Traducción del
texto aparecido en la edición de Junio 2026 de “The Lunar Observer”
Imagen extraída de
Manasek, Francis J.: “Tratado sobre mapas lunares: Estudios visuales en papel,
1610-1910”: “En 1647, Johannes Hevelius publicó su monumental obra sobre la
Luna, Selenographia: sive, Lunæ descriptio”, el principal atlas lunar del siglo
XVII. Una parte del cuadrante inferior derecho, muy ampliada, de su Mapa P
muestra dos ángeles, uno observando a través de un telescopio y el otro tomando
notas”.
Recientemente pude
disfrutar dos encuentros del podcast de ALPO (The Observers Notebook) referidos
a un tema que me interesa mucho, la observación visual lunar y planetaria. En
el episodio 234 Mary McIntyre nos mostraba su asombrosa técnica en el dibujo de
los accidentes selenográficos a partir de la observación visual, y en el
episodio 232 Daniel Mounsey nos enseñaba como “una buena observación planetaria
no se trata de perseguir equipos o condiciones perfectas, sino de paciencia,
percepción y comprensión de la atmósfera que nos rodea” (la cita es de la
descripción del video en Youtube), lo que es la base del ALPO’s Lunar and
Planetary Training Program. Y cómo suelo colaborar en esta, nuestra revista,
con observaciones visuales de la Luna documentadas con sketchs, The Observers
Notebook Podcast me hizo pensar, una vez más, acerca del valor actual de la
observación visual lunar.
EL NO TAN LEJANO
PREDOMINIO DE LA OBSERVACIÓN VISUAL
No debemos olvidar
que buena parte de los conocimientos que tenemos de la Luna provienen de la
observación visual, desde la primera observación telescópica de la historia de
Galileo Galilei en 1609, que demostró la tesis de Plutarco de que la Luna era
similar a la Tierra. En los 3 siglos que median entre 1609 y 1895, año de
publicación del maravilloso “The Moon” de Thomas Elger, miles de observadores
dedicados sacrificaron miles de noches (y algunos sus propias vidas) a la
dificultosa tarea de observar y dibujar. En el libro de Elger de 1895 hay una
descripción increíblemente precisa de la superficie de la cara visible, que
permitió que los astrónomos pudieran dedicarse al análisis geológico más que a
la descripción topográfica. Aún en el pasado siglo XX, la observación visual
continuó siendo más precisa que la fotográfica. El primer uso de una cámara
astronómica CCD fue en 1976 pero fue mucho más adelante que su uso se
popularizó entre los astrónomos amateur, sobre todo en nuestro siglo. Con
imágenes tan impresionantes como los ejemplos que vemos de los amigos de ALPO
en cada número de The Lunar Observer, poco campo parece quedar para la
observación visual. ¿La observación fotográfica se impuso? Obviamente que sí,
viendo estas estupendas imágenes y todas las que se reportan a las secciones
lunares de nuestra asociación, no solamente por su belleza sino también por su
valor científico.
CÓMO ADQUIRIMOS
INFORMACIÓN EN LA OBSERVACIÓN VISUAL
Al momento de la
observación visual el observador accede a más información (es decir, a más
detalles) que la que registra finalmente en el papel. El observador hace una
selección de la información que va a volcar en su registro, sabiendo
(consciente o inconscientemente) que lo que no se registra se pierde. Por eso,
siempre ha sido importante saber lidiar con la selección de la información que
el observador considera valiosa y merecedora de ser registrada en su dibujo o
descripción.
Antaño, la
información que se privilegiaba era la forma y la ubicación de los accidentes
selenográficos observados. En un texto clásico, como “Lunar work for amateurs”
(1891) de Thomas Elger, leemos que “La primera
consideración es, por supuesto, la precisión, y luego la exhaustividad. La
posición de cada elemento mostrado debe fijarse mediante medición micrométrica
o mediante una alineación cuidadosa, y su tamaño aparente debe estimarse, ya
sea en términos del diámetro de la formación con la que está asociado, o del de
algún otro objeto cuyas dimensiones relativas se hayan determinado de esa
manera”. Hoy podemos seleccionar otros aspectos, dado que la
información “posicional” ya no necesita ser registrada visualmente.
