Jairo Andés Chavez, uno de nuestros observadores más activos, nos reportó estas estupendas imágenes lunares:
Observadores Lunares
lunes, 21 de septiembre de 2026
viernes, 18 de septiembre de 2026
Cuando la sombra de la Tierra tocó la Luna-Reporte de observación del eclipse lunar del 27–28 de agosto de 2026 desde Cochabamba
(Marcelo
Mojica – Club de Astronomía Icarus)
Una noche
para mirar juntos al cielo
Fig.1.- El
evento del año!!! Foto de MarceloMojica
Hay noches que pasan
inadvertidas. La ciudad continúa con su ruido habitual, los automóviles
recorren las calles, las luces permanecen encendidas y las personas siguen con
sus actividades cotidianas sin imaginar que, sobre sus cabezas, el Universo
está preparando un espectáculo que ha ocurrido innumerables veces a lo largo de
la historia de nuestro planeta. Y hay otras noches en las que basta con
levantar la mirada. La noche del 27 de agosto de 2026 fue una de ellas. Fig.1. En
Cochabamba, la Luna comenzó lentamente a internarse en la sombra proyectada por
la Tierra, dando lugar a un eclipse lunar parcial que pudo ser seguido durante
varias horas. Para muchos de los asistentes aquella noche no fue simplemente
una oportunidad para observar un fenómeno astronómico: fue la ocasión de
reunirse, compartir conocimientos, conversar, tomar fotografías y, sobre todo,
experimentar juntos esa antigua sensación de asombro que produce mirar
directamente hacia el cielo. Con motivo del eclipse, el Club de Astronomía
Icarus, junto con el grupo Astra Bolivia, realizó una invitación abierta a la
comunidad astronómica y al público en general para reunirse en los ambientes de
Astra Bolivia y disfrutar de la observación. La respuesta fue muy grata. Poco a
poco fueron llegando visitantes. Algunos acudieron con conocimientos previos de
astronomía; otros apenas habían tenido la oportunidad de mirar la Luna a través
de un telescopio. Algunos llegaron con cámaras fotográficas y otros simplemente
con sus teléfonos celulares, dispuestos a intentar conservar en una imagen
aquello que estaban a punto de contemplar.
Icarus llevó tres instrumentos
para la observación: un refractor de 120 mm de apertura, un refractor de 102 mm
y un reflector de 6 pulgadas. Y también Astra contaba con un refractor de 60mm
de apertura y un reflector Dobson de 6 pulgadas tipo “table top”
colapsable. Cinco telescopios, varias
cámaras, numerosos teléfonos celulares y, por encima de todo, muchas personas
reunidas alrededor de una misma Luna. La astronomía, por momentos, dejó de ser
solamente una ciencia para convertirse en una experiencia compartida.
La geometría
de una sombra cósmica
Un eclipse lunar ocurre cuando la
Tierra se interpone entre el Sol y la Luna y nuestro satélite atraviesa la
sombra terrestre. La explicación parece sencilla, pero detrás de ella existe
una extraordinaria geometría celeste. La Tierra recibe constantemente la luz
del Sol y proyecta hacia el espacio una sombra. Esa sombra posee dos regiones
principales: la penumbra, donde la luz solar queda parcialmente bloqueada, y la
umbra, donde la ocultación del Sol es mucho más completa. Cuando la Luna
atraviesa la penumbra se produce un eclipse penumbral. Cuando una parte de la
Luna penetra en la umbra tenemos un eclipse parcial. Y cuando todo el disco
lunar entra en la umbra se produce un eclipse lunar total. El fenómeno del
27–28 de agosto de 2026 correspondió a la segunda categoría: un eclipse lunar
parcial. Fig. 2.
En Cochabamba, la penumbra
terrestre comenzó a tocar el disco lunar aproximadamente a las 21:23 del 27 de
agosto. La fase parcial comenzó alrededor de las 22:33, momento en que la
sombra más oscura de la Tierra empezó a cubrir claramente una parte de la
superficie lunar. El máximo se produjo a las 00:12 del 28 de agosto, cuando la
Luna se encontraba muy elevada en el cielo, alcanzando aproximadamente 81° de
altura desde Cochabamba. La fase parcial concluyó aproximadamente a la 01:51,
mientras que el eclipse penumbral terminó a las 03:01. El eclipse tuvo una
magnitud aproximada de 0,93, y desde Cochabamba alrededor del 93,9 % del
diámetro lunar quedó cubierto por la umbra en el máximo así que casi fue total.
Es decir, aunque técnicamente fue parcial, se trató de un eclipse
particularmente profundo. La Luna no desapareció completamente. Una pequeña
región permaneció fuera de la umbra, mientras el resto del disco experimentaba
la transformación producida por la sombra terrestre. Y justamente allí estuvo
buena parte de su belleza. [2]
¿Por qué no
tenemos un eclipse lunar cada mes?
La Luna tarda aproximadamente un
mes en completar su ciclo de fases. Podría parecer entonces que cada Luna llena
debería producir un eclipse lunar. Pero no ocurre así. La órbita de la Luna
está inclinada aproximadamente 5 grados respecto al plano de la órbita
terrestre alrededor del Sol. Por eso, durante la mayoría de las lunas llenas,
nuestro satélite pasa ligeramente por encima o por debajo de la sombra de la
Tierra. Para que ocurra un eclipse, la Luna debe encontrarse cerca de uno de
los puntos en los que su órbita cruza el plano de la órbita terrestre,
conocidos como nodos orbitales. Por eso los eclipses solamente pueden
producirse durante determinadas épocas del año llamadas temporadas de eclipses.
