPHIA” DE JOHANNES HEVELIUS
Por Alberto Anunziato
Traducción del texto aparecido en la edición de diciembre
2025 de “The Lunar Observer”
En el número anterior de The Lunar Observer publicamos un
dossier sobre la meseta de Aristarchus en la sección Focus On, y nos referíamos
a la larga tradición que consideró por mucho tiempo que Aristarchus era un
volcán activo (con varias erupciones reportadas, la más conocida es la de
Herschel). Me pareció interesante rastrear el origen de esta concepción
volcánica de un lugar de la Luna que (al fin de cuentas) es la región volcánica
por excelencia. El origen está en el primer autor que escribió sobre
Aristarchus en el primer texto astronómico con una descripción sistemática de
la Luna: “Selenographia” del polaco Johannes Hevelius, publicado en 1647. Para
ello intentamos una traducción del capítulo 23, en el que se discurre sobre
Aristarchus, al que Hevelius consideró una montaña y la llamó Mons Porphyrites.
La descripción de Aristarchus es funcional en Hevelius
para demostrar su tesis de que las montañas lunares varían en su composición
(habían pasado pocos años y observaciones desde la primera observación
galileana). Partiendo de que la Luna era similar a la Tierra, trató de suplir
con inferencias derivadas de ese paralelismo los datos que le faltaban. Las
similitudes con la Tierra explican la tesis central del capítulo 23 (que es el
que intentamos traducir): las peculiaridades de Aristarchus (o Mons Porphyrites)
la hacen distinta como montaña de las demás montañas lunares. Si vemos la
nomenclatura de Hevelius en su mapa de la cara visible (IMAGE 1), en realidad
Hevelius se refiere la meseta de Aristarchus con el nombre de Mons Porphyrites
(nosotros usamos la nomenclatura de Ewn Whitaker, y por eso nos referimos a
Aristarchus y no Aristarchus Plateau, como quizás sería mejor). El rasgo que
más impresiona a Hevelius como diferente de Aristarchus Plateau respecto a
otras montañas lunares es su color entre dorado y rojo intenso, que otros
observadores han confirmado posteriormente (en las imágenes fotográficas como
IMAGE 2 aparece más oscuro que el resto, como siempre lo he visto yo). No
sabemos si fue el color “igneum” de la meseta de Aristarchus, o la similitud
visual que tiene el cráter Aristarchus, con sus bandas oscuras y luminosas, con
el interior de un volcán, lo que llevó a postular a Hevelius que se trataba de
un “mons quod ignem alat perpetuum”. Después de todo, ¿un volcán no se vería
así en la superficie de la Luna, con Aristarchus como su cráter perpetuamente
ardiendo?
Capítulo XXIII
De la Luna Gibosa creciente.
De la misma manera que la materia del globo terrestre,
que está compuesto en parte por montes y valles y en parte por llanuras, en
absoluto se pueda considerar que es homogéneo por naturaleza y calidad en todas
sus partes, tampoco lo debería ser la materia opaca de la Luna o Antichtona (1)
(pues la comparación es perfectamente razonable). Verdaderamente, los montes,
valles (2) y llanuras lunares son muy diferentes de acuerdo a su materia,
algunos parecen ser pétreos, otros arenosos; los cuales, a su vez, difieren
entre sí, perteneciendo a diversas especies, por ejemplo, algunos están
formados de arenas pálidas, otros de arenas rojizas, etc. Para que no parezcan
sueños de quien duerme o alucinaciones de quién vela, mostraremos que esto se
debe ciertamente a una causa racional, en este y otros capítulos demostraremos
este punto con razones precisas y fáciles de seguir. Aunque confieso que yo
mismo me siento bastante audaz, pues emprendo una obra de tan grandes
proporciones, al intentar discurrir de cosas lejanas, y en tiempos pasados
inauditas, a veces me parece que fuera a discurrir sobre la quintaesencia de
los peripatéticos. Sé que me adentro en una cuestión ardua, pero, con
observaciones certeras y experiencia ocular, no tengo dudas de que saldré
airoso.