Debemos tener en
cuenta, además, que la observación visual aun hoy conserva los sesgos
observacionales de su época dorada (antes del predominio de la fotografía): a) subjetividad
en la interpretación de lo que se ve a través del telescopio, b) variación del
grado de agudeza visual del observador, c) grado de conocimientos previos que
determinan la selección del objetivo, d) habilidad para registrar en el papel
lo que se ve en el ocular. La selección es fundamental porque se registran los
rasgos que se consideran esenciales, no todos, por eso es fundamental tener
claro qué registrar y cómo nuestra observación selecciona información que se
añada a la existente, grado de práctica en el dibujo y la explicación de lo que
se observa.
CÓMO ADQUIRIMOS
INFORMACIÓN CON LA IMAGEN FOTOGRÁFICA
Cuando observamos
utilizando una cámara fotográfica, los problemas que enunciamos anteriormente se
reducen prácticamente a cero: no hay subjetividad ni previa a la producción de
la imagen, ni en la producción misma de la misma, la subjetividad se reduce al
apilado y procesado de la imagen. Luego del procesado, la información que
contiene la imagen se amplía enormemente (al aumentar la nitidez).
DIFERENCIAS ENTRE
OBSERVACIÓN VISUAL Y FOTOGRÁFICA
El observador
visual concentra su atención al momento de la observación, en el ocular,
seleccionando según un marco teórico conceptual previo, la información que debe
ser registrada. El observador fotográfico reparte su atención entre la elección
del objetivo de la toma y, sobre todo, en el procesado posterior.
VENTAJAS DE LAS
IMÁGENES FOTOGRÁFICAS
Además de anularse
casi por completo los aspectos relacionados con la subjetividad del observador,
la imagen fotográfica otorga certeza sobre tamaño y ubicación de los accidentes
selenográficos, permite que la información obtenida de la observación se comparta,
multiplicando su valor, ya que otros observadores pueden usarla (ampliando la
imagen o jugando con los contrastes) para otros usos distintos al que el
observador original tenía en mente. La información obtenida de la observación
fotográfica es claramente más valiosa, porque es más objetiva. Lo que nos lleva
a la siguiente pregunta.
¿ES TODAVÍA
VALIOSA LA OBSERVACIÓN VISUAL?
Yo creo que sí, y
no solamente por nostalgia de una gran tradición y goce estético de contemplar
la Luna (más que observar). Estas dos razones me bastarían, ya que somos
aficionados y nuestra primera motivación es disfrutar. Creo, sin embargo, que
hay otras razones que demuestran que la observación visual puede aportar datos
valiosos sobre la Luna. A continuación, enumeramos algunas:
1.-MULTIPLICAR LAS
OBSERVACIONES
Esta razón quizás
es poco evidente para nuestros amigos europeos y norteamericanos, pero en
muchos países los costos en equipo astronómico realmente comprometen la
economía familiar. El prejuicio de que solamente es valiosa la observación
fotográfica disuade de la observación a quién solo tiene un telescopio y no
puede realizar más gastos. En varias ocasiones he escuchado a aficionados con
telescopio afirmar que están esperando poder comprarse su cámara para aportar
observaciones. Y muchos aficionados (y también divulgadores y científicos) de
países como el mío, Argentina, difunden la idea de que la astronomía es “un
hobby caro”. Trato en la medida de mis fuerzas de luchar contra este prejuicio
elitista, y si las razones que aduzco más adelante fueran verdaderas, la
observación visual sumaría muchos aficionados inteligentes y dedicados de
países menos desarrollados.
2.-MAYOR
SENSIBILIDAD
¿Hay aspectos que
el ojo humano pueda captar con más sensibilidad que las cámaras? Esto era una
verdad obvia hasta hace pocos años, es decir, hasta la llegada de los sensores
CCD. Pero todavía es parcialmente cierto. En 2022 mi presentación a la
Conferencia Anual de ALPO se refirió a la vigencia de la observación visual y
recuerdo que Anthony Cook me comentó que un observador visual experimentado
puede superar en resolución a una cámara CCD (no así en precisión, se
entiende). Esto me parece bastante obvio en ciertos aspectos, como grados de
brillos y sombras.
