TRADUCCIÓN
DEL TEXTO APARECIDO EN LA EDICIÓN DE MAYO 2026 DE “THE LUNAR OBSERVER”
Los
seres humanos hemos tenido suerte con la Luna. Me explico. Solo había dos
posibilidades: podía habernos tocada la cara más uniformemente craterizada o la
cara con más contrastes entre las antiguas tierras altas y las oscuras llanuras
de lava, repletas de accidentes selenográficos de origen volcánico. Nos tocó la
cara más fascinante por los contrastes, lo que conocemos como la cara visible.
Ya sé, lo más probable es que haya una causa geológica para que haya
diferencias entre ambas caras de la Luna, relacionadas con el espesor de la
corteza y probablemente con la influencia gravitatoria terrestre. Pero lo
cierto es que me siento con suerte cuando comparo ambas caras de la Luna.
Solamente hay una zona que lamento no poder observar: Mare Orientale.
Mare
Orientale era una visión de libración hasta que con las misiones Lunar Orbiter
(a las que debemos mucho más de lo que pensamos) descubrimos que era la cuenca
más prístina de la Luna. En su clásico estudio sobre las cuencas de impacto (The Geology of Multi-Ring Impact Basins, Cambridge
University Press, Cambridge, 1993) Paul Spudis lo califica como “La cuenca
grande más joven (Howard et al., 191 A) se formó cuando la Luna ya había
desarrollado una litosfera gruesa y rígida (Solomon y Head, 1980). Por lo
tanto, su entorno geológico es análogo al de cráteres de impacto más pequeños y
la posterior modificación endógena de la morfología original de la cuenca
parece haber sido mínima. Es por esta razón, y por su falta de enterramiento
por unidades geológicas más jóvenes, que Orientale se ha utilizado como modelo
para el proceso de formación de cuencas en la Luna”
¡Tantas
cosas para observar y disfrutar en Orientale! Por supuesto, hoy podemos acceder
en detalle a la cuenca Orientale con las imágenes increíblemente detalladas de
la Lunar Reconnaissance Orbiter, pero no podemos observarla con nuestro
telescopio desde nuestro patio trasero. Las imágenes recientes obtenidas por
los tripulantes de la misión Artemis 2 en su sobrevuelo lunar vienen en parte a
compensar esta carencia.
El
objetivo principal de Artemis 2 fue probar en condiciones reales toda la
compleja ingeniería que nos llevará en un futuro cercano a volver a pisar la
Luna. Fue un único sobrevuelo y en órbita muy lejana, mucho más lejana que las
órbitas lunares de las misiones Apollo. No faltaron, sin embargo, ni la ciencia
ni la observación, cuyos resultados conoceremos con precisión en breve. Las
imágenes que se obtuvieron fueron espectaculares, pese a la distancia, y las
que más me atrajeron son las que muestran a la Cuenca Orientale
(correspondientes al 6 de abril), ya que parecen las que podríamos observar
desde la Tierra si la geometría de la cara visible fuera distinta.
IMAGE
1 es la imagen que recibe el nombre de “It’s All in the Details” en la galería
de imágenes de la misión Artemis 2, más concretamente en la sección “Lunar
Flyby” (https://www.nasa.gov/gallery/lunar-flyby/
), identificada como “art002e009279”: “La tripulación de Artemis II capturó
esta imagen a las 3:41 p.m. EDT, que muestra los anillos de la cuenca Orientale”.
Los 3 anillos confirmados se ven claramente, y fácilmente podemos interpretar
los potenciales anillos, ya que Spudis nos dice que “Orientale muestra al menos
tres y posiblemente hasta seis anillos concéntricos”. Lo que más me fascinó de
IMAGE 1, y de las que siguen es el increíble detalle de las cadenas de cráteres
secundarios que observamos en el centro de la imagen. Estas cadenas de cráteres
han existido en la formación de las grandes cuencas que conocemos (o que
descubriremos en el futuro), pero los turbulentos siglos posteriores borraron
con más cráteres e inundaciones de lava. Pero Orientale es la cuenca más
reciente y, por ende, no tuvo que sufrir lo que las otras cuencas sufrieron. Si
observamos el centro de la IMAGE 1 podemos notar cadenas de cráteres de
diversas estructuras (cráteres solapados, cráteres completamente separados,
cráteres unidos en lo que parece un surco).
Un
regalo extra: el complejo sistema de rayos brillantes de Byrgius A, que no
podemos disfrutar completamente desde casa, ya que está muy cerca del limbo
(centro a la derecha de la imagen).
Como
dice la propia NASA en la descripción de una de las imágenes: “Estas
características resaltan cómo las observaciones de la tripulación pueden
respaldar directamente la identificación de características de la superficie y
la ciencia en tiempo real”. Es fascinante cuanta información se puede obtener
con imágenes, aunque se las haya realizado sin propósitos científicos
específicos. En ese sentido son fascinantes las imágenes del descenso de la
sonda india Vikram, a la que nos referimos en un texto aparecido en la edición
de octubre 2023 de nuestra revista. El programa Artemis tiene planeados decenas
de alunizajes en el futuro cercano (¡esperemos que se cumplan!), imagínense las
imágenes en suelo lunar que tendremos en poco tiempo. Si pudiera elegir, me
encantaría ver un dorsum de costado. Ojalá lo pueda ver en poco tiempo.
IMAGES
1 TO 3: Credit: NASA



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