A escala mundial, normalmente ocurren entre cuatro y siete eclipses de Sol y de
Luna cada año, aunque no todos son visibles desde un lugar determinado. Los
eclipses lunares, además, son mucho más fáciles de observar desde una región
amplia del planeta que los eclipses solares: cualquier persona situada en el lado
nocturno de la Tierra y con la Luna sobre el horizonte puede, en principio,
observar un eclipse lunar. Esta es una de las razones por las que los eclipses
lunares han acompañado a la humanidad desde tiempos remotos. [3]
La Luna
comienza a cambiar
Durante la primera etapa del
fenómeno, la transformación fue sutil.
La penumbra terrestre comenzó a
afectar lentamente el brillo lunar. Para un observador sin experiencia, esta
primera fase podía resultar difícil de distinguir. Pero conforme avanzaba la
noche, la diferencia se hizo evidente. A las 22:33 comenzó la fase parcial. Entonces
apareció una frontera oscura sobre la Luna. Era la sombra de nuestro propio
planeta. Resulta difícil no experimentar cierta emoción al comprender lo que se
está observando: la oscuridad que avanza sobre la Luna no es una mancha, ni una
nube, ni una característica de su superficie. Es la silueta de la Tierra
proyectada en el espacio. Durante una observación telescópica, esa idea
adquiere una fuerza especial. Los cráteres lunares permanecían visibles, pero
una parte cada vez mayor del disco quedaba sumergida en la sombra. La
superficie lunar, tan familiar cuando se observa durante una noche normal,
comenzaba a adquirir un aspecto completamente diferente. Los telescopios de
Icarus permitieron que los visitantes contemplaran este proceso con diferentes
escalas y campos de visión. El refractor de 120 mm proporcionó una imagen
luminosa y contrastada de la Luna. Fig. 3. El refractor de 103 mm permitió
también disfrutar de una visión detallada y limpia de nuestro satélite,
mientras que el reflector de 6 pulgadas ofreció otra perspectiva, demostrando
una vez más que no es necesario disponer de enormes instrumentos para disfrutar
de acontecimientos astronómicos extraordinarios. Para muchas personas aquella
fue probablemente la primera vez que contemplaron un eclipse a través de un
telescopio. Y esa primera vez difícilmente se olvida.
Telescopios
rodeados de personas
Uno de los aspectos más hermosos
de la noche fue observar cómo los telescopios se transformaron en puntos de
encuentro. Cada instrumento reunía a un pequeño grupo de personas. Fig.4. Algunos
preguntaban cómo funcionaba el telescopio. Otros querían saber qué cráter
estaban observando. Algunos comparaban la imagen que acababan de ver por el
ocular con la que aparecía en la pantalla de su teléfono. Y entonces surgía una
de las escenas más interesantes de cualquier actividad de divulgación
astronómica: alguien que había llegado simplemente por curiosidad terminaba
preguntando cuándo podría volver a observar la Luna. La astronomía tiene esa
capacidad. Comienza muchas veces con una mirada. Los integrantes de Icarus
presentes durante la actividad fueron Marcelo Mojica, Joaquín Triveño y Libert
Arrueta, quienes estuvieron compartiendo con los visitantes, ayudando en la
observación y explicando diferentes aspectos del fenómeno. La actividad no
consistió únicamente en mirar. También hubo conversación. Hubo preguntas. Hubo
fotografías. Y hubo café, mucho café.
Café,
masitas y astronomía
Mientras la Luna atravesaba
lentamente la sombra terrestre, los asistentes pudieron compartir café con
masitas. Puede parecer un detalle pequeño dentro de un acontecimiento
astronómico, pero precisamente esos pequeños detalles son los que convierten
una observación en un recuerdo. La astronomía amateur tiene una dimensión
profundamente humana. No se trata solamente de instrumentos ópticos,
coordenadas, magnitudes, exposiciones fotográficas o cartas celestes. También
consiste en reunirse, esperar juntos, conversar mientras el cielo cambia y
compartir con otras personas la emoción de descubrir algo que siempre estuvo
allí. Aquella noche el café acompañó las conversaciones. Las masitas
acompañaron la espera. Los telescopios apuntaban hacia la Luna. Y las personas,
por momentos, simplemente levantaban la cabeza para contemplarla directamente. La
tecnología estaba presente, pero no reemplazaba la experiencia. La
complementaba.
La
fotografía del eclipse
Como era de esperar, los
teléfonos celulares y las cámaras fotográficas fueron protagonistas de la
noche. Los visitantes intentaron registrar el eclipse de diferentes maneras. Algunos
fotografiaron la Luna directamente con sus teléfonos; otros utilizaron los
telescopios como sistemas ópticos para obtener imágenes más detalladas. Cada
fotografía representaba un pequeño intento de detener el tiempo. Pero existe
una particularidad en fotografiar un eclipse lunar: la Luna es simultáneamente
muy brillante y muy delicada. A medida que la sombra avanza, el contraste entre
la parte iluminada y la región oscurecida puede convertirse en un verdadero
desafío para cualquier cámara. Por eso, además de la imagen obtenida, existe
algo importante en el acto de fotografiar un eclipse: aprender a observar. La
cámara obliga a fijarse en detalles. La observación telescópica obliga a tener
paciencia. Y la astronomía enseña que algunos de los fenómenos más
extraordinarios no ocurren rápidamente. El eclipse necesitó horas. Los observadores
tuvieron que esperar. Y precisamente esa espera hizo que cada cambio resultara
más significativo. Fig. 4
Fig. 4. Ariana
García con su Orion SkyScanner 100mm de apertura y 400mm de focal y celular
también estuvo presente en la fotografía
Una
observación que atravesó Bolivia
La experiencia no quedó limitada
a Cochabamba. También se realizaron observaciones desde Potosí, donde Drakmer
Rodriguez siguió el fenómeno utilizando un refractor de 120 mm de diámetro. Fig.