(1) “Antichtona” o “Antitierra” es el nombre que usa
Hevelius para resaltar la similitud entre ambos mundos, que es la tesis central
de “Selenographia”: “Sin dudas, es lícito llamar “Antichtona” a la Luna cuando
es tan similar en muchas partes a nuestra Tierra” (página 225 de
“Selenographia”.
(2) Cuando en Hevelius leemos “valles” debemos entender
“cráteres” (la palabra “cráter” es posterior, fue acuñada por Von Schröter).
En primer lugar, ya me referí en parte del capítulo 8 a
que hay diversos tipos de zonas pétreas y rocosas entre los montes lunares: en
ese lugar decía que no es contrario a la razón que todos los valles, que hasta
cierto momento no difieren en forma y figura entre sí, con la primera luz del
día, es decir, con Luna creciente, parecen estrecharse visualmente. Los montes
y zonas escarpadas son pétreos, ciertamente hay montes arenosos, no se alzan
igualmente escarpados hacia lo alto, más bien son quebrados y su cima tiene
forma de punta. Por esta razón, los valles cerca y al pie de las montañas son más
estrechos que cerca de su cima, de manera que necesariamente en las fases de
luna creciente decrecen, mientras que en las fases menguantes crecen.
Luego, existe otra razón, que me parece igualmente
creíble y convincente, para justificar que existen zonas rocosas y zonas
arenosas en la Luna. Hay valles y montes, que seguramente no son más altos que
los demás y que, sin embargo, exceden a todos los demás en claridad y esplendor
durante el plenilunio, como entre otros (3) Mons Aetna (Copernicus), Mons
Insula Cretae (Bullialdus), Mons Sinai (Tycho), Montes Insula Besbice (Manilius)
y otros. Sostengo que son de naturaleza luminosa, más aptos, a causa de su
mayor solidez, para reflejar los rayos solares y generar luz más potente.
Sostengo además que los montes lunares formados por arena o barro no podrían
reflejar tan eficazmente los rayos solares, mientras que estos valles y montes
lunares se ven siempre luminosos y más brillantes que los demás. Por ello, los
valles y montes lunares, como los de nuestro globo terrestre, están compuestos
de diferentes materias. Digo, una vez más, que los que son más brillantes que
los demás son de naturaleza pétrea, pues su masa más sólida refleja más
fuertemente la luz y los rayos solares, mientras que los de materia menos dura
se verían menos luminosos, como en la parte relativa a la óptica se demostró
abundantemente.
(3) Para los nombres modernos de los nombres utilizados
por Hevelius en “Selenographia” usamos el “Appendix E. Hevelius’s Nomenclature”
(Ewen A. Whitaker's Mapping and Naming the Moon: a
History of Lunar Cartography and Nomenclature, APPENDIX E, pages 201-208).
Si se piden otras razones por las que algunos valles son
más brillantes que otros, una seguramente es que hay valles más profundos y
valles más elevados, y entre los que son más elevados hay variedad de brillo
por los montes que circundan (de diferentes inclinaciones), por ello es que los
valles más claros son los cercanos a Aetna, Creta, Sinai, etc. Para entender
mejor, pido se considere esto: no todos los valles con profundidades similares
tienen el mismo brillo en plenilunio, como la Insula Major Caspii (Langrenus),
Mons Serrorum (Aristoteles), Mons Carpates (Eudoxus), etc. Estos montes están entre los más altos,
lo que se comprueba en la primera y última aparición, cuando el límite entre
luz y sombra está en su máxima cercanía con ellos. Sin embargo, las zonas oscuras que en ellos se ven bien
pueden ser pantanosas, boscosas o de vegetación de baja altura (y por ende
aparecerán más oscuras que las circundantes). Y las zonas más luminosas bien
pueden tener predominio de yeso, que reflejaría más brillo que las zonas
oscuras cercanas. Si así fuera, sería evidente lo que afirmo: las zonas
montañosas de la Luna son diversas entre sí.