3.-MEJORAS GRATIS
El sistema
ojo-cerebro puede mejorar con el entrenamiento y el conocimiento previo en
mayor grado de lo que puede progresar el sistema camera-software mejorando el
procesado. Ya lo dijo Elger en el trabajo citado: “Se ha dicho con razón que el
valor de un telescopio de cierto tamaño, como medio de investigación, depende
menos de su apertura real que del observador, y en ninguna rama de la
astronomía observacional se ejemplifica mejor la veracidad de esta afirmación
que en la selenografía (…) El entrenamiento recibido por el ojo, incluso en tan
poco tiempo, equivalía, de hecho, a un notable aumento en la capacidad óptica y
de emisión de luz del telescopio”. Tanto con el entrenamiento visual que da la
experiencia, a que se refiere Elger, cuanto con la ampliación de lo que
conocemos sobre la Luna (marco teórico previo), mejoramos la observación visual
de manera gratuita.
LA PRUEBA
FOTOGRÁFICA.
Hoy la observación
visual tiene ventajas respecto a los épicos y gloriosos años de la observación
visual antes de las misiones espaciales a la Luna y del auge de las imágenes
fotográficas con equipos dotados de sensores CCD.
A) Hoy observamos
con un marco conceptual previo, con una carga teórica de la observación, que
permite maximizar la información que obtenemos visualmente. Los grandes
observadores visuales del pasado trazaron mapas de increíble precisión y
realizaron descripciones de los accidentes selenográficos increíblemente
acertadas (como las de Thomas Elger en “The Moon”) sin saber nada sobre los
procesos geológicos que formaron los accidentes que descubrían. Además, tenían
que ser sumamente precisos: los mapas dependían de dicha precisión (en
observación y dibujo). Hoy no tenemos que preocuparnos por la precisión
topográfica, ya tenemos instrumentos como el Lunar Reconnaissance Orbiter
Quickmap. Hoy sabemos casi todo sobre los procesos geológicos que formaron la
superficie de la Luna, por lo que percibimos con más precisión.
B) Hoy podemos
confirmar lo que observamos con imágenes fotográficas y la increíble cantidad
de datos disponibles, por ejemplo, con el LRO Quickmap. Si vemos un círculo
oscuro podemos verificar si es un cráter enterrado, si vemos una zona brillante
sobre un dorsum podemos verificar su altura con los datos del altímetro del LRO
Quickmap.
UN NUEVO PARADIGMA
PARA LA OBSERVACIÓN VISUAL
Hoy conocemos la
superficie de la Luna con un grado de detalle enorme, nuestras observaciones
son casi innecesarias, pero todavía las observaciones desde Tierra con luz
oblicua pueden mejorar las imágenes en órbita con luz frontal (como el estudio
de los domos). Un nuevo paradigma para la observación visual podría ser partir
de: a) la selectividad del observador visual, y b) confirmar fotográficamente
la información.
a) El
observador visual debe saber interpretar lo que ve y seleccionar lo importante
de acuerdo a lo que busca; para ello es fundamental enmarcar nuestras
observaciones en programas de observaciones. Ya lo decía hace más de un siglo
Elger: “Se necesita cierta experiencia para apreciar el verdadero carácter de
los detalles lunares; por ejemplo, para evitar confundir un valle estrecho o
una grieta con una cresta, la sombra de una masa montañosa con una depresión
profunda, un hueco entre rocas con un verdadero cráter, etc.; y también es muy
necesario comprender el tamaño real de los objetos examinados”. Por ello, es
fundamental el papel del mentor, del que sabe más que el observador, del que
diseña el programa. ALPO es fundamental en ese sentido. Yo soy testigo de eso.