5. Esto permitió que la observación se convirtiera, simbólicamente, en una
actividad que unió diferentes puntos de Bolivia bajo una misma sombra lunar. Cochabamba
y Potosí, separados por cientos de kilómetros, tuvieron aquella noche un mismo
objeto sobre sus cielos. La Luna. Y aunque cada observador la contempló desde
una ubicación diferente, todos fueron testigos de la misma geometría celeste. También
participaron otros miembros de la comunidad astronómica desde sus propios
hogares. Ariana García, realizó la observación desde casa, al igual que Luis
Magnani, Sergio Fabiani y Mario Dorado, quien siguió el eclipse desde su
domicilio con la familia.
Fig. 5.- Drakmer
Rodriguez, con un refractor de 120mm de diámetro, desde la ciudad de Potosí,
también estuvo presente en la observación
La Luna de Sangre también fue registrada desde
la ciudad de Santa Cruz por Mauricio Vargas. Fig. 6. La astronomía amateur
tiene precisamente esa riqueza: no necesita que todos estén en el mismo lugar
para compartir un mismo fenómeno. A veces basta con saber que, mientras uno
observa desde una terraza, otro está mirando desde una ventana, otro desde el
patio de su casa y otro desde una ciudad situada a cientos de kilómetros. Todos
están mirando la misma Luna.
6.- Desde Santa
Cruz, con un Celestron NextStar, la observó Mauricio Vargas
El momento
máximo
Cerca de la medianoche la Luna
alcanzó el máximo del eclipse. A las 00:12 del 28 de agosto, desde Cochabamba,
la Luna se encontraba aproximadamente a 81° sobre el horizonte y la sombra
terrestre cubría casi todo el disco lunar. Fue probablemente uno de los
momentos más emocionantes de la noche. La Luna había dejado atrás su aspecto
habitual, se observó la “Luna de Sangre”. Fig. 7. Una gran parte de su
superficie se encontraba sumergida en la umbra terrestre, mientras una pequeña
zona permanecía iluminada. El contraste hacía evidente la naturaleza
tridimensional del fenómeno. La Tierra estaba entre el Sol y la Luna. Y
nosotros estábamos sobre la Tierra. Durante unos instantes, contemplar la Luna
significaba contemplar indirectamente la geometría de nuestro propio planeta
dentro del sistema solar. Quizá esa sea una de las razones por las que los
eclipses han despertado durante siglos una mezcla de fascinación, temor y
curiosidad. Hoy conocemos perfectamente la explicación física. Sabemos calcular
sus fechas. Sabemos predecir sus horarios. Sabemos dónde será visible. Podemos
fotografiarlo con cámaras digitales y teléfonos. Pero conocer la explicación no
destruye el misterio. Al contrario. Lo hace más profundo.
7.- Esta
imagen, de la Luna de Sangre” la pudo obtener Joaquín Triveño con una camara
nikon d750 - lente Opteka 500mm x 2 - f6.3
De los
antiguos temores a la astronomía moderna
Durante gran parte de la historia
humana, los eclipses fueron interpretados como señales sobrenaturales. La
desaparición parcial de la Luna podía ser considerada un presagio, un mensaje
de los dioses o una señal de acontecimientos extraordinarios. Hoy sabemos que
no existe ninguna amenaza sobrenatural detrás de un eclipse. Es la consecuencia
natural de los movimientos orbitales de tres cuerpos celestes: el Sol, la
Tierra y la Luna. Sin embargo, hay algo profundamente humano en que sigamos
sintiendo emoción ante el mismo fenómeno que nuestros antepasados observaron
hace miles de años. La diferencia está en que ahora podemos transformar ese
asombro en conocimiento. Podemos observar. Podemos medir. Podemos fotografiar. Podemos
calcular. Y, lo más importante, podemos compartir. Esa es una de las misiones
más importantes de grupos como Icarus y Astra Bolivia: acercar la astronomía a
la gente y demostrar que el cielo no pertenece únicamente a los observatorios
profesionales. El Universo también puede ser descubierto desde una ciudad. Desde
un patio. Desde una terraza. Desde un telescopio pequeño. O incluso a simple
vista. Fig. 8.
Fig. 8.- Sergio
Fabiani logró esta imagen con un lente tele adosado a su celular
La emoción
de los visitantes
Uno de los aspectos más
gratificantes de la actividad fue la reacción de las personas que acudieron. Muchos
visitantes expresaron su entusiasmo por haber podido observar el eclipse a
través de los telescopios y agradecieron a los integrantes de Icarus por
compartir la experiencia con ellos. Ese agradecimiento constituye, quizá, uno
de los mayores premios que puede recibir un astrónomo aficionado. Fig. 9. Porque
detrás de cada telescopio existe mucho más que un instrumento. Existe tiempo,
conocimiento y pasión. Y, como no, el deseo de mostrar a otros aquello que
tantas veces nos ha emocionado a nosotros mismos. Cuando una persona mira por
primera vez un telescopio y descubre que la Luna no es simplemente un círculo
blanco sino un mundo lleno de montañas, cráteres y sombras, algo cambia. El
cielo deja de ser un paisaje distante. Se convierte en un lugar.