El primer monte en surgir en esta fase en la superficie
de la Luna es sin dudas Mons Porphyrites (Aristarchus) en el Mar Eoo (parte
occidental de Procellarum), sobre la isla Cercinnam (el limbo de Kepler), que
confirma claramente que las montañas difieren muchísimo entre sí de acuerdo a
su materia. Y este Monte Porphyrites no dudo que se compone o bien de tierra
rojiza (similar al Porphyrites que se encuentra en Egipto, cuyo nombre usamos
para el que se encuentra en la Luna) o bien, lo que parece más adecuado, de una
materia pétrea o sulfúrea. Por cierto, estoy seguro que sustenta en su interior
un fuego perpetuo y por ello pertenece a la especie de los montes ígneos como
entre nosotros son el Etna, Hecla, Vesuvio y otros. Sostengo esto, ciertamente,
no por una razón intrascendente sino porque en cualquier fase de la Luna,
siempre observé que Mons Porphyrites es muy claramente luminoso, siempre con el
mismo color y brillo no comparable a los demás montes existentes en el
hemisferio lunar, menos brillantes. Su color es azafranado, levemente amarillo,
o dorado, o rojo intenso (4); este color es natural y permanente (pues
permanece desde el primer al último día sin variaciones, lo que puede comprobar
cualquier observador dotado con un buen telescopio). Por esta causa, no queda
otra alternativa que afirmar que Mons Porphyrites está formado por rocas o
arenas rojas o que en él arde o se derrama un fuego perpetuo; y si debemos
asimilar las cosas terrestres (porque otros datos no tenemos para comparar), la
analogía es muy pertinente.
(4) Siempre es difícil traducir los nombres de los
colores del latín, ya que no hay coincidencia total entre la paleta de
tonalidad de nuestros colores con las tonalidades de los colores romanos. Por
ello, explicito mi traducción: “su color es azafranado (“croceum”), levemente
amarillo (“subflavum”), o dorado (“aureum”), o rojo intenso (“igneum”).
Por todo esto, como esta apariencia no puede de ninguna
manera atribuirse a una alucinación o a una distorsión del telescopio, ya que
claramente aparecía mi vista y la vista de los demás que hicieron el
experimento, la gran diferencia entre Mons Porphyrites y las otras montañas
lunares, con cualquier telescopio que se utilice. Por ello, se deduce que
ciertas montañas lunares, están compuestas de diversas piedras, arenas o
barros, e incluso algunas ser ígneas, como Mons Porphyrites, y lógico es
deducir que haya muchas otras similares (entre las que están las que
mencionamos en la parte final del capítulo 13), de la misma forma y naturaleza,
aunque por ser de menor altura o menos inclinadas no son tan conspicuas.
Además, lo que es más notable es que este Mons Porphyrites es evidentemente
distinto a los otros montes lunares por su forma. En su centro aproximado
parece tener un cuerpo redondo, del que hacia el sur surge un cuerno
ligeramente curvado. Hacia arriba (al norte) se ve un cuerno similar al
primero, pero separado completamente del cuerpo medio, de manera que, por ese
intersticio, como si fuera parte del mar, se puede ver claramente (5). Además,
hay otro monte, llamado Pyramis (Montes Spitzbegen), cerca de Monte Argentarium
(Archimedes), al lado de un promontorio del Mar Mediterráneo lunar (Mare
imbrium, Nubium y parte oriental de Oceanus Procellarum), que tiene una forma
similar a una pirámide (de ahí su nombre). Nada similar a estas tres montañas
encontrarás buscando diligentemente en cada fase en la cara visible de la Luna.
(5) En IMAGE 2 marcamos los “cuernos” a los que se
refiere Hevelius, el primero es parte de las eyecciones brillantes de
Aristarchus, el segundo es Vallis Schröteri.
IMAGE 1: SELENOGRAPHIA
IMAGE 2:
Name and location of observer: Sergio Babino (Montevideo, Uruguay).
Name of feature: Kepler.