Entre los aficionados de mi país, Argentina, hace 11 años (cuando empezamos
reportar nuestras observaciones a The Lunar Observer), la Luna no era más que
el primer objetivo en el aprendizaje de la astrofotografía (cuyo objetivo son
los objetos de espacio profundo). Como nunca me interesó la astrofotografía por
sí misma, siempre busqué conocer más sobre astronomía amateur, y haber
encontrado “The Lunar Observer” online, abrió un enorme tesoro de
conocimientos, posibilidades de participar de programas de observación, un
grupo de expertos dispuestos a compartir lo que saben y poder ser parte de una
tradición.
b) A
través de imágenes de otros observadores y datos científicos como los del LRO
Quickmap. Muchas veces vemos detalles que la observación fotográfica
(probablemente por el procesado) no registra. El sistema cerebro-ojo sigue
siendo una poderosa herramienta observacional. Si sabemos interpretar lo que
vemos y registrar, por ejemplo, algo anómalo, podemos recurrir a las
fotografías y confirmar en ellas ese detalle anómalo, o bien recurrir a los
datos del LRO Quickmap y ver si lo podemos confirmar. Podemos decir que, sin
confirmación fotográfica la observación visual hoy no es válida.
Es
por estas razones que suelo acompañar mis dibujos con imágenes fotográficas de
la zona observada. No es solamente porque de esa manera suplo las deficiencias
de mi mano en el dibujo y facilito la interpretación de mi dibujo por el
lector, sino también porque conociendo con precisión el relieve de la zona
podemos entender mejor la información obtenida visualmente.
LA OBSERVACIÓN
VISUAL DE IMÁGENES FOTOGRAFICAS
El entrenamiento
visual del observador al que se refería Elger repercute también al momento de
interpretar las imágenes fotográficas, el ojo ávido del observador recorre la
superficie de la foto como recorre la superficie captada en el campo del
ocular, con la ventaja de que puede ampliar la imagen fotográfica aumentando la
información a costa de perder solamente un poco de nitidez. Hay mucha
información topográfica esperando a ser descubierta en las imágenes lunares.
EL FUTURO: LA
OBSERVACIÓN VISUAL DE IMÁGENES EN SUPERFICIE
Y el ávido ojo del
observador también puede acceder a las imágenes que algunas sondas en descenso
a la superficie han captado, como la sonda india Vikram hace poco tiempo. Son
imágenes sin pretensiones científicas, pero que documentan zonas que aparecen en
primer plano, mucho más cerca que las sondas en órbita lunar. Y si entrenamos
nuestro ojo detrás del ocular, tratando de llegar a esos diminutos detalles,
nuestra vista se soslaza en esos inmensos primeros planos. Y espero
ansiosamente el futuro no tan lejano, en que cámaras de última generación
montadas en rovers de exploración accedan a detalles de formaciones que hoy
conocemos “desde arriba”. Creo que será una magnífica oportunidad de hacer
ciencia ciudadana con habilidades de observador, interpretando imágenes en
primer plano.
UN RETORNO A LA
COROGRAFÍA
Es probable que
asistamos a un renacer de lo que Manasek llama la “aproximación corográfica” de
la selenografía clásica: cada observación suma un detalle al panorama completo
de una región particular de tamaño cada vez más reducido, tendiendo más a la
descripción minuciosa y comprensión de una zona pequeña que a la descripción
sistemática de lo totalidad.
UN ÚLTIMO APORTE
La observación
visual, o más bien la observación detallada, de la Luna, todavía es valiosa por
cuanto un observador experimentado puede reconocer y seleccionar un detalle
anómalo en lo que observa e iniciar un análisis posterior de la zona con el
material teórico y observacional a su disposición. La observación visual
dispara una búsqueda fotográfica que confirme lo observado. Luego pasamos al
soporte teórico para saber si hay explicación para la presunta anomalía.
En síntesis, la
observación visual (cuyo aporte ha sido fundamental para el conocimiento de la
luna) hoy ha sido superada por la imagen fotográfica, pero su uso todavía puede
ser marginalmente valioso como una actividad para los nostálgicos que encontramos
placer en mirar y dibujar. Los observadores visuales no somos la última
patrulla perdida sino unos maduros caballeros de la antigua selenografía.
Elger,
Thomas G: “Lunar Work for Amateurs”, Astronomical
Society of the Pacific, June 13, 1891, Vol. 3, No. 16 (June 13, 1891), pp.
162-172 (available on: https://www.jstor.org/stable/pdf/40669839.pdf
).
Manasek,
Francis J.: “Treatise on Moon Maps Visual Studies on Paper, 1610-1910” (2022).

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