El eclipse
termina, pero la experiencia permanece
Después del máximo, la sombra
comenzó lentamente a retirarse. La Luna inició el camino inverso. Primero
desapareció la fase parcial y luego continuó la fase penumbral. Finalmente,
alrededor de las 03:01, terminó completamente el eclipse penumbral. En total,
desde el primer contacto con la penumbra hasta su finalización, el fenómeno
duró aproximadamente 5 horas y 38 minutos. Pero para los observadores la noche
terminó mucho antes. Los telescopios comenzaron a guardarse. Las cámaras
dejaron de fotografiar. Los teléfonos regresaron a los bolsillos. Las
conversaciones fueron disminuyendo. Y probablemente muchos de los presentes
regresaron a sus hogares llevando consigo algo más que fotografías. Llevaban un
recuerdo. El recuerdo de haber visto cómo la sombra de la Tierra avanzaba
lentamente sobre la Luna. El recuerdo de haber compartido café y masitas con
personas que, hasta hacía unas horas, quizá eran desconocidas. El recuerdo de
haber descubierto el cielo de una manera diferente. Y quizá, para algunos,
nació también una nueva curiosidad. La curiosidad por saber qué otros mundos
podían observarse desde un telescopio.
¿Cuándo será
el próximo eclipse lunar visible desde Bolivia?
La buena noticia para quienes
quedaron fascinados con el espectáculo es que no habrá que esperar demasiado
para volver a observar un eclipse lunar desde Bolivia. El siguiente eclipse
lunar visible desde Cochabamba y otras regiones de Bolivia será un eclipse
lunar penumbral el 20 de febrero de 2027. Posteriormente habrá otro eclipse
lunar penumbral el 17 de agosto de 2027. Sin embargo, quienes esperen volver a
contemplar un eclipse lunar parcial tendrán que esperar hasta enero de 2028,
cuando se producirá otro eclipse parcial visible desde Cochabamba. Y existe una
fecha especialmente interesante para los amantes de la Luna: el 26 de junio de
2029, cuando Cochabamba tendrá la oportunidad de observar un eclipse lunar
total. También habrá otro eclipse lunar total visible desde Cochabamba el 20 de
diciembre de 2029. Es decir, la noche del 27–28 de agosto de 2026 no fue el
final de una historia. Fue apenas otro capítulo.
Una Luna,
tres telescopios y muchas miradas
Al final, quizá lo más importante
de aquella noche no fueron los datos técnicos. No fueron los 120 milímetros de
apertura. No fueron los 103 milímetros. No fueron las seis pulgadas del
reflector. No fueron las cámaras, los celulares ni las fotografías.
Fig. 10.- Libert
Arrueta junto al refractor de 120mm
Lo verdaderamente importante fueron las
personas: Marcelo, Joaquín y Libert. Fig.10. Los visitantes, los miembros de la
comunidad astronómica. Sergio Fabiani, Luis Magnani observando desde su casa.
Fig 11. Mario Dorado siguiendo también el fenómeno desde su hogar. Drakmer
Rodriguez observando desde Potosí con su refractor de 120 mm. Y todos aquellos
cuyos nombres quizá no quedaron registrados, pero que estuvieron allí, mirando
hacia arriba. Porque la astronomía tiene esa maravillosa capacidad de borrar
por un momento las distancias. En una noche normal, cada persona vive dentro de
su propio mundo. Pero cuando ocurre un eclipse, millones de personas pueden
mirar simultáneamente hacia el mismo punto del cielo. Durante unas horas, la
humanidad comparte una misma Luna. Y aquella noche, en Cochabamba, una
comunidad decidió no dejar pasar el acontecimiento. Decidió reunirse, decidió observar, decidió
enseñar y compartir.
Fig. 11.- Luis
Magnani con Damian Magnani
Epílogo:
cuando la sombra nos recuerda dónde estamos
El eclipse del 27–28 de agosto de
2026 fue, desde el punto de vista astronómico, un fenómeno perfectamente
explicable. La Luna recorrió su órbita. La Tierra proyectó su sombra. El Sol
continuó iluminando el sistema solar. Y las leyes de la mecánica celeste
siguieron funcionando con la precisión que han demostrado durante miles de
millones de años. Pero para quienes estuvieron aquella noche en Astra Bolivia,
la experiencia fue mucho más que una sucesión de eventos orbitales. Fue una
reunión bajo el cielo. Fue una oportunidad para enseñar y aprender. Fue café
compartido mientras la Luna cambiaba lentamente. Fue la emoción de un visitante
al mirar por primera vez a través de un telescopio. Fue el sonido de las
conversaciones mientras las cámaras intentaban capturar el momento. Fue la
satisfacción de quienes llevaron sus instrumentos para permitir que otros
pudieran contemplar el Universo. Y fue, también, una pequeña demostración de
que la astronomía puede construir comunidad. Quizá esa sea la verdadera magia
de los eclipses. Nos recuerdan que vivimos sobre un pequeño planeta que gira
alrededor de una estrella, acompañado por un mundo rocoso que gira a nuestro
alrededor. Nos recuerdan que nuestras ciudades, nuestras preocupaciones y
nuestras rutinas forman parte de un escenario muchísimo más grande. La sombra
que atravesó la Luna aquella noche era, en realidad, la sombra de nuestro
propio hogar. Y durante unas horas, desde Cochabamba, Potosí y muchos otros
lugares de Bolivia, tuvimos la oportunidad de contemplarla. Después, la Luna
volvió a brillar. La sombra desapareció. Los telescopios fueron guardados. El
café se terminó. Las calles volvieron a quedar tranquilas. Pero quienes
estuvieron allí sabían algo que no podían saber unas horas antes: que habían
compartido una noche con la Luna. Y que, cuando volvamos a levantar los ojos
hacia el cielo, quizá recordemos aquella noche de agosto de 2026, cuando la
Tierra dibujó su sombra sobre nuestro satélite y un grupo de personas decidió
detenerse, mirar hacia arriba y maravillarse. Porque al final, eso es la
astronomía: “Aprender a mirar”, y descubrir que, cuando miramos suficientemente
lejos, también aprendemos un poco más sobre nosotros mismos.