Date and time (UT) of observation: 03-08-2020 01:29
Size and type of telescope used: 203 mm. catadrioptic.
Filter (if used): None.
Medium employed (for photos and electronic images): ZWO 174 mm.
viernes, 21 de noviembre de 2025
NÚMERO 57 DE "EL MENSAJERO DE LA LUNA"
Amigos
de la Sociedad Lunar Argentina;
Compartimos un nuevo número
de “El Mensajero de la Luna”, la revista de la Sociedad Lunar Argentina y la
Sección Lunar de la Liga Iberoamericana de Astronomía.
En el número 57 podrán
encontrar las distintas secciones de nuestra revista: las numerosas Actividades
del mes de octubre, con las últimas imágenes de nuestros miembros; en
Crónicas Lunares recordemos la fallida observación cometaria de la misión Apolo
13, en Selenología compartimos artículos de Marcelo Mojica y Alberto Anunziato,
en Galería Planetaria tenemos imágenes de Júpiter y Saturno; en Traducciones
traemos un texto sobre la posibilidad de que una vieja sonda soviética sea una luna
artificial de nuestro planeta y cerramos con Luna de Papel y los emocionantes
recuerdos de Borges sobre la llegada de Apolo 11 a la Luna.
Link
para ver y/o descargar:
https://drive.google.com/file/d/1L-0cAwJROCNqRzXuQSvOCQYxeh61s73E/view?usp=sharing
miércoles, 19 de noviembre de 2025
DORSUM VON COTTA AND DORSUM OWEN UN POCO LEJOS DEL TERMINADOR
Traducción
del texto aparecido en la edición de noviembre 2025 de “The Lunar Observer”
Ya
terminaba la noche de observación lunar y descubrí en Mare Serenitatis, no
lejos del notorio cráter Sulpicius Galus, un dorsum que se veía no muy
nítidamente, pero bellamente delineado, que descubrí era Dorsum Von Cotta, que
corre un trecho considerable (183 kilómetros) de norte a sur, y como dos
elevaciones más suaves se veía Dorsum Owen. El terminador pasaba por el vecino
Mare Imbrium, a una distancia (unos 200 kilómetros) en que los dorsa
difícilmente se ven con la nitidez con que se veían ambos dorsa paralelos
(colongitud 357.4º).
La
IMAGE 1 es una combinación del sketch de la noche de observación y la imagen
que extraje (una vez más) del Photographic Lunar Atlas for Moon Observers de
Kwok C. Pau (página 247 del Volume 1). No registré la totalidad de Dorsum Von
Cotta, sino la zona que marqué en la imagen del Atlas.
Por
supuesto, el registro visual de la forma, en la imagen de la derecha de IMAGE 1
es menos preciso, ya que visualmente los dorsa siempre se ven más curvos y
sinuosos de lo que realmente son (imagen de la izquierda). De norte a sur
observé 5 zonas brillantes en Dorsum Von Cotta. En el extremo norte se veían
dos crestas muy prominentes. La segunda (de norte a sur) incluso lanzaba una
leve sombra interna sobre el arco del dorsum. En el centro visualmente Dorsum
Von Cotta se veía interrumpido, en la imagen de la izquierda se ve que es una
zona muy baja de la topografía. A la derecha (oeste) se ven los dos arcos que
componen Dorsum Owen, proyectando sombras muy leves. No se trata de un dorsum
(“dorsum” es singular en latín) sino de dos dorsa (“dorsa” es plural), por lo
que el nombre de Dorsum Owen es incorrecto. En el catálogo de wrinkle ridges
del Lunar Reconnaissance Orbiter Quickmap aparecen como dos dorsa separados.
Una
última curiosidad, Dorsum Owen empieza, o parece empezar, desde lo que ha sido
denominado como “cráter” Aratus CA. Con el terminador más cerca, se puede ver
visualmente a Aratus CA como una hondanada de forma extraña, no circular. IMAGE
2 es una captura de pantalla del Lunar Reconnaissance Orbiter Quickmap de
Aratus CA. La verdad… no parece para nada un cráter de impacto, ni siquiera
parece un cráter. Sin dudas, un accidente lunar muy interesante que merece una
pequeña investigación.