Bibliografía
1.
https://www.cientec.or.cr/articulos/matematica-y-eclipses
2.
https://eclipse.gsfc.nasa.gov/LEplot/LEplot2001/LE2026Aug28P.pdf
3. Eric Chaisson, Steve McMillan. Astronomy Today,
2007. Ed. Pearson-AddisonWesley. 6th Edition.
martes, 15 de septiembre de 2026
ASTEROIDE “(50271) Albertoanunziato”, UN RECONOCIMIENTO DE LA UNIÓN ASTRONÓMICA INTERNACIONAL A NUESTRA ASOCIACIÓN
En su edición de septiembre de 2026 el Bulletin del WGSBN (Working Group Small
Bodies Nomenclature) de la Unión Astronómica Internacional (el Grupo de Trabajo
que asigna nombres a cometas y asteroides) anunció que se nombraba al asteroide
anteriormente denominado 2000CW como 50271 Albertoanunziato”. Obviamente, es un
enorme honor ya que son muy pocos los astrónomos amateur a los que se les
otorga esta distinción. En realidad, se trata de un reconocimiento a la labor
que todos los miembros de la Sociedad Lunar Argentina y de la Sección Lunar de
la LIADA venimos realizando desde hace tantos años. Los trabajos que hemos realizado sobre
topografía lunar han sido siempre fruto de la colaboración de todos los amigos
de Latinoamérica que observan la Luna todas las noches. Necesariamente tiene
que ser a nivel individual, pero reconoce el trabajo de todos nosotros. Y ello
surge de la fundamentación de la designación: “Alberto
Anunziato (nacido en 1970) es un astrónomo amateur argentino. Fundó la Sociedad
Lunar Argentina y es Secretario de la Liga Iberoamericana de Astronomía.
Alberto enseña en la Universidad Autónoma de Entre Ríos y es el Coordinador
Adjunto de la Sección Lunar de la “Association of Lunar and Planetary Observers”.
Les dejo la web del
asteroide 50271 Albertoanunziato con todos sus datos (por si pueden fotografiarlo).
https://ssd.jpl.nasa.gov/tools/sbdb_lookup.html#/?sstr=50271&view=OPDA
lunes, 14 de septiembre de 2026
NOS SUMAMOS A LA NOCHE INTERNACIONAL DE OBSERVACIÓN LUNAR EN PARANÁ Y SANTA FE
Paraná. Jueves 17 de septiembre:
En el marco de las actividades de la Práctica Educativa
Territorial (PET) “La Luna en nuestro patio”, se invita a la comunidad a
participar de una actividad de difusión astronómica inédita: el “Taller de
Observación Lunar”, que se llevará a cabo el jueves 17 de septiembre desde las 18
horas en la Biblioteca Celia
Ortiz de Montoya de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales
(Escuela Normal, Urquiza y Corrientes, Subsuelo) de la Universidad Autónoma de
Entre Ríos (UADER).
El taller consiste en una parte teórica, en la que se
compartirán conocimientos sobre la superficie de la Luna y, más
específicamente, sobre cómo observar los detalles de la misma con un telescopio
pequeño de aficionado. La parte práctica ser realizará a continuación, y
consistirá en la observación telescópica de la Luna, aplicando lo aprendido en
la parte teórica.
Actividad realizada en conjunto con la Sociedad Lunar
Paranaense en adhesión a la Noche Internacional de Observación Lunar.
martes, 8 de septiembre de 2026
EL ECLIPSE LUNAR DEL 28 DE AGOSTO DESDE POPAYÁN
Jairo Andrés Chavez (Observador Destacado LIADA) pudo observar el último eclipse lunar desde la ciudad colombiana de Popayán:
martes, 1 de septiembre de 2026
EL ECLIPSE LUNAR DEL 28 DE AGOSTO DESDE MAR DEL PLATA
Los amigos de Trapecio Austral, la agrupación astronómica de Mar del Plata, compartieron estas hermosas imágenes del último eclipse lunar:
sábado, 29 de agosto de 2026
EL ECLIPSE LUNAR DEL 28 DESDE SANTO DOMINGO
Félix León (Observador Destacado LIADA de Venezuela) reportó estas estupendas imágenes del Eclipse Lunar del 27 y 28 de agosto desde Santo Domingo, República Dominicana:
viernes, 28 de agosto de 2026
EL ECLIPSE DE LUNA DEL 28 DE AGOSTO DESDE SANTA FE
En el Complejo Astronómico del Centro de Observadores del Espacio, en la costanera de la ciudad de Santa Fe, más de 200 personas se congregaron a observar el eclipse de luna parcial del 28 de agosto. Aunque estuvo nublado durante parte del eclipse, se pudo disfrutar de la totalidad del mismo en la proyección del Planetario Fulldome 360.
sábado, 22 de agosto de 2026
¿CRÁTER ENTERRADO O FOSA VOLCÁNICA CERCA DE DORSUM ARDUINO?