Name
and location of observer: Alberto Anunziato (Paraná, Argentina).
Name
of feature: DORSUM VON COTTA-DORSUM OWEN
Date
and time (UT) of observation: 2025-09-28 23.35-23.50 UT
Size
and type of telescope used: 105 mm. Maksutov-Cassegrain
(Meade EX 105) .
Magnification:
154X
lunes, 17 de noviembre de 2025
La historia también es ciencia
(Marcelo Mojica – Club de Astronomía Icarus)
Desde tiempos inmemoriales, la
humanidad ha alzado la vista hacia el cielo, buscando en los astros no solo
respuestas sobre el universo, sino también un reflejo de sí misma. Cada
estrella, cada planeta, cada luna ha sido testigo silencioso de nuestra curiosidad,
y cada observación celestial ha dejado huella en los anales de la historia. La
astronomía, más que un mero conjunto de fórmulas y telescopios, es también un
puente entre la memoria histórica y la rigurosidad científica.
Entre los fenómenos celestes que han
despertado asombro a lo largo de los siglos, las ocultaciones de planetas por
la Luna ocupan un lugar especial. En estos eventos, nuestro satélite natural,
con su silueta serena y familiar, se interpone entre un planeta y los ojos
humanos, borrando momentáneamente su fulgor de nuestro cielo. La magia de estos
instantes no radica solo en la belleza visual, sino en la precisión con la que
los movimientos celestes se ejecutan: un testimonio silencioso de leyes
universales que han regido el cosmos mucho antes de que el hombre pudiera
comprenderlas.
Uno de estos eventos históricos se
remonta al 28 de noviembre de 1484. María José Martínez y Francisco J. Marco
Castillo lo mencionan en su estudio “Occultation of Planets by the Moon in
European Narrative Medieval Sources”, en el que exploran cómo las crónicas
europeas medievales, entre relatos de supersticiones y augurios, registraban
con sorprendente exactitud fenómenos astronómicos como la ocultación de Marte.
Imaginemos a los observadores de aquel tiempo: sin telescopios, sin cámaras,
guiados solo por la aguda mirada, el conocimiento de los movimientos de los
planetas y una inquebrantable curiosidad. Sus palabras, plasmadas en pergaminos
y códices, son hoy fuentes valiosas que nos permiten reconstruir el pasado
celeste con exactitud científica. Cada anotación medieval, cada comentario
sobre la posición de Marte detrás de la Luna, es un puente entre la historia y
la ciencia. [1]
Estudiar estos registros no es un
simple ejercicio académico. Es un acto de diálogo con quienes nos precedieron,
una manera de recordar que la astronomía ha sido siempre tanto una ciencia como
una narración de nuestra presencia en el universo. Las antiguas crónicas no
solo documentaban un evento astronómico; también reflejaban la interpretación
humana de ese instante, la mezcla de miedo, admiración y asombro ante la
vastedad del cosmos. La historia, cuando se observa bajo la lente de la
investigación científica, revela patrones, confirma cálculos y fortalece
nuestra comprensión de la mecánica celeste.
Avanzando más de cinco siglos, la
astronomía moderna nos permite capturar con precisión estos mismos fenómenos.
Un ejemplo reciente lo encontramos el 5 de septiembre de 2020, cuando Marcelo
Mojica G. registró fotográficamente la ocultación de Marte por la Luna. La
imagen congela en un instante perfecto la danza celeste: el planeta rojo,
brillante y tenue a la vez, desaparecía tras la silueta plateada de nuestro
satélite. Este acto de observación no es solo un logro técnico; es una
continuidad histórica, un eco de aquellos cronistas medievales que, con tinta y
papel, intentaban atrapar la fugacidad del cielo. La diferencia es que hoy
contamos con la tecnología, pero el espíritu que nos impulsa a mirar hacia
arriba sigue siendo el mismo: una mezcla de curiosidad, asombro y reverencia.