Traducción del texto publicado en la
edición de agosto 2026 de “The Lunar Observer”
Hace pocos días participé de la
Conferencia 2026 de la Association of Lunar and Planetary Observers con una
presentación sobre la observación visual de cráteres enterrados. Como ustedes
saben, ALPO tiene un programa conjunto con la British Astronomical Association
denominado “Basin and Buried Crater Project”. En mi presentación contaba
experiencias de observación visual, con telescopio o analizando imágenes
fotográficas tomadas anteriormente con otro propósito, en las que había
observado cráteres enterrados no catalogados en el listado del Proyecto. Por
cráteres enterrados se entienden todos aquellos cráteres completa o casi
completamente cubiertos por lava, o derruidos por otros impactos posteriormente
a su formación. Nos asomamos así al pasado lejano de la topografía lunar, a
cráteres de más de 3000 millones de años. Los cráteres enterrados son
prácticamente invisibles, o bien son apenas visibles con iluminación oblicua
cerca del terminador. Pensando al respecto en los días previos a la
presentación en la Conferencia, me vino a la mente que también se podía
analizar visualmente el Lunar Reconnaissance Orbiter Quickmap (compuesto a
partir de imágenes de dicha sonda, al final de cuentas) y buscar en él cráteres
enterrados. Empecé a tontear un poco, usando el layer Terrain Azimuth del LROC Quickmap (Esta capa aplica una
especie de sombreado artificial que permite resaltar la topografía sutil), analizando en
realidad la disposición general de los dorsa en la cara visible (para otro
proyecto de observación) cuando me topé con lo que vemos en IMAGEN 1. A la
izquierda es la apariencia general del ¿cráter? en el LROC Quickmap, a la
derecha la vista con el layer SLDEM2015
Terrain Azimuth del instrumento LOLA (Lunar Orbiter Laser Altimeter). Es
un accidente prácticamente casi invisible. IMAGEN 2 es una antigua imagen
nuestra en la que se aprecian Herodotus y Aristarchus muy cerca del terminador,
ese fue nuestro interés al tomarla, hacia la derecha (este) marcamos un
cuadrado que es la zona que se ve en el detalle que es la IMAGE 3. Una zona anodina,
la zona de transición entre Oceanus Procellarum (oeste, izquierda) y Mare
Imbrium (este, derecha). Es una zona de antigua actividad volcánica (cerca de
Vallis Schroteri), pero en la que el espesor de las capas de lava es entre
moderado y bajo, por encontrarse en la periferia de Oceanus Procellarum,
llanura de lava extensa pero estructuralmente menos profunda, y lo mismo puede
decirse de Mare Imbrium, un poco más profundo, pero siempre entre las zonas con
lavas más superficiales de la cara visible. Esto se comprueba con la cantidad
de accidentes selenográficos visibles en IMAGEN 2 y que marcamos en el detalle
de IMAGEN 3. Cráteres semicubiertos como Prinz (1), y antiguo relieve aflorando
de la lava como Mons Delisle (2) y Mons Vinogradov (3) atestiguan el carácter
poco profundo de la llanura de lava basáltica, que podemos presumir que además
de ser poco profunda es reciente en términos geológicos, correspondiendo al
periodo Eratosteniano, en el que la actividad magmática fue decreciendo, lo que
se comprueba con la presencia de numerosos dorsa en la región. Para descubrir
al posible cráter enterrado que proponemos tenemos que ubicar a Dorsum Arduino
(4). Robert Garfinkle en “Luna Cognita” lo define como “Una ancha y ondulada
cresta se extiende a lo largo de unos 99,73 km (61,96 millas) en dirección
generalmente norte-sur a través del Mare Imbrium. Este dorsum se extiende desde
las proximidades del cráter Diophantus D hasta la región al noroeste del Mons
Vinogradov”. En IMÁGENES 2 y 3 se ve apenas como una línea poco brillante, a
pesar de que el terminador se encuentra bastante cerca, se puede apreciar mejor
en IMAGEN 1 y, definitivamente en IMAGEN 4, que es un detalle de la página 375
del Volume 2 de “The
Photographic Lunar Atlas for Moon Observers” de Kwok Pau. En las
imágenes del increíble Atlas de Kwok se notan, como siempre, los detalles de un
dorsum tan esquivo como Dorsum Arduino, con un arco estrecho y luego que se
ensancha y la cresta corriendo siempre sobre un margen. En IMAGEN 4, justo a la derecha de la flecha
con que Kwok señaló Dorsum Arduino, se encuentran 3 accidentes selenográficos
claramente definidos, similares pero no iguales. De abajo hacia arriba tenemos Brayley
G, nuestro posible cráter enterrado sin nombre, y Brayley S. Brayley S es un
cráter de 3 kms de diámetro, mientras que Brayley G, es evidentemente oblongo (5
x 3 kms diámetro). Hay un consenso en que Brayley G es “un respiradero
volcánico carece de borde elevado, tiene
forma oblonga (no circular) y no presenta manto de eyección. Además, se
observan líneas concéntricas en el borde interior de Brayley G, que podrían ser
evidencia de fallas concéntricas, dejadas por el colapso parcial del respidero”
(“Brayley G”, por Sarah Braden, https://lroc.im-ldi.com/images/369). Las líneas concéntricas, como
pequeñas terrazas, se pueden apreciar en la IMAGEN 1, obtenida en órbita por el
Lunar Reconnaissance Orbiter.