Fig. 1.- La noche del 5 de
septiembre, 6 para mi longitud, nuestro satélite ocultó a Marte. Las imágenes
se las obtuvieron con un refractor de 120mm de diámetro y 1000mm de focal, y
adosada a foco directo, una Nikon D3100
La importancia de la investigación
bibliográfica en astronomía se manifiesta con claridad al estudiar estos
eventos. Consultar textos históricos, cotejar fuentes y analizar relatos
antiguos permite a los astrónomos modernos verificar predicciones, entender la
evolución de la observación astronómica y, a veces, incluso descubrir errores o
matices que la ciencia contemporánea puede corregir o interpretar de manera más
precisa. Así, la historia no es un simple telón de fondo; se convierte en un
laboratorio de sabiduría acumulada, donde cada anotación, cada observación
registrada, es una pieza del rompecabezas cósmico.
La conexión entre historia y ciencia
se vuelve especialmente evidente cuando consideramos que fenómenos como las
ocultaciones de Marte son tanto efímeros como eternos. La Luna cubrirá y
descubrirá planetas sin cesar, siguiendo un ritmo que no entiende de
calendarios humanos, pero que nosotros, con nuestra memoria histórica, podemos
seguir y documentar. El estudio de estas interacciones celestes nos recuerda
que la ciencia no es un acto de abstracción distante: es también una
conversación con el tiempo, con aquellos que nos precedieron y con aquellos que
vendrán.
Observar Marte desaparecer detrás de
la Luna es, en cierto sentido, un acto poético. Es contemplar la fragilidad de
nuestra perspectiva frente a la exactitud del cosmos, y al mismo tiempo
sentirnos parte de una cadena que se extiende siglos atrás. Cada registro, ya
sea un pergamino medieval o una fotografía digital, es un testimonio de nuestra
búsqueda de comprensión. Nos recuerda que la historia también es ciencia, que
los antiguos astrónomos eran científicos de su tiempo, y que nosotros, al
estudiar y documentar, continuamos su obra.
Además, estas observaciones nos
enseñan algo profundo sobre la naturaleza del conocimiento. No existe una línea
clara entre lo que llamamos “historia” y lo que llamamos “ciencia”; más bien,
se trata de un continuo donde cada anotación, cada observación, cada
interpretación, aporta capas de significado. La historia nos da contexto, la
ciencia nos da precisión, y juntas nos permiten acercarnos a la verdad de los
fenómenos astronómicos.
Por eso, mirar al cielo no es solo
un acto contemplativo: es también un ejercicio de humildad y reconocimiento de
nuestro lugar en la vastedad del universo. La próxima vez que la Luna cubra un
planeta, recordemos a quienes, siglos atrás, levantaron los ojos y registraron
el momento con atención y devoción. Recordemos que el conocimiento humano es
acumulativo, que la curiosidad es un hilo que conecta épocas y generaciones, y
que cada observación astronómica es tanto un regalo de la naturaleza como un
legado de quienes nos precedieron.
En conclusión, la historia y la
ciencia no son caminos separados, sino senderos paralelos que se cruzan en los
cielos. La investigación bibliográfica en astronomía nos permite comprender
fenómenos como la ocultación de Marte por la Luna no solo en términos técnicos,
sino también como parte de una narrativa humana más amplia. Desde la anotación
medieval del 28 de noviembre de 1484 hasta la fotografía moderna del 5 de
septiembre de 2020, cada registro es un testimonio de nuestra capacidad de
observar, aprender y asombrarnos. Al estudiar el pasado, fortalecemos nuestra
comprensión del presente y abrimos la puerta a futuras generaciones de
astrónomos que, con la misma fascinación, seguirán buscando respuestas entre
las estrellas.
Porque, al fin y al cabo, la
historia también es ciencia, y la ciencia siempre lleva consigo el eco de
quienes la hicieron posible.
Bibliografía



