¿Cuál es la naturaleza del
accidente que se encuentre entre Brayley S y Bradley G? Nosotros lo reportamos
al Director del Basin and Buried Crater Project como posible cráter enterrado,
basándonos en que parece una depresión poco profunda en IMAGE 1 y que parece no
contradecir el grado de elipticidad de los cráteres cercanos. IMAGEN 4 también
puede ser un indicio, pues se ve como una depresión oscura con bordes muy poco elevados. De hecho Kwok Pau se
refiere a este probable cráter enterrado como “una depresión que es un antiguo
cráter enterrado por lava, por lo que el descubrimiento le corresponde en
realidad a él.
Ahora bien: ¿no podría ser también
un respiradero volcánico, ya que es una zona de tanta actividad volcánica, como
el cercana Brayley G? Un argumento en contra sería su forma circular (aunque no
es totalmente circular). Los perfiles obtenidos con el LROC Quickmap de este posible cráter enterrado y de Brayley
S y Brayley G pueden verse en IMAGEN 5. Nuestro posible cráter enterrado (en el
centro) tiene un relieve mucho más suave que los profundos y verticales Brayley
S (arriba) y Brayley G (abajo). El cráter Brayley S es un cráter muy pequeño y
con relieve en forma de “V”. El relieve de la fosa volcánica Brayley G es
similar, pero se notan líneas de relieve que podrían ser colapsos de sus
paredes. El relieve de nuestro posible cráter enterrado es suave como lo sería
el de un cráter similar en tamaño a Brayley S pero parcialmente inundado. Que
nuestro posible cráter (que tiene un diámetro aproximado de 4 kilómetros) haya
sido tan poco cubierto por la lava como para aparecer en IMAGEN 4 se explicaría
porque se ubican en una zona de borde en que la actividad magmática fue menor. Además,
el hecho de estar al lado de Dorsum Arduino indica que la lava allí es delgada,
ya que pudo experimentar las fuerzas tectónicas de flexión y comprensión que
originaron tantos dorsa (entre ellos Dorsum Arduino). Como dice Garfinkle en
Luna Cognita: “Una serie de dorsa se formaron en la región donde confluyen
Oceanus Procellarum y Mare Imbrium. Estos parecen ser el resultado de flujos de
lava que chocaron entre sí y, en muchos casos, se extendieron sobre flujos
opuestos. Una de ellas es Dorsum Arduino, que se extiende de norte a sur al
sureste de Montes Harbinger. Esta cresta delgada, sinuosa y alargada serpentea
a lo largo de unos 110 km (68,35 millas). Al noreste de Montes Harbinger se
encuentran los tres dorsa platicúrticas paralelas de Dorsa Argand, que se
extienden de norte a sur. Estos dorsa tienden a tener pendientes más
pronunciadas en sus lados orientales que en los occidentales, lo que les da la
apariencia de haber fluido hacia Imbrium desde Procellarum”
Así es que postulamos que este
cráter de 4 kilómetros de diámetro al oeste de Dorsum Arduino (cuyo centro se
ubica en latitud 24.58, longitud 323.41) puede ser un cráter enterrado por una
delgada capa de lava.
IMAGE 1 AND 5: LROC QUICKMAP
IMAGE 2 AND 3:
Name and
location of observer: Luis Francisco Alsina Cardinalli (Oro Verde, Argentina).
Name of
feature: Herodotus.
Date and
time (UT) of observation: 12-11-2016-03:17.
Filter:
Astronomik ProPlanet 742 IR-pass.
Size and
type of telescope used:
IMAGE 4: The Photographic Lunar Atlas for Moon Observers (by Kwok
Pau).
miércoles, 12 de agosto de 2026
¿CRÁTER FANTASMA O CRÁTER ENTERRADO EN HIPPARCHUS?
Traducción del texto
aparecido en la edición de julio 2026 de “The Lunar Observer”
La orilla oriental de Mare Imbrium es una zona muy interesante. El atractivo trío de Alphonsus, Arzachel y Ptolemaeus, el extraño Alpetragius y más al norte las enormes “llanuras amuralladas” (como antaño se las llamaba) de Albategnius e Hipparchus. Ptolemaeus es conocido por tener un suelo engañosamente liso, que con iluminación oblicua y un poco de insistencia en la observación, se muestra repleta de hoquedades playas, sin bordes, conocidas como “saucers”. Más alla de las posibles explicaciones (cráteres antiguos cubiertos por lava o por eyecciones provenientes del impacto que formó Imbrium, lo que explicaría la tonalidad clara del suelo de Ptolemaeus), parece que los grandes cráteres de las tierras altas centrales parecen esconder un relieve tortuoso que solamente se puede percibir de manera ocasional. Además de Ptolemaeus, se han propuesto otros cráteres en los que aparecería el relieve enterrado de “saucers”: Fracastorius, Archimedes y Albategnius. Hoy a nosotros nos interesa Hipparchus, que como vemos en la IMAGE 1, está al noreste de Ptolemaeus. Es un cráter Pre-Nectariano de 151 kms de diámetro. No he encontrado referencias a que haya “saucers” en su suelo, tan similar a Ptolemaeus y Albategnius; pero el relieve oculto del suelo de Hipparchus es similar al de estos. A simple vista vemos en el centro del suelo de Hipparchus el enorme cráter Horrocks (30 kms de diámetro) al norte Hipparchus X (17 kms de diámetro), del que Garfinkle en “Luna Cognita” dice que “es un cráter fantasma parcial con el arco de su borde sur visible en el suelo irregular de Hipparchus. El arco del borde de otro cráter enterrado se puede ver en la esquina sur, cerca del cráter Halley. Se pueden detectar diferentes tonalidades de gris en el suelo de Hipparchus”. Ahora, si ven la IMAGE 1, ¿alcanzan a distinguir dos líneas de relieve que corren de norte a sur? En IMAGE 2 (que es un detalle de la anterior) las señalamos con flechas. Observando visualmente, hace unas semanas, con el terminador cerca de Hipparchus, pude observar bastante claramente este relieve, que incluso proyectaba sombras y en el que en un punto de la pared oeste se observaba claramente una zona alta y brillante (IMAGE 3), que coincide con el punto más brillante en la pared oeste de IMAGE 2. Visualmente, el cráter ¿fantasma? ¿enterrado? se veía más elongado de lo que es en realidad. En realidad, mi precario dibujo parece indicar dos líneas prolongadas, pero al momento de la observación las líneas más largas al sur parecían claramente el contorno de un cráter (así lo anoté en mi diario de observación), mientras las más cortas al norte parecían más bien elevaciones paralelas.
4
IMAGE 4 muestra toda la zona, incluido Hipparchus, IMAGE 5 es un detalle, que muestra menos claramente nuestro supuesto cráter, pero si la tonalidad más oscura de la zona (que mencionaba Garfinkle), usualmente un indicador de terreno deprimido. IMAGE 6 es el relieve de Hipparchus, obtenido con el layer LRO LOLA SLDEM 2015 Azimuth del Lunar Reconnaissance Orbiter QuickMap, en el que marcamos lo que postulamos como un cráter, que tendría unos 30 kms de diámetro. Si vemos el mismo relieve, pero a menor escala (IMAGE 7) se ve claramente que se trata del contorno de un cráter. No es un cráter completamente enterrado, ya que sus paredes este y oeste son claramente visibles, sería un cráter fantasma. Lo interesante es que es bastante evidente, pero nadie parece haberlo notado, al menos para darle un merecido nombre. Tan evidente es este cráter, que hace pocos días un amigo me mostró un relieve de la zona hecho en una impresora 3D y este cráter se podía ver, y tocar, tanto como los cráteres reconocidos en el interior de Hipparchus, como Horrocks e Hipparchus X. El cráter que postulamos es muy evidente en la Lámina 15 del “Extreme Illumination Atlas of the Moon” (Charles Wood and Michael Collins), en donde se lo menciona como “a large shallow depression”, aunque los datos del altímetro LOLA en el LRO Quickmap lo muestran como un cráter bastante profundo. Hipparchus tuvo la suerte de ser uno de los primeros cráteres en ser retratado en detalle en el famoso dibujo de Robert Hooke para su libro “Micrographia” (1664). En dicho dibujo, es probable que Hooke haya registrado como elevaciones (parecidas a dorsa) lo que postulamos como un cráter (IMAGE 8), o dos cráteres. Y quizás habría más… En ese enorme cráter tan antiguo (unos 4000 millones de años) tiene que haber habido muchísimos cráteres hoy desaparecidos. En IMAGE 9, también del LRO Quickmap con el layer LRO LOLA SLDEM 2015 Azimuth, marcamos el cráter fantasma o enterrado que resaltamos, y otros posibles cráteres enterrados alrededor.
IMAGES 1 AND 2:
Name and location of observer: Marcelo Mojica Gundlach (Cochabamba,
Bolivia).
Name of feature: HIPPARCHUS
Date and time (UT) of observation: 2024-01-19 01.45 UT
Filter: IR
Size and type of telescope used: 90 mm Maksutov.
Medium employed (for photos and electronic images): ZWO ASI 178 B/W.
IMAGE 3:
Name
and location of observer: Alberto Anunziato (Paraná, Argentina).
Name
of feature: GHOST CRATER ON WEST HIPPARCHUS
Date
and time (UT) of observation: 2026-05-26 23.40 TO 00.10 UT
Size
and type of telescope used: 105 mm. Maksutov-Cassegrain
(Meade EX 105) .
Magnification:
154X
IMAGE 4 AND 5:
Name and location of observer: Sergio Babino (Montevideo, Uruguay).
Name of feature: Ptolomeus.
Date and time (UT) of observation: 12-05-2019 01:10
Size and type of telescope used: 250 mm. catadrioptic.
Filter (if used): None.
Medium employed (for photos and electronic images): ZWO 174 mm.
IMAGE 6, 7 SNF 9: LRO
QUICKMAP
IMAGE 8: MICROGRAPHIA
(ROBERTO HOOKE, 1664)







































